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Desafíos y tensiones actuales en Ciencia, Tecnología y Sociedad

Andoni Ibarra y José A. López Cerezo (Eds.)

Coedición: Biblioteca Nueva y Organización de Estados Iberoamericanos

DesafíosLos estudios de "ciencia, tecnología y sociedad" (CTS) constituyen un campo de trabajo en humanidades y ciencias sociales con una creciente implantación a nivel internacional. Se trata aquí de entender el fenómeno científico-tecnológico en su contexto social, tanto en relación con sus condicionantes sociales como en lo que concierne a sus consecuencias sociales y ambientales. La historia de CTS es también la historia de una reacción critica, en los ámbitos académicos y educativo, contra la imagen clásica de la ciencia, una imagen esencialista y triunfalista, y de sus relaciones con la tecnología y la sociedad.

Sin embargo, los estudios CTS no estén exentos de algunas tensiones internas que han acompañado a su proceso de consolidación institucional, y han sido alimentadas por las llamadas "guerras de la ciencia". Dichas tensiones han dado lugar a una cierta polarización de la comunidad CTS entre las llamadas "alta" y "baja iglesia", entre un norte académico y un sur activista, a menudo coincidentes con el norte y sur geográficos.

El propósito de esta obra es estimular una discusión sobre el sentido de CTS, los desafíos actuales y su ubicación en el mundo académico a la luz de dichas tensiones y de la experiencia que proporcionan tres décadas de historia. Las colaboraciones se deben por ello a autores que se sitúan en el centro académico o la periferia, en los dos lados de la "división eclesiástica" o en culturas lingüísticas y disciplinares distintas, y que, desde las perspectivas del género, de la educación, de la historia o de la política, pretenden contribuir a enriquecer el necesario dialogo interdisciplinario e interregional.

Los editores, Andoni Ibarra y José Antonio López Cerezo, son profesores de filosofía de la ciencia y la tecnología en las universidades respectivas del País Vasco y Oviedo. Andoni Ibarra es asimismo coordinador de la Cátedra Sánchez-Mazas de la Universidad del País Vasco y José Antonio López Cerezo es coordinador académico de la red CTS+I en el programa de ciencia y tecnología de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).

El volumen se estructura en tres partes. En la primera, "Enfoques", se ofrece una panorámica de los distintos lineamientos generales acerca de la comprensión de los estudios CTS. Esta parte comienza con un artículo de Michel Callon, el único no inédito de esta compilación, "Cuatro modelos de dinámica de la ciencia", en el que se nos ofrecen cuatro modelos para interpretar la ciencia, a saber, la ciencia como conocimiento racional, como competición, como práctica sociocultural y como traducción extendida. El primer modelo se centra en el estudio del discurso científico y cómo se vincula éste con la realidad de la que habla; el segundo subraya los métodos y procedimientos de validación de los enunciados científicos; el tercero considera a la ciencia como una práctica cuyos distintos componentes, sociales y culturales, son tan relevantes como las restricciones que imponen los enunciados producidos; el cuarto vincula de manera esencial los dispositivos técnicos, los enunciados y los seres humanos intervinientes en la ciencia en redes de traducción que estabilizan las conexiones entre esos componentes. Desde una posición situada en la "Alta Iglesia" Callon reconoce, sin embargo, que "estos modelos no llegan a capturar algunos de los más prometedores nuevos desarrollos en el estudio social de la ciencia y la tecnología". Algunos de ellos tienen que ver, ciertamente, con las perspectivas abiertas en la "Baja Iglesia".

El artículo de Steve Fuller, "¿Se han extraviado los estudios de la ciencia en la trama kuhniana?: sobre el regreso desde los paradigmas a los movimientos", trata de ofrecer una visión comprehensiva de CTS, contraponiendo su nueva propuesta de caracterizarla como movimiento a la tradicional caracterización de CTS como paradigma. Fuller critica esta última caracterización, apoyada en el modelo kuhniano de producción de conocimiento ofrecido en (Kuhn 1962). Lo que Fuller nos propone es "que pongamos a Kuhn patas arriba y demostremos que un paradigma no es más que un movimiento social retenido", esto es, un movimiento en el que se han formado comunidades de "creyentes auténticos" que rompen el debate y constituyen sectas -comunidades paradigmáticas- que discuten sólo entre quienes comparten las mismas actitudes. A su juicio, CTS debe institucionalizarse como movimiento, como cauce de un discurso multicultural que acerque las "pretensiones de la Alta Iglesia a las realidades de la Baja Iglesia". CTS se constituye de este modo como una forma esencialmente centrada de acción política.

Comúnmente se sitúa el origen de CTS en la década de los sesenta. Entre las contribuciones que la impulsaron, se señala, La estructura de las revoluciones científicas (Kuhn 1962) desempeñaría una función prominente. Esa obra y las discusiones subsiguientes habrían producido el desmoronamiento de las tesis básicas del empirismo lógico que había extendido el riel por el que se conducían hasta entonces los estudios sobre la ciencia (cfr. Suppe 1974). Andoni Ibarra y Thomas Mormann tratan de ofrecer en su trabajo "¿Hubo un enfoque CTS en el empirismo lógico del Círculo de Viena?" una interpretación alternativa de la historia de la filosofía de la ciencia en el siglo XX, proponiendo una recualificación del Círculo como movimiento centrado en un objetivo de transformación política y social, que prefigura en cierto sentido el proyecto propuesto por Fuller en su contribución. El interés de los autores, sin embargo, no es el de la mera recuperación histórica, sino el de la aportación constructiva a la disputa académico-activista de la CTS actual. Con esa finalidad Ibarra y Mormann presentan el original enfoque empirista lógico de Otto Neurath, uno de los principales miembros del Círculo de Viena, articulado en torno a cuatro ejes: pragmatismo, idea del lenguaje como "jerga universal", concepción de la ciencia basada no en sistemas sino en "enciclopedias", y crítica de la metafísica oscurantista. En el estudio de la ciencia, según Neurath, el contexto histórico, social y práctico desempeña una función esencial. De aquí que la filosofía de la ciencia -o la CTS actual- no pueda desvincularse de su vertiente política. En ella radica la novedosa conceptualización de Neurath de la función social de la ciencia: en el intento de operar una democratización radical de la ciencia, una democratización articulada en la conexión entre ciencia, educación y vida cotidiana.

Cuando en su presentación de las diversas imágenes acerca de la ciencia Callon se refiere a su pretensión de no exhaustividad, señala explícitamente que los trabajos sobre el género han quedado fuera de ella. Este reconocimiento está más allá de la anécdota: las relaciones entre los estudios CTS y lo que podríamos denominar estudios de ciencia, tecnología y género se caracterizan por el general aislamiento de ambas tradiciones en convivencia pacífica con el reconocimiento de ciertos intereses y recursos compartidos. En "¿Hacia dónde dirigir la mirada? La reflexividad desde la perspectiva de género", Marta González defiende que los estudios de género y ciencia constituyen una parte no marginal de las nuevas tendencias en el análisis de la dimensión social de la actividad científica. El trabajo se centra especialmente en algunas peculiaridades que pueden, de hecho, contribuir al diagnóstico y tratamiento de determinados problemas a los que se enfrenta el estudio social de la ciencia. En particular, el tratamiento desde la perspectiva de género del tema de la reflexividad sirve a la autora para ilustrar el modo como los enfoques feministas podrían mediar en las controversias entre la tradición académica y la tradición activista de CTS. El reconocimiento de la situacionalidad del analista de la ciencia ha derivado en la rama académica de CTS, según M. González, hacia hueros ejercicios retóricos que experimentan con la multivocalidad y las nuevas formas literarias. Por otro lado, la rama activista de CTS ha criticado la esterilidad de los enfoques reflexivos. Concluye entonces que, alternativamente frente a ambas, la perspectiva de género ha venido desarrollando una concepción epistémica y políticamente más adecuada de la reflexividad.

La parte II, "Herramientas", tiene como objetivo ofrecer distintos instrumentos conceptuales para profundizar en la comprensión de la ciencia, abordándose diversas facetas constitutivas de ese hecho cultural, desde la axiológica hasta la política, pasando por la sociológica o la histórica. La faceta axiológica es estudiada por Javier Echeverría en su "Ciencia, tecnología y valores. Hacia un análisis axiológico de la actividad tecnocientífica". El autor parte de que si entendemos la tecnociencia como una actividad que transforma el mundo, es preciso analizar los sistemas de valores que guían las acciones tecnocientíficas. Propone entonces un modelo de análisis de los procesos de evaluación de dichas acciones, distinguiendo nueve componentes, cada una de las cuales es evaluada en función de diversos subsistemas de valores. Frente a los modelos de la teoría de la decisión racional, basados en la maximización de un valor u objetivo principal, la propuesta de Echeverría considera las evaluaciones como procesos iterados de criba, distinguiendo entre valores centrales y periféricos que tienen que ser satisfechos hasta grados mínimos, pudiendo luego afinarse la valoración mediante sucesivos requisitos axiológicos.

El desarrollo científico y tecnológico, así como la innovación, son generadores de incertidumbre. Uno de los modos característicos como CTS desarrolla su contribución a una imagen renovada de las relaciones entre ciencia-tecnología- sociedad es justamente mediante el estudio de las consecuencias que la ciencia y la tecnología tienen sobre nuestras sociedades. Es en este sentido en el que adquiere relevancia la problemática del riesgo, en tanto que algo relativo a las posibles consecuencias negativas de las prácticas científico-tecnológicas en la sociedad. En su contribución "¿Cumple sus promesas la evaluación del riesgo?", Hannot Rodríguez defiende que un trabajo situado bajo una perspectiva CTS debe enriquecer y desafiar las visiones reduccionistas y unidimensionales que se deducen del mero análisis experto en las evaluaciones del riesgo. Tratar de entender la problemática del riesgo en términos más adecuados requiere, según el autor, reconocer la complejidad sociocultural en la que se inserta esa problemática, y la propia incapacidad del conocimiento anticipativo experto para cumplir totalmente sus promesas de seguridad. Aboga, finalmente, a favor de que las nuevas relaciones entre ciencia-tecnología-sociedad integren esa complejidad.

Anteriormente se ha mencionado a Bruno Latour y David Bloor como dos de los más conspicuos representantes de la Alta Iglesia de CTS. Ambos han protagonizado recientemente un interesante debate acerca de la propuesta de Latour de invertir "un giro más después del giro social" para evitar caer en el relativismo social prevaleciente en la sociología del conocimiento científico (SCC). Thomas Mormann y Aitor Sorreluz toman ese debate como escenario para yuxtaponer en él problemas ya discutidos en la historia de la filosofía y que afloran implícitamente en el trasfondo del debate en cuestión. El problema que concretamente abordan los autores en "Espectros de problemas filosóficos en el ámbito de la Sociología del Conocimiento Científico" es el de la validez del esquema sujeto-objeto (ESO). Mormann y Sorreluz proponen retornar al idealismo crítico de Cassirer como antídoto para inmunizar las tensiones derivadas de la introducción de ese esquema en SCC. Para atemperar las tensiones, y siguiendo a Cassirer, los autores rechazan los dos cuernos del dilema del debate Latour- Bloor, esto es, acostumbrarnos al ESO o desterrarlo del ámbito SCC, y sugieren volver la mirada a la forma como las ciencias abordan el problema.

Otra tensión característica de los estudios CTS es la asociada a su percepción de la necesidad de una cierta alfabetización científica y tecnológica, como condición para una vida consciente y crítica en una sociedad axialmente articulada por la ciencia y la tecnología. En "Alfabetización científico-tecnológica. (La ciencia y el público. Algunos aspectos de la construcción histórica de estas dos categorías y algunas reflexiones con relación a la participación ciudadana)", Nicanor Ursua subraya la necesidad de esa alfabetización para conocer y comprender, primero, la realidad actual y poder ejercer, luego, una ciudadanía responsable que permita tomar adecuadamente decisiones personales y colectivas. Porque, a su juicio, "sin una cultura científico-tecnológica los sistemas democráticos se harían cada vez más vulnerables a la "tecnocracia". Y precisamente una de las tareas prominentes de CTS es contribuir a la renovación de la enseñanza de la ciencia y la tecnología, vinculándolas a lo social y lo humano, de manera que se pueda ofrecer como condición de la alfabetización una visión más integradora de la ciencia-tecnología-sociedad". El artículo presenta los criterios de alfabetización científica y tecnológica de la NSTA (National Science Teacher Association, Estados Unidos) y presenta brevemente algunas formas de participación ciudadana en procesos de evaluación y planificación de ciencia y tecnología.

La parte III, "Redes y experiencias", se ocupa de distintas tentativas CTS en diversos escenarios y de los agentes que las realizan. Uno de los agentes más relevantes son los propios científicos. En general, los estudios CTS han tendido a considerar a los científicos e ingenieros como personas estrechamente identificadas con la tecnociencia y poco críticas con ella -es decir, como proponentes y defensores, no como críticos-. Esto es un error, según Carl Mitcham. De hecho, como muestra en "Los científicos e ingenieros como críticos morales en el mundo tecnocientífico", una significativa minoría de científicos e ingenieros han desarrollado una crítica fundamental de numerosos aspectos de la tecnociencia, y este aspecto no debería ser omitido en las relaciones ciencia-tecnología- sociedad. En su contribución se revisan brevemente cuatro contextos en los que, desde los años 50 a los 90, científicos e ingenieros han realizado críticas morales básicas de la tecnociencia: el movimiento Pugwash, la Federación de Científicos Americanos (Federation of American Scientists, FAS), el Bulletin of Atomic Scientists, y la Unión de Científicos Sensibilizados (Union of Concerned Scientists, UCS). Con este trasfondo, el artículo ofrece también una descripción significativamente ampliada del trabajo del Comité para la Libertad y Responsabilidad Científicas (Committee on Scientific Freedom and Responsibility, CSFR) de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (American Association for the Advancement of Science, AAAS). En tanto que comité de la AAAS, la mayor sociedad científica del mundo, el CSFR fue fundado en 1975, y su historia demuestra la creciente importancia de, especialmente, los derechos humanos en la ciencia. Finalmente, Mitcham menciona el nuevo intento de Bill Joy, co-fundador de Sun Microsystems, de revivir la discusión moral de la tecnociencia.

Otra dimensión omitida frecuentemente de las relaciones ciencia-tecnología- sociedad es la del movimiento ludita, un movimiento que se origina en Inglaterra con los ataques de Ned Lud y sus correligionarios contra máquinas y factorías a comienzos del siglo XIX. En "El neoludismo: una forma de participación en el contexto de la ciencia reguladora" Eduardo M. García Palacios y Patricia García Menéndez ofrecen una nueva interpretación de los neoluditas de nuestros días, diferente a la habitual de sujetos-rompemáquinas-opuestos-al-progreso-y-la-innovación. Según los autores, a diferencia de la imagen tradicional de una actividad científico-tecnológica segura y autosuficiente, las características de esa actividad son hoy, entre otras, la complejidad, la incertidumbre y el disenso, características que definen lo que S. Jasanoff denomina "ciencia reguladora". En este contexto, argumentan, la participación del público no experto en las decisiones científico-tecnológicas encuentra una justificación suficiente. Y es así, precisamente, como los rebrotes de ludismo en nuestra sociedad pueden interpretarse como una forma de participación en el contexto de la ciencia reguladora, una aportación que puede ser "intelectualmente enriquecedora a la hora de redefinir el contrato entre ciencia, tecnología y sociedad de acuerdo con criterios democráticos y respetuosos con la organización social existente, los modos de vida y la preservación de las comunidades".

La ciencia y la tecnología se producen y se reproducen siempre en determinados contextos sociales y políticos. Son formas culturales situadas, en un sentido fuerte. Hebe Vessuri aborda en "De la transferencia a la creatividad. Los papeles culturales de la ciencia en los países subdesarrollados" el análisis de las condiciones políticas que constriñen la realización de esas formas culturales en una determinada dirección y con un sentido fijado. Frente a la imagen tradicional de la ciencia que separa a ésta de los factores psicológicos, sociológicos, económicos, políticos, morales o ideológicos, la autora propugna la endogenización de la ciencia y la tecnología, como condición de posibilidad para que un país pueda decidir autónomamente con qué ciencia y tecnología proceder. Ello requiere, en el caso de los países en desarrollo, una transformación radical en la comprensión de la actividad científico-tecnológica que pasa por asumir varias condiciones: aceptar el carácter cultural de la ciencia -y consiguientemente, desoccidentalizarla-, saltar del "predominio de actores sociales que son meros "porteros" que abren las puertas a las tecnologías foráneas del mundo desarrollado al auge de vectores tecnológicos endógenos", replantearse la naturaleza de disciplinas científicas, en particular de las ciencias sociales, como la antropología, especialmente significadas como depósitos de conocimientos elaborados por otras culturas, revalorizar el sentido común local y los saberes tradicionales como componentes válidos en la (re)construcción de las propias tradiciones científico-tecnológicas, y defender la participación social en la producción de la tecnología. La aparición del nuevo fenómeno de la tecnociencia en el último tercio del siglo XX ha fortalecido aún más la dominación cultural de sociedades y culturas, al absorber y subsumir las alternativas periféricas. Vessuri considera, sin embargo, que el programa de endogenización presentado contribuye, en un marco CTS, a pulsar la realidad de los sistemas cognoscitivos locales y, en esa medida, a frenar la peor de las dominaciones, la de la conciencia.

Los dos siguientes artículos continúan la indagación abierta por Vessuri. Marianela Morales y Noemí Rizo la reanudan en "Los públicos de ciencia, tecnología y sociedad (CTS) en Cuba", si bien en un escenario más local y sin la pretensión de "totalidad" teórica del artículo anterior. El análisis de Morales y Rizo se centra en el papel de la participación de los diferentes agentes en la toma de decisiones sobre la producción, implantación, comercialización o generalización de una tecnología. Esa participación adquiere características propias en espacios en los que el nivel alcanzado de desarrollo tecnológico se encuentra asentado en una estructura transferida debido a la fragilidad económica de las sociedades subdesarrolladas. Las autoras constatan que la percepción pública de la ciencia y de la función social de la empresa científico-tecnológica es distinta de su percepción en las llamadas "sociedades tecnológicas". En su artículo exploran aspectos generales de los diferentes grupos particulares de agentes -públicos- y de sus respectivas imágenes sobre la relación ciencia-tecnología-sociedad en el contexto social cubano, tomando como referencia un caso particular de estudio de implantación de una tecnología en una comunidad rural.

En cierto sentido la endogenización a la que apela Vessuri ha encontrado una primera realización en su propio país, Venezuela. Este país tiene una historia de cuarenta años en política científica y tecnológica, en el sentido tradicional del término, esto es, concebida como una política que atañe, en todos los sentidos, a los científicos exclusivamente. Recientemente, sin embargo, se han venido generando algunas nuevas perspectivas que han permitido que otros actores sociales vayan involucrándose en el diseño de las nuevas políticas científicas y tecnológicas venezolanas. En "Del sector a las redes: las agendas de investigación del CONICIT venezolano" de Ignacio Avalos y Rafael Rengifo se describe, y se pone dentro de su contexto, un ensayo novedoso de política científica y tecnológica, las denominadas Agendas de Investigación. Esta experiencia, iniciada durante los últimos años por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CONICIT) de Venezuela, se inspira en la propuesta de democratizar la creación y el uso de conocimientos científicos y tecnológicos. Caracterizadas de manera resumida, las Agendas definen "una metodología de política pública interactiva basada en la concertación entre varios agentes sociales para generar acuerdos en torno a una problemática común, apoyados en la legitimidad y autonomía de los diversos intereses de los participantes y orientados por estilos de negociación suma positiva".

El artículo final aplica el principio de reflexividad a los propios estudios CTS y analiza su proceso de institucionalización en un determinado contexto histórico y social. En concreto, "Innovación tecnológica, innovación social y estudios CTS en Cuba" de Jorge Núñez y José A. López Cerezo deja constancia de ese proceso de institucionalización a través de la combinación de los puntos de vista de un protagonista interno y un participante externo, implicados ambos en la construcción de una cultura CTS en Cuba. El texto apela a la propia metodología CTS: intenta conectar la consolidación del nuevo campo intelectual con la peculiar constelación de circunstancias económicas, políticas, culturales y sociales del país, en particular aquellas que tienen que ver directamente con la evolución científica y tecnológica e implantación de políticas públicas en esos campos, la existencia de singulares experiencias de participación pública y el ethos propio de las comunidades académicas en proceso de consolidación. Los autores ofrecen así el detalle de la institucionalización de CTS en Cuba a lo largo de los noventa, lograda mediante la creación de grupos de trabajo que han promovido cursos a nivel de licenciatura y de postgrado y han favorecido la asimilación de la experiencia internacional, a la par que han avanzado hacia la consolidación de líneas de investigación donde la problemática científica y tecnológica nacional ocupa la mayor atención.

La lectora o el lector obtendrán ciertamente de la lectura de estas contribuciones una visión alejada de la doctrinaria y más próxima a una configuración caleidoscópica de CTS. Ciertamente, los estudios CTS no definen un cuerpo doctrinal -más o menos estricto- aceptado por sus practicantes, sino a lo sumo una semejanza común en el modo de aproximarse al conocimiento y la innovación. Una aproximación que no puede realizarse sin considerar los contextos en los que aquellos se producen pero tampoco sin atender a los efectos sociales y ambientales que el conocimiento y la innovación producen. Esa es la marca de CTS.

Datos Publicación

Colección: Razón y Sociedad
Número de páginas: 314
ISBN: 84-7030-926-9
Depósito Legal: M-10.247-2001
Precio de venta al público: 2.750 pesetas (16,52 euros - 15 US dólares)
No incluye gastos de envío

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