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X Cumbre

Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura

Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura

Ciudad de Panam√°, Panam√°, 5 y 6 de septiembre de 2000

Medios y contenidos de las nuevas tecnologías al servicio del desarrollo cultural infantil.
Prospectiva

Lorena Crenier

Introducción.

Este documento presenta un planteamiento general sobre la influencia, alcances y posibilidades de algunas de las nuevas tecnolog√≠as desde el punto de vista de su estructura y de sus contenidos. El fundamento del mismo parte del concepto amplio de cultura, es decir, su enfoque no est√° ce√Īido a aquello que se refiere √ļnicamente a las bellas artes, sino que se abre en un abanico hacia territorios que a menudo son pasados por alto. A un sistema de valores, a un quehacer cotidiano y a un conjunto de elementos que otorgan un perfil √ļnico a las sociedades iberoamericanas, en particular a la mexicana.

El fortalecimiento del desarrollo cultural infantil debe contemplar al ni√Īo como el actor principal de todas las acciones e iniciativas que se propongan. Tomando en cuenta adem√°s y revalorando la trascendencia de ubicarlo en relaci√≥n con sus ra√≠ces culturales sin que esto vaya en detrimento de su propia creatividad, sobre todo si consideramos que s√≥lo es posible avanzar en tanto que sepamos de d√≥nde venimos. Por este motivo, es pertinente revisar los √°mbitos culturales en que se mezclan costumbres, h√°bitos, tradiciones, y diversas formas de aprehensi√≥n de conocimientos, ya que de alguna manera los comunic√≥logos han atomizado la investigaci√≥n de estos t√≥picos, cuando lo que en realidad se necesita es un enfoque multidisciplinario que permita la confluencia de nociones y conceptos en una pr√°ctica con formas de vida reales.

En cuanto a la relación que tienen el desarrollo cultural infantil y las nuevas tecnologías, se hace referencia en particular a las siguientes:

Durante las d√©cadas de los sesenta a los ochenta, la tecnolog√≠a fue vista como una suerte de amenaza para las producciones simb√≥licas y espirituales de los pueblos. Se tem√≠a que la aplicaci√≥n de ciertas t√©cnicas y procedimientos anulara pr√°cticamente la parte an√≠mica de la creaci√≥n cultural. Esto dej√≥ una huella profunda en las pol√≠ticas culturales de los pa√≠ses menos evolucionados en materia econ√≥mica y cient√≠fica. La inclinaci√≥n a instrumentar planes y programas culturales ajenos a la tecnolog√≠a, margin√≥ las nuevas capacidades de los medios y empobreci√≥, de alguna manera, los contenidos de las mismas. Evidentemente, esto signific√≥ un error de apreciaci√≥n puesto que si miramos, por ejemplo, los grandes logros en materia cinematogr√°fica y televisiva, tendr√≠amos que aceptar al menos que casi todo el mundo queda maravillado en cuanto se enciende la pantalla grande y comienza el desfile de im√°genes y sonidos ins√≥litos que, adem√°s de contarnos una historia, poseen el poder de revelarnos la condici√≥n humana en sus m√ļltiples facetas, como lo hizo en su momento la tragedia griega en sus peque√Īos escenarios. Aunque no debemos soslayar el hecho de que tantos avances no son autom√°ticamente ben√©ficos pues, por ejemplo, hay quienes ven en la televisi√≥n una especie de moderna Pen√©lope, que desteje por las noches lo que la escuela teje durante el d√≠a.

Es bien sabido que el n√ļcleo familiar constituye un espacio social determinante en el condicionamiento de la infancia. Pero no hay que perder de vista que la familia no es un organismo aislado, sino que se encuentra inserto en un √°mbito m√°s amplio, en el cual conviven diversos individuos con valores comunes. Una familia significa una comunidad, un pueblo, una sociedad, una naci√≥n. Ese √°mbito mayor incluye los medios de comunicaci√≥n masiva, manejados por grupos sociales no necesariamente atentos al desarrollo cultural del ni√Īo, sino preocupados m√°s por llenar las taquillas que los cerebros. Pues aunque potencialmente todo grupo humano tiene la capacidad de crear cultura, en la pr√°ctica cotidiana no todos la crean. Y mientras unos est√°n preocupados por la educaci√≥n de los ni√Īos y j√≥venes, y se ocupan de dise√Īar e instrumentar programas educativos y culturales, otros imponen, desde los medios de comunicaci√≥n masiva, sus criterios comerciales y consumistas.

Tan perjudicial ha sido la negación de las modernas tecnologías como su pontificación. Hace falta aquí, como en cualquier otro ámbito de la vida cultural, un justo medio, un acercamiento prudente y valiente a las posibilidades de estas nuevas tecnologías, tomando en cuenta siempre que son los contenidos los que determinan las bondades de un medio determinado. Hace falta también una comprensión cabal, tanto por parte de los usuarios como de los emisores de sus alcances reales. Esto exige estudios, investigaciones y permanentes evaluaciones de alto nivel académico de cada uno de esos medios, para lograr democratizarlos y ponerlos, efectivamente, al servicio del desarrollo de la cultura.

Por otra parte, pero en el mismo sentido, hay que referirse a la importancia capital de la lectoescritura como veh√≠culo privilegiado para la recepci√≥n y emisi√≥n de conocimientos y para la preservaci√≥n del patrimonio cultural de las naciones. Sin olvidar que cada qui√©n interpreta el mundo a su manera y que la forma en que √©ste es percibido individualmente antecede siempre a cualquier otra lectura, incluso a la de la palabra escrita. Sin embargo, autores como Leonardo Sciascia atribuyen parte de la problem√°tica social que vive el mundo contempor√°neo a la erosi√≥n de la palabra escrita. Por ello, el rescate de √©sta en cualquiera de sus modalidades, incluida la que est√° presente en los textos electr√≥nicos, resulta sustancial. Por ejemplo, hoy en d√≠a ser√≠a insostenible pensar, como hace algunas d√©cadas, que hay una competencia entre el libro, que significa los textos, y las pantallas de cine y televisi√≥n, que significan im√°genes, pues en las pantallas de las computadoras actuales aparecen cientos de miles de textos acompa√Īados de im√°genes y sonidos, lo que abre nuevas posibilidades de lectura y de comunicaci√≥n. Esto es cierto, siempre y cuando maticemos la idea, tal y como lo ha hecho el escritor mexicano Jos√© Emilio Pacheco, al recordarnos lo siguiente: “ No fue un sabio chino de la dinast√≠a Tang sino un publicista neoyorquino quien dijo, para aplicarlo a su oficio, <>. Si alguien lo cree al pie de la letra vamos a rogarle que nos cuente una pel√≠cula vista en un avi√≥n sin ponerse los aud√≠fonos o hablada en una lengua extranjera exhibida sin subt√≠tulos. Por supuesto no tengo nada contra las im√°genes: soy un √°vido consumidor de ellas. Pero creo que s√≥lo dicen m√°s cuando las mil palabras nos han dado un contexto”.

Bajos estos argumentos, se puede concluir que la supuesta rivalidad entre un texto impreso y un texto visto en pantalla se reduce a un problema de soporte, siempre y cuando el contenido textual cuente con un m√≠nimo de calidad. Y en este punto hay que mencionar que no todos los textos que se pueden leer deben tener un contenido literario; las revistas, los peri√≥dicos y a√ļn las tiras c√≥micas nos brindan oportunidades de enriquecimiento pr√°ctico o te√≥rico de muy diversa √≠ndole. Lo mismo puede afirmarse en cuanto a los textos transmitidos electr√≥nicamente, v√≠a internet o las publicaciones electr√≥nicas.

Algunos te√≥ricos han analizado este tipo de publicaciones y han advertido que permiten al menos tres operaciones que anteriormente eran imposibles de realizar con los impresos. La primera es que las publicaciones electr√≥nicas permiten al usuario modificar directamente un texto. Con el libro impreso √ļnicamente era posible escribir en los m√°rgenes y en los blancos de la p√°gina, mientras que con la computadora existe la posibilidad de transfigurar el texto original y acortarlo, cambiar el orden de los p√°rrafos o a√Īadir expresiones propias de quien manipula dicho texto. Es decir, ello permite la reescritura, lo cual es muy conveniente para propiciar, por ejemplo, la realizaci√≥n de tareas escolares, consultas y composiciones, entre otras opciones. Los textos electr√≥nicos permiten tambi√©n lo que Roger Chartier llama “escribir en la biblioteca", si se acepta la noci√≥n de biblioteca como el conjunto de los textos acumulados a lo largo de la historia desde la invenci√≥n de la escritura. Esto es importante, puesto que la utilizaci√≥n del texto electr√≥nico es ahora maleable y d√ļctil, y facilita la apropiaci√≥n del texto y sus contenidos. Por √ļltimo, hay que referirse a la maravilla, tal vez ut√≥pica, de que hoy es posible crear la biblioteca universal, es decir transformar en p√°ginas electr√≥nicas cada uno de los textos del patrimonio de la gran biblioteca de la humanidad.

Estos planteamientos exigen consideraciones adicionales. La primera ser√≠a admitir que en la actualidad los modelos y formatos de presentaci√≥n de los nuevos lenguajes cibern√©ticos no han encontrado a√ļn un canon definitivo, sino que apenas se est√°n gestando en el contexto del multimedia. Habr√° que hacer un esfuerzo por establecer convenciones que permitan a cualquier usuario acceder a los contenidos de estos lenguajes. Es preciso entender que no se trata de una simple transportaci√≥n de los medios tradicionales a los contempor√°neos, y ni siquiera de una adaptaci√≥n y adecuaci√≥n de dichos contenidos, sino de la b√ļsqueda de formas in√©ditas; es decir, de estructuras de presentaci√≥n de ideas, im√°genes y sonidos exhibidos de una manera innovadora. As√≠, por ejemplo, no es descabellado concebir algunas carreras universitarias dedicadas a desarrollar estos nuevos lenguajes con el objetivo de dar acomodo a un impensado concepto de comunicaci√≥n, ya que resulta viable y conveniente anticipar que ello suceder√° antes de lo que imaginamos.

De hecho, podemos ejemplificar una vertiente de estas nuevas formas de comunicaci√≥n con el uso del hipertexto: esa provocadora forma de leer no s√≥lo entre l√≠neas, sino que permite al usuario “navegar” de una idea a otra, as√≠ como ampliar sus conceptos a trav√©s de las ligas que se pueden establecer entre una p√°gina y otra, entre un conjunto de documentos y otros o entre las secciones de un mismo texto. Una sola palabra en un hipertexto significa una gama ampl√≠sima de sentidos. O sea el hipertexto representa en s√≠ mismo una polisemia, que enriquece y diversifica los significados de cada cosa en el mundo. Los ni√Īos y los j√≥venes del ma√Īana utilizar√°n el hipertexto interactivo como hoy recurren al diccionario o a la enciclopedia, s√≥lo que de manera absolutamente intuitiva. Echando mano de m√ļltiples entradas y salidas de una sola noci√≥n o concepto y entendiendo, finalmente, que el universo cognoscitivo ha dejado de ser unidimensional, para convertirse en un haz de posibilidades, donde tambi√©n sus pensamientos tienen un lugar. ¬ŅNo es acaso este el sue√Īo de los grandes pedagogos y comunic√≥logos del S.XX? ¬ŅNo es tambi√©n una de las aspiraciones m√°s leg√≠timas de las nuevas generaciones? Estos son planteamientos que exigen reflexiones por parte de la comunidad iberoamericana.

El proceso que va de la creaci√≥n a la recepci√≥n de los bienes culturales no siempre ha cumplido un ciclo de comunicaci√≥n total. Es decir, muchas veces los mensajes son unidireccionales y por tanto truncan el sentido profundo de comunicar. Esto, sobre todo trat√°ndose de bienes dirigidos a ni√Īos y j√≥venes, resulta doblemente limitativo, puesto que es bien sabido que la funci√≥n pedag√≥gica tiene como cometido principal formar individuos y no seres acr√≠ticos que reproduzcan mec√°nicamente aquello que les fue transmitido y que recibieron de manera pasiva.

Todos sabemos que resulta indispensable generar en ni√Īos y j√≥venes iniciativas que les permitan participar y ser escuchados, para ellos las nuevas tecnolog√≠as adquieren un sentido amplio de comunicaci√≥n. Es inminente la llegada de la televisi√≥n interactiva, ya el CD ROM permite al ni√Īo avanzar en la aprehensi√≥n de conocimientos a su propio ritmo, e interpretar aquello que explora acorde con sus experiencias previas, tal y como se√Īalaba Jean Piaget que sucede naturalmente en el desarrollo de la inteligencia. Los ni√Īos y j√≥venes que cuentan con acceso a Internet y al correo electr√≥nico no tienen por qu√© quedarse en la mera recepci√≥n de las p√°ginas Web que abren; cada d√≠a vemos m√°s de √©stas construidas por ellos mismos, ya que es relativamente sencillo aprender a manejar herramientas y lenguajes que se los permiten. A simple vista, estas habilidades podr√≠an ser consideradas “naturales”, pero en verdad la puesta en pr√°ctica de √©stas va m√°s all√°: les permite abrir nuevas ventanas a su expresi√≥n, ventanas que sirven tambi√©n para comunicarle a los dem√°s qui√©nes son ellos, qu√© piensan y qu√© requieren, de manera individual y colectiva. Basta observar c√≥mo el uso del correo electr√≥nico vino a renovar un g√©nero pr√°cticamente olvidado: el epistolar, permitiendo a quienes lo utilizan entablar una comunicaci√≥n de ida y vuelta con otros a trav√©s del ciberespacio. Para ni√Īos y j√≥venes estos canales forman parte de su vida cotidiana, tal y como lo fueron para la generaci√≥n anterior el tel√©fono, la radio y la televisi√≥n.

Esto, que se dice f√°cil, no lo es tanto, pues la realidad nos muestra que muchas de las nuevas tecnolog√≠as no son tan bien recibidas por todos los adultos. Como ejemplo tenemos las dificultades que conlleva la introducci√≥n del c√≥mputo en las escuelas, entre otros motivos, no s√≥lo porque se “contradice” con las pr√°cticas pedag√≥gicas tradicionalistas, sino tambi√©n porque los maestros ven a las m√°quinas como algo totalmente ajeno a ellos, puesto que no crecieron junto con √©stas y, por tanto, ni siquiera la capacitaci√≥n termina de convencerlos de sus virtudes. Con ello se pierden varias cosas: El manejo y ordenamiento de grandes vol√ļmenes de informaci√≥n, la lectura no lineal de importantes materiales de apoyo, la opci√≥n de fortalecer su pr√°ctica docente y, sobre todo, la posibilidad de acercar a sus alumnos a herramientas que les permiten expandir su curiosidad y su creatividad de manera bidireccional.

Habr√≠a que esforzarse en comprender la necesidad indispensable de integrar la tecnolog√≠a de manera eficaz y eficiente a los diferentes √°mbitos culturales en que se desarrollan nuestros ni√Īos. Evidentemente resulta imperativo en el √°mbito de la escuela porque, como ha se√Īalado el connotado pedagogo mexicano Pablo Latap√≠ Sarre, lo m√°s importante es el prop√≥sito formativo y el proyecto pedag√≥gico, pues la inform√°tica no termina en mover teclas; tiene la potencialidad de modificar las formas de aprender y conocer, las capacidades de comprensi√≥n e innovaci√≥n y por tanto, a la larga, de transformar la escuela y las funciones de los maestros en ella.

Para atenuar las diferencias y desigualdades sociales existentes en M√©xico, la Secretar√≠a de Educaci√≥n P√ļblica puso en marcha, desde hace ya varios a√Īos, un plan global de inform√°tica educativa, utilizando medios electr√≥nicos como los sat√©lites y una "red escolar" de computadoras que incluyen la conexi√≥n a Internet. Y si los costos de las nuevas tecnolog√≠as tienden a descender a√Īo con a√Īo, a fin de generar un mayor consumo de las mismas, entonces es posible y deseable aprovechar esta tendencia para dotar a un n√ļmero cada vez mayor de j√≥venes ciudadanos de instrumentos creativos, recreativos, educativos y culturales para poner a su alcance medios que generalmente han estado en manos de las √©lites econ√≥micas.

Tampoco hay que olvidar que en el proceso de creaci√≥n, circulaci√≥n y consumo de bienes culturales, han desempe√Īado un papel muy importante los grupos independientes, individuos y organizaciones cuyas destrezas y habilidades les han permitido, en la materia que nos ocupa, lanzar a los circuitos culturales para ni√Īos y j√≥venes ciertas propuestas atractivas, por ejemplo, algunos CD ROM¬īs interactivos multimedia que, sin competir con los grandes consorcios, han alcanzado un buen grado de calidad y que s√≥lo esperan el reconocimiento dentro de su propio pa√≠s.

Lo anterior no siempre sucede as√≠, por ello hay que se√Īalar algunos elementos de la problem√°tica a la que nos hemos venido refiriendo:

Por todo lo anterior, hay que se√Īalar que nuestros pa√≠ses no debieran seguir librando la batalla de manera aislada, sino sumando energ√≠as, iniciativas y recursos, que provoquen un efecto multiplicador que posibilite un acercamiento a formas m√°s humanistas de la ciencia y la tecnolog√≠a. Por qu√© permitir que sean otros quienes nos dicten, desde su superioridad tecnol√≥gica, el sentido de nuestro pasado y el decurso de nuestro futuro. Por qu√© no decidirnos a sacar del arc√≥n nuestra historia, nuestros mitos y nuestras leyendas, nuestros sue√Īos y nuestras esperanzas. Por qu√© no esmerarnos en poner en pr√°ctica nuestras potencialidades para s√≥lo as√≠ conocer nuestros propios l√≠mites. Quienes se dedican al quehacer cultural tendr√≠an que constituirse en elementos detonantes de pol√≠ticas culturales acordes con el potencial de las nuevas tecnolog√≠as. Por eso es deseable que en √©sta y en pr√≥ximas reuniones se discuta no s√≥lo el qu√©, sino tambi√©n el c√≥mo aportar a nuestros gobiernos ideas y soluciones innovadoras en las que la imaginaci√≥n deber√° desempe√Īar un papel de primera importancia. Bien ha dicho Georges Jean: “… la imaginaci√≥n no es lo mismo que la idolatr√≠a de las im√°genes” […] “pues la funci√≥n profunda de la imaginaci√≥n se relaciona con el conocimiento”.

Prospectiva

En el futuro inmediato, algunas de las pol√≠ticas culturales deber√°n tomar en cuenta manifestaciones de muy diversos or√≠genes y modalidades. As√≠, por ejemplo, historiadores, antrop√≥logos, soci√≥logos, artistas pl√°sticos y creadores teatrales, entre muchos otros, podr√°n aportar sus experiencias y propuestas originales, a fin de no limitar las actividades culturales a espacios f√≠sicos constre√Īidos --el libro, el teatro, la biblioteca, etc√©tera—, lo que concentra sus beneficios en un p√ļblico reducido. Hoy es deseable y posible “traducir” y verter el conocimiento y el talento de esos grupos en lenguajes y soportes proporcionados por las nuevas tecnolog√≠as, con costos m√°s bajos y m√°s amplios canales de circulaci√≥n. Se trata pues de un doble aprovechamiento de las aportaciones culturales con un fin com√ļn: el enriquecimiento cultural de ni√Īos y j√≥venes.

Como ejemplo, podemos mencionar un par de experiencias. La primera es el caso de la p√°gina Web de Conaculta, denominada “Artenautas” (http://artenautas.conaculta.gob.mx). “Artenautas” facilita el acercamiento de los ni√Īos mexicanos a su propio patrimonio de una manera l√ļdica y accesible, les permite conocer obras de arte al tiempo que los induce a reflexionar sobre los diversos temas que han inspirado y cuestionado a los hombres a lo largo de la historia. La p√°gina sirve, adem√°s, para mostrar las creaciones de M√©xico en el mundo. La segunda, denominada “¬°Loter√≠a!, caja de sorpresas mexicanas”, est√° siendo desarrollada --a manera de coproducci√≥n con Conaculta— en el Laboratorio de Multimedios de la Direcci√≥n General de Servicios de C√≥mputo Acad√©mico de la Universidad Nacional Aut√≥noma de M√©xico. La Loter√≠a es un CD ROM concebido para ser una herramienta pedag√≥gica que contiene una especie de mini-enciclopedia interactiva de cultura mexicana para ni√Īos de Primaria, que servir√° para preservar y difundir el patrimonio cultural de nuestro pa√≠s. Se trata de un desarrollo que incorpora las t√©cnicas multimedia contempor√°neas e incluye juegos y actividades interactivas que estimulan la atenci√≥n y el desarrollo afectivo, psicomotriz y cognoscitivo de los ni√Īos.

Debemos insistir en la conveniencia de promover un mayor n√ļmero de coproducciones latinoamericanas que optimicen la utilizaci√≥n de los recursos disponibles, la circulaci√≥n y, en su caso, la comercializaci√≥n de este tipo de productos culturales. Esto significa que, en el futuro pr√≥ximo, habr√≠a que concertar y suscitar la suscripci√≥n de convenios y acuerdos no s√≥lo entre los sectores oficiales de nuestros pa√≠ses, sino tambi√©n entre esos grupos e individuos independientes que se han mencionado l√≠neas arriba, y cuyos trabajos constituir√°n una parte fundamental de los contenidos que resulta imprescindible divulgar.

Un compromiso a cumplir en el plazo m√°s breve posible ser√≠a el de reivindicar los productos y creaciones de la cultura popular como parte de los contenidos sustanciales de las nuevas tecnolog√≠as. Durante demasiado tiempo, la televisi√≥n, el cine, la radio y otros medios de comunicaci√≥n masiva han negligido los planteamientos y logros de los grupos populares. La cultura para las mayor√≠as no es necesariamente de baja calidad ni negativa porque utilice las tecnolog√≠as modernas, sino porque es creada ex profeso como producto de consumo por una minor√≠a mercantilista. Esta ha sido la idea predominante hasta mediados de los a√Īos noventa. Sin embargo, hay que admitir que hoy en d√≠a existe una actitud un tanto menos reprochante hacia los medios, puesto que √©stos han tenido que ir abriendo espacios culturales, bajo la presi√≥n de la sociedad que impulsa el proceso de perfeccionamiento de las democracias. Por ello, las culturas populares tendr√°n que ser dotadas con medios propios para su desarrollo end√≥geno, si hemos de sumar su riqueza cultural a los contenidos tanto de los medios tradicionales como de las nuevas tecnolog√≠as. Baste mencionar el caso de los ind√≠genas mexicanos –m√°s de 10 millones de ciudadanos, con 62 lenguas diferentes— para entender la necesidad de impulsar y dar a conocer de manera amplia tal diversidad cultural, que es patrimonio de la humanidad y no s√≥lo de M√©xico. Es nuestro compromiso con las futuras generaciones dar cabida a todos en ese espacio virtual llamado aldea global.

Cultura tradicional y nueva tecnolog√≠a no son enemigos y pueden ser los mejores aliados. El siglo XXI ver√° seguramente surgir muchas alternativas al uso meramente comercial y manipulador de las herramientas a las que hemos venido refiri√©ndonos. Entre ellas veremos la consolidaci√≥n del CD ROM, el DVD, el libro electr√≥nico, las radios y televisoras comunitarias, entre otros, todo ello enmarcado en lo que se conoce como la educaci√≥n a distancia; la cual tendr√° que ser interactiva, inteligente y generadora de nuevas aptitudes y actitudes entre los ni√Īos y j√≥venes iberoamericanos. Nuestro desaf√≠o hoy consiste en crear las condiciones que fortifiquen la identidad de nuestros pueblos, sin aislarlos, para que ingresemos realmente a la era de la tecnolog√≠a al servicio de todos.

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