Enero 2000

Boletín del Programa Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación

Organización de Estados Iberoamericanos
para la Educación, la Ciencia y la Cultura

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Uso y abuso del estetoscopio. José Antonio López Cerezo

Eventos de Interés.

Uso y abuso del estetoscopio.

José Antonio López Cerezo.

Uno de los temas más espinosos del desarrollo tecnológico contemporáneo es el de la aplicación de las nuevas tecnologías médicas en el ámbito de la salud y la reproducción humana. Los medios de comunicación recogen con frecuencia noticias sobre nuevos tratamientos o innovaciones técnicas que ponen al descubierto vacíos legales y plantean interrogantes éticos. La reproducción asistida y la manipulación genética son una fuente casi diaria de este tipo de noticias. También es frecuente encontrar a la tecnología en el centro de polémicas sociales sobre prácticas médicas. Recientemente, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud denunciaba que en los partos se aplican con frecuencia instrumentos y prácticas rutinarias por comodidad del médico o por el simple hecho de estar disponibles, no porque sea lo más adecuado para la mujer. La práctica hospitalaria en España era particularmente criticada: el rasurado del pubis o la administración de un enema antes del parto no son en absoluto necesarios, la episiotomía (corte en la vagina) sólo debería practicarse en casos muy concretos, parir acostada sobre la espalda sólo es cómodo para el médico, y se practican muchas más cesáreas de las necesarias. La denuncia de la OMS nos hace recordar el sketch tragicómico de Monthy Python en su película El sentido de la vida: un parto donde los médicos están tan pendientes de la posible visita del gerente y de los pit-pit de las máquinas y aparatos que los rodean que acaban por olvidarse de la parturienta, quien tiene que arreglárselas como puede para dar a luz.

No se trata sin embargo de un fenómeno nuevo en la historia de la medicina. De hecho, los problemas sociales vinculados a la "tecnificación de la salud" se remontan al menos dos siglos atrás hasta las primeras tecnologías médicas importantes. De especial interés es la historia del estetoscopio, también conocido como "fonendoscopio", pues constituye una buena parábola sobre el significado y la problemática social de la tecnología. Es también un buen ejemplo del enfoque crítico de la ciencia y la tecnología (con frecuencia denominadas "tecnociencia") actualmente desarrollado en los estudios de "ciencia, tecnología y sociedad" (CTS).

Es difícil imaginar un instrumento científico más sencillo que un vulgar estetoscopio. Su historia es sin embargo fascinante. Según todas las enciclopedias, el artilugio es inventado en 1816 por el médico René Théophile Hyacinthe Laënnec (1781-1826), médico francés y ferviente contrarrevolucionario católico. Laënnec se hallaba entonces examinando a una joven con síntomas generales de enfermedad del corazón, en el hospital Necker de París, del que había sido nombrado jefe clínico ese mismo año. Intentó utilizar las técnicas habituales por entonces: comenzó con la aplicación de la mano y la percusión pero daban poco resultado por la obesidad de la paciente; después consideró la auscultación (colocar el oído sobre el pecho del paciente para escuchar los latidos del corazón), pero la edad y el sexo de la paciente le quitó la idea de la cabeza. Entonces, recordando un fenómeno acústico común, se le ocurrió formar un rollo con un cuaderno de papel, colocando uno de sus extremos en el pecho de la enferma y otro en su oreja. ¡Voilà! Sonidos claros y distintos procedentes del interior del cuerpo.

Laënnec mejoró posteriormente su invento, utilizando finalmente un cilindro de madera al que llamó "estetoscopio", del griego "pecho" y "veo". Hizo públicos sus resultados en su obra Traité de l'auscultation médiate (Tratado de auscultación mediata), publicada en 1819. En ella, además del uso del nuevo instrumento, describió con precisión diferentes afecciones torácicas y proporcionó nuevos análisis clínico-patológicos de numerosas enfermedades. El estetoscopio demostró ser tremendamente útil, por ejemplo por la precisión con la que ayudaba a diagnosticar enfermedades pulmonares como la tuberculosis, una enfermedad que afectó al propio Laënnec, así como por su uso en veterinaria o con enfermos sordomudos. Con ayuda del estetoscopio, el médico podía acceder directamente a la información del interior del cuerpo; era capaz, por decirlo así, de realizar una autopsia mientras el paciente seguía vivo.

No todo, como señala Stanley Reiser (Medicine and the Reign of Technology, 1978: 34 ss.), fue entusiasmo con el nuevo instrumento. Los pacientes, por un lado, se asustaban con frecuencia a la vista del estetoscopio, dando por supuesto que su presencia significaba cirugía inminente, pues a principios del siglo XIX aún persistía la separación entre médicos y cirujanos, y sólo los cirujanos hacían uso de instrumentos. Y los médicos, por otro lado, realizaron muchas críticas, algunas triviales y otras importantes. Entre las primeras estaba el inconveniente de llevar consigo un estetoscopio (algo que hoy contribuye a formar la imagen típica del médico), un problema que algunos médicos solucionaron llevándolo transversalmente dentro de sus sombreros de copa (el estetoscopio originalmente diseñado por Laënnec medía unos 30 cms. de largo, aunque podía separarse en dos partes iguales enroscadas). Los médicos también plantearon una crítica más fundamental de acuerdo con Reiser, una crítica que se ha repetido ha través de la creciente tecnificación de la medicina. Interponer un instrumento entre médico y paciente es transformar la práctica de la medicina. Los métodos tradicionales, de hacer preguntas a los pacientes, prestando atención a sus respuestas y haciendo observaciones cuidadosas de síntomas externos, se volverían cada vez menos pertinentes. Los médicos acabarían perdiendo su confianza en la narrativa de los pacientes, perderían su habilidad para realizar exámenes con destreza, y acabarían confiando más en la maquinaria que en la experiencia profesional. Las capacidades artesanales y humanas del médico serían sustituidas por las de simples operadores de máquinas e instrumentos.

En el centro de esta crítica, como apunta Neil Postman (Tecnópolis, 1992: 130 ss.), se halla una completa reconceptualización de la práctica médica: (a) la medicina se ocupa de la enfermedad, no de los pacientes; (b) lo que el paciente dice no es demasiado fiable; lo que la máquina dice sí lo es. Son ideas que ya están presentes en Laënnec (1819) y que van consolidándose con cada nuevo instrumento y tecnología que va sumándose al arsenal médico: el oftalmoscopio (1850), el laringoscopio (1857), el esfigmomanómetro (1883), los rayos X (1895), etc. Al llegar el siglo XX, la medicina está ya en manos de la tecnología: desde el simple vestuario y material desechable hasta la sofisticada resonancia magnética nuclear, los bebés-probeta, la robótica en cirugía, la producción de órganos de recambio a partir de células de embriones, la modificación química del estado de ánimo, etc. Son tecnologías que han ido transformando la práctica médica occidental, y están en el centro de la crítica contracultural de autores como Ivan Illich (Némesis medica, 1976). Tradicionalmente, esa práctica se caracterizaba por una comunicación directa con los pacientes; una comunicación con sus experiencias sobre la base de lo que el propio paciente contaba y las preguntas del médico, y una comunicación con sus cuerpos mediante el examen físico del médico (quizá con ayuda de unos pocos instrumentos cuidadosamente seleccionados). Hoy día se establece una relación más agresiva basada en el laboratorio de diagnóstico, la acción de los fármacos y sustancias químicas, y las tecnologías de reconocimiento y quirúrgicas; se trata de una comunicación directa con datos y máquinas, que sólo indirectamente establecen un vínculo entre el cuerpo del paciente y el especialista.

Sobre esta base, la iatrogénesis (las enfermedades producidas por el tratamiento) es sólo una consecuencia esperada. Este tipo de enfermedades constituyen de hecho una de las preocupaciones fundamentales de la profesión médica, y aún mayor, como es lógico, para los pacientes. No es exagerado decir que los hospitales son uno de los lugares más peligrosos que podemos visitar. De acuerdo con un informe de la Universidad de Toronto, publicado en el número del 14 de abril de 1998 del Journal of the American Medical Association, los fallecimientos por efectos adversos de medicamentos en EE.UU. durante 1994 oscilaron (ese año) entre la sexta y la cuarta causa de muerte más importante. Y la investigación excluyó explícitamente de sus cifras las muertes causadas por abuso o mal uso de medicamentos.

Hay algo no obstante que conviene dejar claro al discutir la creciente tecnologización de la medicina. El problema no son las tecnologías e instrumentos médicos per se: el láser puede eliminar cataratas sin dolor y sin peligro, y los antibióticos pueden (bien administrados) atajar una infección, entre otros muchos ejemplos. El problema es hacer de la tecnología el centro de la práctica médica, hasta del punto de que se use por el hecho de estar disponible. Ocurría ya con el forceps a principios del siglo XVIII, aplicado sistemáticamente a todo tipo de partos, y sucede hoy con la tomografía axial computerizada (TAC) para los dolores de cabeza en el contexto de una medicina defensiva. Como ocurre también con innumerables técnicas e instrumentos actuales. Por ejemplo, las cesáreas en partos o la limpieza de arterias obstruidas (mediante endaterectomía carótida) son procedimientos quirúrgicos que, para muchas categorías de pacientes, implican un riesgo mayor que el del procedimiento normal o prescindir de ellos - no hablemos ya de los rayos X y las muertes por cáncer que provocan anualmente.

Como resultará obvio, la transformación de la enfermedad en un negocio es un importante elemento que está a la base de la creciente tecnologización de la medicina. El gasto médico en las naciones occidentales capta un porcentaje muy importante del PIB de cada país; y también conocemos la gran rentabilidad de las industrias farmacéuticas y productoras de tecnología médica. No es de extrañar que algunas de las empresas vinculadas a la producción de armas y sustancias que están en el origen de muchas enfermedades, sean también las productoras de técnicas e instrumentos para su tratamiento. El médico e investigador Edilberto Pacheco proporciona algunos ejemplos. Philip Morris, que produce cigarrillos (Marlboro y otras marcas) además de salchichas y quesos con abundante colesterol y triglicéricos (a través de sus filiales Kraft y Oscar Mayer), también produce material de sutura y bisturíes a través de su filial ASR Medical Industries. Primero vende el producto que favorece el cáncer, el enfisema o el infarto; más tarde el equipo médico para su atención. Otro tanto ocurre con la empresa Dupont (produce aerosoles fluorocarbonados que destruyen la capa de ozono; y comercializa equipos de laboratorio para el diagnóstico de tumores y otras patologías de la piel producidas por rayos ultravioleta) o con la francesa CGR (produce el misil Exocet; y también sofisticados sistemas TAC que por ejemplo permiten localizar fragmentos de misil en víctimas potenciales) (en C. Rojas, ed., Filosofía de la medicina II, 1995, pp. 285-286).

La medicina se convierte así en rehén del lucrativo imperativo tecnológico, y el paciente se transforma en información objetiva proporcionada por máquinas. Vivimos nuestra salud en un estado de sonambulismo tecnológico, en expresión de Langdon Winner (La ballena y el reactor, 1986), que sin duda sufren también los médicos. "Ante esta dinámica de creciente exclusión - concluye Pacheco, los médicos nos incluimos en un mundo de seres extraños entre sí, en el que la anestesia ética y afectiva se contagia epidémicamente" (ibid., p. 293).

Es cierto que el estetoscopio y las tecnologías médicas tienen un contexto de uso muy limitado, si hacemos la salvedad de los ladrones de cajas fuertes (quienes parecen utilizar estetoscopios para escuchar los chasquidos de las guardas de las cerraduras), pero su historia es una buena parábola sobre el significado social de la tecnología y la necesidad de abrir ésta a la comprensión y los valores públicos.

La tecnociencia contemporánea puede incluso ser entendida como un estetoscopio epistémico. Es un instrumento autorizado, objetivo y valorativamente neutral, interpuesto entre los problemas sociales (las enfermedades) y las terapias políticas. No sólo se aplica por el mero hecho de estar disponible, sino que impone una inercia propia, un sonambulismo tecnológico que hace olvidar a los seres humanos, con sus experiencias, sus temores y sus opiniones.

Bruno Latour se pregunta en La pasteurización de Francia (1984): ¿cómo sale la tecnociencia del laboratorio? (Porque, desde luego, los científicos no se dedican a estudiar la naturaleza, tal como nos informa la tradicional imagen romántica, sino a manipular instrumentos e inscripciones en el contexto artificial laboratorio). Y se responde que la tecnociencia no llega a salir del laboratorio; más bien es éste el que extiende sus muros hasta incluir a la sociedad y la naturaleza. Los nuevos artefactos tecnocientíficos redefinen qué es útil y qué inútil, cuáles son las necesidades sociales y cómo satisfacerlas, etc. Es decir, modelan el entorno para acomodarlo a las condiciones de uso definidas en el laboratorio.

Del mismo modo que contribuyó a hacer el estetoscopio con la práctica médica, la tecnociencia contemporánea ha transformado la práctica política. Hoy la gestión pública se ocupa de problemas objetivos, de riesgos cuantificables, se basa en datos estadísticos e informes científicos; no se ocupa de impresiones subjetivas, de riesgos percibidos, en definitiva, de los pacientes. En ese modelo tecnocrático, lo que el público sabe, sus opiniones y actitudes, no es demasiado fiable; lo que la máquina dice, y la ciencia interpreta, sí es fiable.

También del mismo modo que la humanización de la medicina trata de recuperar al paciente, de entre una maraña de datos y máquinas, la reciente conceptualización crítica de la ciencia y la tecnología vinculada a los estudios CTS trata de abrir éstas a la comprensión y valores públicos: mostrar la dimensión social que tienen los problemas abordados por la tecnociencia actual y devolver la voz a la participación ciudadana.

Eventos de Interés.

Eventos
Evaluación Sensorial (Revisión y Actualización). Instituto Tecnológico de Veracruz. Unidad de Investigación y Desarrollo en Alimentos. (Veracruz, Veracruz, México, 24 al 28 enero del año 2000)
II Taller Internacional sobre Didáctica de la Física Universitaria. DIDACFISU`2000 (Matanzas, Cuba, 1 a 4 de febrero de 2000)
V Taller Internacional sobre la Educación Superior y sus perspectivas. (La Habana, Cuba, 7 al 11 de febrero del 2000)
Taller La Cultura Profesional y la Educación en Valores del Ingeniero y el Arquitecto. (Ciudad de Las Tunas, Cuba, 7 al 11 de febrero del 2000)
Conferência Internacional “A comunidade das nações ibero-americanas e a sociedade da informação”. APCNP-Associação para a Promoção Cultural do Norte de Portugal, por sugestão do Ministério dos Negócios Estrangeiros. (Porto, Portugal, 23 a 25 de Fevereiro de 2000)
Taller Internacional de las Ciencias Biomédicas Aplicadas a la Actividad Física y Deportiva - BIOMED 2000 (La Habana, Cuba, 7 al 10 de marzo del 2000)
Tercer Congreso Internacional de la Sociedad Europea de Conservación de Suelos (ESSC) El Hombre y el Suelo ante el III Milenio Suelo, Agua y Sostenibilidad. La dimensión global (Valencia, España, 28 de marzo - 1 de abril, 2000)
1 Forum Iberoamericano sobre Innovación, Propiedad Industrial e Intelectual y Desarrollo. Asociación Interamericana de la Propiedad Industrial. (Madrid, España 29 al 31 de Marzo, 2000).
II Encuentro de Filosofía e Historia de la Ciencia del Cono Sur. Universidad Nacional de Quilmes. 3 al 5 de mayo del año 2000, Bernal, Prov. de Buenos Aires, Argentina.
IV Taller Internacional sobre la Enseñanza de la Física en la Ingeniería y I Taller Iberoamericano de la Física Aplicada en la Ingeniería. (La Habana, Cuba. 6 al 9 de junio del 2000)
VI Congreso Nacional de Profesores de Ciencias de Chile. II Congreso Internacional de Profesores de Ciencias. Universidad de Tarapacá, sede Velásquez. (Arica, Chile, 12 al 15 de agosto de 2000)
II Congreso Iberoamericano de Educación en Ciencias Experimentales. Ciencia para Todos. Calidad y Equidad. Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), Universidad Nacional de Río Cuarto (Argentina) y Universidad de Alcalá (España). (Córdoba, Argentina 5 al 8 de septiembre del 2000)
I Congreso Iberoamericano de Filosofía de la Ciencia y de la Tecnología: “El Conocimiento y el Desarrollo en el Siglo XXI” (Morelia, Michoacán, México, 25 al 29 de septiembre del 2000)
ESOCITE 2000 “Ciência, Tecnologia & Sociedade e o Futuro da América Latina”. UNICAMP – Campinas, São Paulo, Brasil, Outubro 23-26, 2000
XXI Simpósio de Gestão da Inovação Tecnológica. Núcleo de Política e Gestão Tecnológica da Universidade de São Paulo. (São Paulo - SP - Brasil, 7 a 10 de novembro de 2000)
Conferencia Internacional de Ingeniería Mecánica - COMEC 2000. (Santa Clara, Cuba. 8 al 10 de Noviembre del 2000)
VII Simposio Internacional de Filosofía Política "Los contextos de la democracia: perspectivas iberoamericanas". Cartagena de Indias (Colombia) 20-22 de noviembre del 2000)

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