OEI Iberoamérica:
unidad cultural
en la
diversidad
Organización
de Estados
Iberoamericanos


Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura
Formación en Administración y Gestión Cultural
Segunda Entrega

Índice

Teorías Contemporáneas de la Cultura

La reiterada pregunta por la Identidad Cultural

Multiculturalidad e Interculturalidad

Primera Entrega

Opiniones de Usuarios

Página Principal de Formación en Administración y Gestión Cultural

Teorías Contemporáneas de la Cultura

La década de los sesenta de este siglo en occidente es excepcional en la generación de movimientos sociales culturales (musicales, artísticos, sexuales, etc...), pero limitada en sus interrogantes e investigaciones culturales. La inmensa preocupación por los problemas metodológicos y epistemológicos, orienta la discusión principalmente hacia la posesión y construcción del método más adecuado para acercarse a la realidad; los interrogantes epistemológicos, de alguna manera, opacaron las preguntas culturales.

El paradigma funcionalista identificó la cultura con un "sistema autónomo de acción". El estructuralismo interesado por los asuntos atinentes al simbolismo, dedicó sus esfuerzos a análisis de tipo microsocial. El marxismo se obsesionó por caracterizar la cultura como superestructura o ideología.

Es a partir de la década de los ochenta que se reinicia una profunda discusión en el pensamiento occidental sobre la dimensión cultural, que representan según Robert Wuthnow cuatro enfoques: el fenomenológico-hermenéutico (P. Berger, C. Geerz); la antropología cultural (M. Douglas); el neoestructuralismo (M. Foucault, J. Derrida); y, el neomarxismo (J. Habermas, C. Offe, N. García).

Estas cuatro perspectivas comparten en su mirada de la cultura algunos elementos y matizan u insisten en algunos rasgos específicos. Ninguna acepta la separación u estratificación entre lo económico-social y lo cultural, como si fueran esferas independientes o jeráquicas; la cultura hace parte del todo social. Destacan en lo cultural componentes alusivos al lenguaje, la comunicación, los sistemas de clasificación y lo simbólico-expresivo. Reconocen que el lenguaje verbal no es la única forma ni de lenguaje ni de comunicación y los medios de comunicación tampoco son la forma exclusiva de comunicación.

El enfoque fenomenológico-hermenéutico orienta su atención a los reinos del significado e interpretación; la antropología cultural al simbolismo; el neoestructuralismo a los discursos; y, el neomarxismo a los procesos de comunicación. Buscando cada corriente la especificidad de lo cultural en los reinos del significado, el simbolismo, el discurso y la comunicación.

Podemos sostener que la extensividad del concepto de cultura, en las últimas dos décadas, tiene bastante que ver con este giro semiótico que experimenta. Giro que introduce complejos problemas en su noción como las semejanzas y diferencias entre signo y símbolo; nexos y relaciones entre signo y significado; diferencias entre la palabra y el signo; el significado y el significante; lo simbólico y lo imaginario; entre muchos otros asuntos. El investigador latinoamericano N. García Canclini, expresando tal vez este giro, ha definido la cultura como la producción, circulación y consumo de significados.

indice
Regresar a Índice de Contenidos

La reiterada pregunta por la Identidad Cultural

Paralelamente a la importancia que ha adquirido la visión semiótica de la cultura en occidente, en América Latina el debate cultural pasa por el cuestionamiento y problematización de los fenómenos de la identidad cultural. Tema altamente polémico y que cuenta en Iberoamérica con una larga tradición

indice
Regresar a Índice de Contenidos

Multiculturalidad e Interculturalidad

Las nociones de sociedad multicultural, pluriétnica o intercultural han empezado a ser reconocidas y divulgadas con insistencia a partir de la década de los ochenta de este siglo. Existe un cierto consenso que vivimos en un mundo y unas sociedades multiculturales. Pero, si observamos con cierto detenimiento, constatamos que estos conceptos se utilizan en sentidos tan opuestos que es conveniente ponerse de acuerdo, en primera instancia, en lo que no significan.

Por tal motivo, el investigador francés Alain Touraine, en un artículo reciente titulado "¿Qué es el multiculturalismo?" (1995), sostiene que se han divulgado en la opinión pública cuatro acepciones que están muy distantes de comprender el fenómeno del multiculturalismo y están tal vez más cerca de la defensa de lo monocultural y la xenofobia, llamando la atención sobre la urgencia de ponernos de acuerdo en lo que no significa multiculturalismo.

La primera identifica la multiculturalidad con la defensa de las minorías y sus derechos. La defensa de las culturas minoritarias puede parecer a primera vista una manifestación de multiculturalismo, pero, en general, lleva en sentido contrario a una especie de fragmentación autista y a la hostilidad ante la coexistencia de culturas diversas. La simple defensa de culturas minoritarias o sojuzgadas no constituye una manifestación o conducta multicultural.

La segunda acepción concibe lo multicultural como el inalienable derecho al respeto de la diferencia; una sociedad multicultural desde esta perspectiva es aquella que no se inmiscuye en "mis" diferencias culturales y las preserva intactas. Es una especie de "laisser faire" cultural (dejar hacer, dejar pasar) que conduce en las sociedades concretas a un relativismo cultural cargado de conflictos irresolubles. Esta postura termina en un individualismo a ultranza o en un gregarismo social intocable. Defiende la perpetuación de la diferencia cultural, pero no la multiculturalidad; una especie de multiculturalismo de la segregación o, inclusive, de la secesión.

Otra visión concibe la multiculturalidad como la simple coexistencia indiferente entre distintas culturas; desde una tolerancia incorrectamente comprendida, considera que la sociedad multicultural es aquella donde subsisten en una cierta indiferencia pluralista varias culturas. No existe interacción entre ellas, sino mera subsistencia irrelevante. Ser multicultural sería no preocuparse por el destino de las otras culturas de mi entorno.

La última versión inadecuada de los fenómenos multiculturales es aquella que los asimila con el rechazo a la cultura occidental y las búsquedas antioccidentales. Al final del siglo está en boga en diversas latitudes y actores sociales un llamamiento antimoderno y antioccidental, para refugiarse aparentemente en "otras" culturas. Por esto es ineludible, más bien, rechazar la polémica identificación entre antioccidentalismo y multiculturalismo.

Estas cuatro acepciones de la multiculturalidad se han convertido en un serio obstáculo para comprender la complejidad del mundo cultural actual; se han convertido, en términos de A. Touraine, en "falsos multiculturalismos". Estamos obligados a realizar esfuerzos reflexivos e investigativos para decantar el sentido profundo de lo multicultural.

Siguiendo las huellas de reflexiones recientes de autores europeos e hispanoparlantes, tal vez los posibles hilos conductores para acercarnos al concepto de sociedad multicultural son:

a.- Hay una frontera que no se puede franquear en la condición multicultural: la que separa el reconocimiento del otro de la obsesión por mi propia identidad. La apertura a la alteridad es un requisito de la multiculturalidad.

b.- Quien no es capaz de reconocerle a cada cultura sus valores y pretensiones de universalidad, no está preparado para asumir la multiculturalidad.

c.- El multiculturalismo sólo tiene sentido como la combinación, en un territorio dado con una relativa unidad social, de una pluralidad de culturas que mantienen permanentes intercambios y comunicaciones entre actores que utilizan diferentes sentidos de la vida. La coexistencia o simple convivencia de culturas no expresa necesariamente la condición multicultural.

d.- La experiencia multicultural está modificando radicalmente nociones centrales como igualdad, dignidad, diferencia y libertad. Necesitamos un principio de igualdad humana abierto a las diferencias y una noción de libertad no reducida a la simple autonomía del individuo, sino como necesidad de reconocimiento al interior de las comunidades y sus tradiciones concretas. La igualdad abierta a las diferencias presupone la aceptación de la igualdad de valor de las diferentes culturas y el abandono de nociones como culturas "superiores", "avanzadas", "primitivas" o "subdesarrolladas".

e.- Al convertirse las sociedades y los individuos en expresiones multiculturales se plantea ahora como exigencia, no simplemente la preservación cultural, sino el urgente reclamo del reconocimiento universal de la equiparación de las diversas culturas.

Muchos son los problemas y dificultades que nos arrojan estos hilos conductores, pero son un camino más fructífero que los "falsos multiculturalismos". Uno de ellos es la distinción o no entre interculturalidad y multiculturalidad. Para algunos autores son términos equivalentes.

La noción de lo intercultural parte del hecho de que las culturas no se encuentran aisladas ni se producen por generación espontánea; en su diario acontecer tienden a abarcar espacios que le conducen a entrar en relaciones con otras culturas. Y esas relaciones que se establecen entre las culturas es lo que se denomina interculturalidad.

La interculturalidad puede darse de distintos modos, pero, predominantemente, de tres formas. La primera, cuando al entrar en contacto con otras culturas tiende a hacerlas desaparecer estableciendo relaciones de dominación y no reconocimiento. La segunda se da cuando al contactarse dos o más culturas se parte del reconocimiento del contexto y particularidades de la o las otras culturas, estableciéndose una relación de diálogo y respeto que va deviniendo modificaciones significativas en los escenarios simbólicos de las culturas que han entrado en interacción. La tercera, en el caso de que se establezcan relaciones de contacto entre dos o más culturas, pero, aún existiendo relaciones de reconocimiento, las culturas interactuantes no resultan afectadas o modificadas por el encuentro o diálogo.

Por lo anterior, podemos sostener que no toda relación de tipo intercultural es necesariamente multicultural, pero toda relación multicultural es necesariamente intercultural. La primera y tercera relaciones son interculturales, pero no son de carácter multicultural; mientras la segunda es tanto intercultural como multicultural.

indice
Regresar a Índice de Contenidos

Esperamos sus aportes, denos su opinión. Para ello no tiene más que remitirnos un mail a adcultura@oei.org.co Las respuestas se irán incorporando a nuestro web. Le rogamos nos indique claramente su nombre, apellidos, nacionalidad, profesión y dirección de correo electrónico. Gracias por su aporte.

indice
Regresar a Índice de Contenidos

Siguiente Entrega sigue

Guías de Cultura Regresar a Página Principal OEI Correo electrónico para más información weboei@oei.es

© Organización de Estados Iberoamericanos
para la Educación, la Ciencia y la Cultura, OEI, 1997-1998
Permitida su reproducción citando la fuente.