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Iberoamérica: unidad cultural en la diversidad |
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en Administración y Gestión Cultural Tercera Entrega |
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Los fenómenos contemporáneos de globalización han intensificado las posibilidades de encuentros y conflictos multiculturales. No se trata ahora como en el momento de la internacionalización de una apertura de las fronteras geográficas nacionales para incorporar bienes materiales y simbólicos de los demás países; se trata de que en la globalización interactúan simultáneamente actividades económicas y culturales dispersas generadas por un sistema de múltiples centros donde lo que importa no es la posición geográfica desde donde se actúa sino la velocidad en que se recorre en el mundo. Los mensajes, productos y bienes simbólicos que consumimos ya no se generan en la nación en que vivimos, sino en redes masivas y simultáneas, sin importar decisivamente el lugar de origen para millones de habitantes del planeta. Las fronteras entre lo propio y lo ajeno se desvanecen.
Algunos de los rasgos principales de la etapa de la globalización son: la creciente movilidad de los individuos, la explosión de actores y circuitos internacionales, la crisis del modelo estatal dominante hasta los setenta, las dificultades de legitimidad del Estado-Nación, la pérdida de autonomía de los Estados Nacionales, la explosión de reivindicaciones regionales y de culturas sojuzgadas; la búsqueda de formas de identidad supranacionales e infranacionales, el predominio de la massmediatización generalizada y la influencia de los medios electrónicos de comunicación, entre muchos otros.
En la dimensión cultural para Iberoamérica, según Néstor García Canclini, el proceso de globalización ha conllevado cuatro grandes transformaciones a partir de los años setenta:
| a.- El predominio de las industrias electrónicas de comunicación sobre las formas tradicionales de producción y circulación de cultura, tanto ilustrada como popular. b.- El desplazamiento de los consumos culturales de los equipamientos públicos (teatros, cines, bibliotecas, casas de la cultura y salas de concierto) a los medios electrónicos que llevan los mensajes a domicilio (radio, televisión, video, internet, etc..). c.- Disminución del papel de las culturas locales, regionales y nacionales ligadas a territorios e historias particulares en beneficio del incremento de los mensajes generados y distribuidos mediante circuitos transnacionales. d.- Redistribución de responsabilidades entre Estado e iniciativa privada respecto de la producción, financiamiento y difusión de los bienes culturales. |
Si bien puede asumirse la tendencia a la globalización como algo irreversible, los conflictos multiculturales que ésta plantea son principalmente tres: ¿Cuál será el destino de las culturas locales, regionales y nacionales en una etapa de globalización?. ¿Lo global se convertirá en un sustituto de lo local y esto llevará necesariamente a la homogenización cultural?. ¿El modo neoliberal de globalizarnos será el único posible?.
En cuanto al primer interrogante, hay que aceptar la tensión entre una cierta uniformación cultural que intenta convertir a los Estados Unidos y sus modos de vida en el único país que construye la industria cultural de lo imaginario y las diferencias culturales ligadas a esa historia sedimentada de las localidades, regiones y naciones. La identidad cultural ha salido modificada de la experiencia de la globalización, hoy tiende a ser identidad socio-comunicacional más que territorial, pero aún existen circuitos socioculturales en Iberoamérica ligados a lo étnico, lo regional, el patrimonio histórico y las culturas populares.
El circuito cultural conformado por lo histórico-territorial, que incluye saberes, hábitos y experiencias organizadas a lo largo de varias épocas en relación con territorios étnicos, regionales y nacionales, permanece sin ser plenamente diluido por la globalización. El estrechamiento y simultaneidad de la información no necesariamente termina borrando las diferencias culturales. Las políticas culturales locales y regionales cumplirán un papel determinante ante los desafíos que impone la globalización.
Las culturas nacionales no se han extinguido, pero sí expresan hoy, tanto severas modificaciones en su sentido, como designan una memoria histórica bastante inestable que se construye en interacción con referentes culturales transnacionales. Coexisten complejos y contradictorios procesos de declinación de lo nacional (que no son necesariamente anti-nacionales) con dinámicas expansivas de los mercados culturales; un ejemplo de ello es la importancia que han adquirido las ciudades y su conversión, la mayoría de ellas en ciudades de frontera.
El segundo interrogante, plenamente ligado al anterior, implica asumir la globalización como tendencia relativamente irreversible, pero una globalización que, como lo expresa la cultura japonesa, sea una forma cercana al "globalice": lo local globalizado, que no puede confudirse con lo global indiferenciado. Una ciudadanía-mundo que posibilite articular selectivamente lo cultural desde lo local, lo nacional y lo internacional. Un actuar profundamente local y poder pensar globalmente.
La relaciones culturales entre lo global y lo local no tienen que ser obligatoriamente de sustitución o subsunción.
El tercer cuestionamiento surge como un problema inherente a la esencia misma de la multiculturalidad: ¿acaso no existen también diversos modos simbólicos de globalizarnos?. Y siendo consecuentes con la perspectiva multicultural, tendremos que contestar: las diversas maneras en que la globalización incorpora a las distintas naciones y sectores sociales de éstas y el trato que establece con las culturas locales y regionales no puede llevarnos a pensar como si sólo buscara la homogenización. Muchas diferencias nacionales persisten bajo la globalización y en muchos casos esas diferencias terminan convirtiéndose en desigualdades. Por todo lo anterior, nunca dejará de ser una pregunta y también, de alguna manera, una sospecha, el cuestionamiento de si el estilo neoliberal de globalización es el único y más satisfactorio para los desafíos del presente humano.
Una globalización homogenizante que pretenda desconocer las particularidades culturales de las regiones y países terminará inevitablemente negando la multiculturalidad e implementando nuevas formas de dominación y exclusión.
Paralelamente a los procesos de globalización, a finales de la década del setenta de este siglo se inicia una importante discusión sobre la llamada "cuestión regional". Debate que expresa dos grandes preocupaciones que todavía hoy nos embargan: la búsqueda de una metáfora que incluya al mismo tiempo las dimensiones espaciales, histórico-temporales y culturales que posibilite la concepción de actores sociales moviéndose en territorios específicos y, la conciencia, como sostiene el historiador francés Fernando Braudel, de que las regiones y la etnias comparadas con los Estados Nacionales modernos son fenómenos de mucha más larga duración.
Cada región cultural siempre ha surgido de una acumulación de historia prodigiosa, con actores sociales concretos y sus diversidades culturales moviéndose en territorios específicos, mientras los Estados Nacionales a veces tienen algo de arbitrario. El principio de "a un Estado una cultura" es casi siempre una excepción.
La importancia que ha venido adquiriendo lo regional-local a nivel planetario se debe, entre otros motivos, al carácter generalmente contradictorio de las relaciones entre los Estados Nacionales y las regiones y al postergamiento de las demandas regionales y étnicas en los Estados contemporáneos. Los desequilibrios económicos y de poder en relación con los centros han contribuido a la pérdida de legitimidad de los gobiernos centrales.
En una fase de globalización, la región cada día se consolida como un interlocutor insustituible en la conformación del destino cultural y social de sus habitantes.
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La noción de Gestión Cultural ingresa al discurso cultural en Iberoamérica con bastante influencia hacia la segunda mitad de la década de los ochenta, tanto en las instituciones gubernamentales como en los grupos culturales comunitarios. Pretendió ser en sus inicios simplemente una propuesta distinta de actividad cultural a la realizada por denominaciones como "animadores y promotores culturales", "administradores y gerentes culturales" o "trabajadores culturales"; tal vez, las tres nociones utilizadas con preferencia en nuestra región, ya que denominaciones como "mediadores culturales", "ingenieros culturales" o "científicos culturales", importantes en otras latitudes, no tuvieron eco en nuestro medio.
Hoy tenemos que reconocer que estos diversos usos en los países iberoamericanos no son solamente la expresión de un ánimo renovador o diferenciador, sino que contienen insinuaciones y consecuencias relevantes en la dimensión cultural.
Cada una de las tres denominaciones ha tenido un origen histórico y unas intenciones particulares en su sentido; así también su recontextualización práctica y cultural necesariamente ha modificado su sentido histórico originario.
La noción de Animadores y Promotores Culturales posee una importante tradición en España. Parte del presupuesto de la necesidad de animar lo inanimado y del constante riesgo de que la cultura caiga en lo inanimado. Intenta aportar herramientas de conocimiento y de educación artística para enriquecer la creatividad personal y de las comunidades. Otorga a la actividad cultural la función de incrementar y fortalecer la mediación entre los productores y los receptores de cultura. Sus tesis principales son el incremento de las comunidades y el necesario apoyo a la intermediación, que conlleva una gran importancia de lo pedagógico.
La denominación de Gerentes y Administradores Culturales, con un peso significativo en Estados Unidos y Francia, acentúa la posibilidad y necesidad de organizar la actividad cultural con principios y criterios empresariales. Responde a nivel mundial al incremento de los presupuestos en cultura en la década de los setenta y a la conversión de la cultura en un poder público y un sector económico. No insiste tanto en la creatividad como en la urgencia de consolidar equipamientos culturales como empresas. Tal vez su proclama principal es : del equipamiento a la empresa cultural. En Iberoamérica esta visión ha adquirido importancia desde los inicios de los ochenta y existen en la región variados programas de formación con esta denominación.
La construcción Trabajadores Culturales constituye una noción característica y bastante difundida ante todo en América Latina. Posiblemente se basa en una relectura de la obra del pensador italiano Antonio Gramsci, e intenta sugerir la necesidad de romper la distinción entre trabajo material e intelectual. Todo trabajo de alguna manera es un quehacer cultural. Postula por ello la tarea de convertir a todos los ciudadanos en trabajadores de la cultura. Posee una noción extensa de cultura, realiza acciones para el rescate de lo popular y plantea un nexo indisoluble entre educación y cultura. El investigador chileno José Joaquín Brunner, llama a esta presencia gramsciana en el continente latinoamericano un modelo de "competencia hegemónica".
Los diversos países de la región adaptaron a sus realidades y expectativas estas nociones, como también otras (tales como Agentes Culturales, Tejedores o Actores), y conformaron su autoconcepción de la actividad cultural. Algunas comunidades y países las preservan hoy con algunas modificaciones.
Con el ingreso discursivo en los años ochenta de la expresión Gestión Cultural se han planteado por lo menos tres tesis diferenciables y significativas en Iberoamérica:
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La expresión Gestión Cultural está ligada por lo menos a cuatro grandes transformaciones contemporáneas de la dimensión cultural:
| a.- La extensión de la noción de cultura por motivos filosóficos, sociales, políticos y jurídicos. b.- La crisis de las nociones de política y desarrollo a partir de la década de los setenta. c.- La necesidad de políticas culturales que gestionen ámbitos más allá de la cultura artística, la cultura tradicional y el patrimonio. d.- La aceptación e importancia de repensar rigurosamente las interrelaciones entre Economía y Cultura. |
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| Estas cuatro transformaciones ¿son determinantes para la aceptación o no de la noción de Gestión Cultural? |
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Todas son preguntas complejas y abiertas, completamente necesarias para nuestra decisión para acoger o no la denominación de Gestión Cultural.
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Recomendamos, para profundizar la anterior temática, bibliografía reciente en español, como la siguiente:
Taylor, Ch. Multiculturalismo y Políticas del Reconocimiento. Edit. Fondo de Cultura Económica, México, 1994.
Menéndez, C. y Guédez, V. (editores). La formación en Gestión Cultural. Edit. SECAB y COLCULTURA, Colombia, 1994.
Menéndez, C. y Farfán M. (editoras). El Gestor Cultural: Agente de cambio social. Edit. Ministerio de Educación y Cultura de Ecuador. Subsecretaría de Cultura, SECAB y OEI., Colombia, 1995.
García Canclini, N.; Ottone, E. y Batista, M. La Economía de la Cultura Iberoamericana. Edit. CEDEAL y OEI, España, 1997.
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