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X Cumbre

Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura

Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura

Ciudad de Panam谩, Panam谩, 5 y 6 de septiembre de 2000

Politicas de ocio y cultura

Roberto San Salvador del Valle

SUMARIO

  1. La sociedad emergente como entorno
  2. La naturaleza del fen贸meno del ocio
  3. La cultura a trav茅s del fen贸meno del ocio
  4. Un modelo relacional de intervenci贸n pol铆tica en ocio y cultura
  5. Una pol铆tica dirigida a los ni帽os y los j贸venes

1. La sociedad emergente como entorno

La Sociedad del Bienestar nace a partir de la progresiva consolidaci贸n del Estado social, democr谩tico y de derecho que se impone sobre los rescoldos del Estado absolutista y sobre la evoluci贸n del Estado liberal. Las conquistas en el campo civil (Estado de derecho), en el 谩mbito pol铆tico (Estado democr谩tico) y en el terreno igualitario y solidario (Estado social) van configurando un nuevo orden pol铆tico, econ贸mico y social. Las revoluciones liberales que se suceden en el proceso de independencia americana, la revoluci贸n francesa, etc., junto a las revoluciones de car谩cter social, como la mexicana y la sovi茅tica, van aportando rasgos y perfiles a las sociedades occidentales de mediados del siglo XX. El 煤ltimo cuarto del siglo XX manifiesta una evoluci贸n de la Sociedad del Bienestar, donde la llamada sociedad civil, los sectores no p煤blicos, con o sin 谩nimo de lucro, y los propios ciudadanos, a t铆tulo individual, cobran un importante protagonismo. La unidireccionalidad marcada por un sector p煤blico omnipresente y l铆der de la mayor parte de los procesos pol铆ticos, sociales, e incluso, econ贸micos, se vuelve multidireccionalidad ante el empuje de los diversos sectores presentes en la sociedad. Sin embargo, el propio sector p煤blico entra en un proceso de reconversi贸n hacia nuevas f贸rmulas m谩s acordes con ese recorte del liderazgo. El Estado Relacional, propugnado por algunos autores (Mendoza, 1990), evoluciona en esta direcci贸n, sobre la base de una administraci贸n p煤blica menos intervencionista y m谩s consciente de sus propias limitaciones ante: el ciudadano emergente, la sociedad civil incipiente y la interacci贸n entre lo p煤blico y lo privado (D铆az, 1998:44). Se configura un estado m谩s flexible y difuso.

En ese cambio progresivo se consolida la idea de una Sociedad Red, a partir de la evoluci贸n de la Sociedad del Bienestar. La Sociedad Red, configurada por una profunda virtualizaci贸n del concepto espacio y una evoluci贸n del tiempo hacia la inmediatez, alteran las condiciones en que se ha desarrollado la Sociedad del Bienestar. Siguiendo en este apartado el punto de vista de Castells podemos afirmar que “como tendencia hist贸rica, las funciones y procesos dominantes en la era de la informaci贸n cada vez se organizan m谩s en torno a redes” (1998:555). Todas las actividades humanas se modifican de modo fundamental por causa de esta nueva estructura y morfolog铆a social. Si bien esta l贸gica est谩 presente en otras circunstancias de la Historia, el nuevo paradigma de la tecnolog铆a de la informaci贸n aporta: la informaci贸n como materia prima, su gran capacidad de penetraci贸n, la l贸gica de interconexi贸n de todo sistema que lo utiliza, la flexibilidad que se materializa en cambio constante y fluidez organizativa, la convergencia creciente en un todo altamente integrado. Los cambios son espectaculares y con un gran impacto en todos los dominios de la actividad humana.

La tecnolog铆a no determina la sociedad, de la misma manera que la sociedad no determina el desarrollo tecnol贸gico. Sin embargo, se produce un complejo modelo de interacci贸n, puesto que la tecnolog铆a aporta la base material de la sociedad y 茅sta soporta la progresi贸n de la primera. Las diferentes maneras de interacci贸n dan lugar a un modo de entender la existencia distinta, por parte de los individuos y las comunidades: el cambio de la base material, el desarrollo del tejido social y la propia identidad. En un Mundo de flujos globales, la b煤squeda de identidad, personal y colectiva, “se convierte en la fuente fundamental de significado social” (1998:29). La tecnolog铆a es, de alguna manera, expresi贸n de las condiciones concretas que le rodean y la sociedad es, de modo creciente, condicionada por el soporte material de sus flujos de relaci贸n. La innovaci贸n tecnol贸gica refleja una predisposici贸n mental de la poblaci贸n, un determinado estado de aglomeraci贸n del conocimiento cient铆fico y una cierta trama de instituciones, empresas y trabajadores cualificados.

En la emergente estructura y morfolog铆a en red, fruto del mencionado paradigma tecnol贸gico, se consolida un nuevo modelo social de car谩cter informacional y global. En cuanto al primer rasgo, lo que caracteriza dicho modelo “no es el car谩cter central del conocimiento y la informaci贸n”, sino la aplicaci贸n de estos 煤ltimos a “aparatos de generaci贸n de conocimiento y procesamiento” (1998:58) . Consiguientemente, no s贸lo estamos ante instrumentos de inmediata aplicaci贸n, sino, lo que es m谩s importante, ante procesos por desarrollar. En este contexto, sobresale la capacidad para crear, procesar y aplicar la informaci贸n basada en el conocimiento. La informaci贸n es el factor clave y “los flujos de mensajes e im谩genes de unas redes a otras constituyen la fibra b谩sica de nuestra estructura social” (1998:514). El poder de los flujos se impone a los flujos de poder, deriv谩ndose la atenci贸n de la intervenci贸n desde la acci贸n hacia la morfolog铆a y desde el fondo a la forma.

En cuanto al segundo rasgo, la globalidad, nos referimos a que la creaci贸n, producci贸n, consumo y circulaci贸n de todos los elementos presentes est谩n organizados a escala global, es decir, en una unidad de tiempo real a escala planetaria. Incluso, a pesar de f贸rmulas proteccionistas y restrictivas de todo tipo y condici贸n, el proceso parece irrefrenable. No obstante, la tesis de la globalizaci贸n “prescinde de la persistencia del estado naci贸n y del papel crucial del gobierno”, fuente de distribuci贸n competencial y de repertorios normativos. A pesar de que la diversidad sigue siendo importante, algunos rasgos b谩sicos van encontrando asiento: el capital se coordina globalmente, el trabajo se individualiza, las manifestaciones culturales quedan mediatizadas por la comunicaci贸n (a modo de un hipertexto audiovisual digitalizado), la pol铆tica se encierra en los medios, el liderazgo se identifica con el individuo que lo ostenta, etc. Este repertorio de cambios en curso, que van creando una metarred, suscita un paulatino distanciamiento entre los ciudadanos de esta Sociedad Red y otra parte significativa de ciudadanos (su vida, actividades y ubicaciones de referencia). El modelo se va haciendo global, que no mundial, puesto que no es posible confundir ambos t茅rminos: el primero integra a algunos, sean estos estados, econom铆as o ciudadanos, mientras que el segundo implicar铆a la plena integraci贸n de todos en los procesos emergentes. Si bien los procesos en curso pueden afectar de alg煤n modo a la Humanidad completa, sin embargo, siguen manifest谩ndose procesos de creaci贸n, producci贸n y consumo desconectados de esa Sociedad Red.

La base material de esta nueva configuraci贸n social en red es un conjunto de nodos interconectados, d谩ndose una menor distancia all谩 donde las tecnolog铆as de la informaci贸n garantizan su 谩gil interconexi贸n. La red es una estructura abierta y de geometr铆a variable, en relaci贸n con otras redes a trav茅s de unos conmutadores de relaci贸n. Los conmutadores que conectan las redes se convierten en los aut茅nticos instrumentos de poder. Toda actividad humana, como el ocio o el trabajo, tienden a coexistir en espacios y tiempos diferentes. Unos, preexistentes, son denominados por dicho autor como espacio de los lugares y tiempo de reloj de la vida cotidiana. Otros, en proceso de configuraci贸n, son adjetivados como espacio de flujos y tiempo inmediato de las redes inform谩ticas.

El resultado del proceso descrito, desde la perspectiva de las Pol铆ticas de Ocio y Cultura en Iberoam茅rica, mantiene el redimensionamiento del sector p煤blico y el aumento del papel de otros sectores. Pero, en todo caso, el propio flujo, a trav茅s del cual se establece un modelo de interacci贸n de car谩cter radicalmente distinto a lo conocido, cobra todo el protagonismo. En el marco de la Sociedad Red, no asistimos necesariamente a la disoluci贸n del Estado, sino m谩s bien estamos ante un nuevo equilibrio entre el protagonismo de otros sectores y la p茅rdida de liderazgo excluyente de la administraci贸n p煤blica. Pero, esto no significa ni su desaparici贸n ni el relevo en este liderazgo exclusivo por otros sectores. Se impone la Sociedad en su conjunto, como la suma de sectores y agentes con propuestas e iniciativas de naturaleza distinta, pero cada vez m谩s interdependientes. Consecuentemente cabe extraer la idea de que la intervenci贸n pol铆tica en el Ocio y la Cultura, de comienzos de milenio, debe ser cada vez m谩s relacional: profundizando en la idea de Sociedad Planetaria, dando un mayor sentido al futuro en ciernes, reforzando el contenido frente al continente, con la preeminencia de la relaci贸n sobre el flujo.

2. La naturaleza del fen贸meno del ocio

En el entorno descrito, cabe preguntarnos: 驴en qu茅 consiste el fen贸meno del ocio? y 驴cu谩l es el papel a desempe帽ar por el ocio? 驴en esta sociedad emergente?. El ocio ha sido objeto de manifestaciones de desprecio y afecto en el presente siglo. Como todo fen贸meno, conocido insuficientemente en todas sus potencialidades, genera furibundos detractores y apasionados ac贸litos. Ha sido anatemizado como algo plebeyo y perverso y, al mismo tiempo, convertido en el eje fundamental de una nueva civilizaci贸n. A este respecto, Enrique Gil Calvo da pistas sobre el origen del desacuerdo en la consideraci贸n del fen贸meno:

"Ese inicial dualismo premoderno entre clase ociosa y clases forzadas a trabajar ha contaminado la definici贸n moderna de la dicotom铆a trabajo/ocio, que ha quedado te帽ida de ese manique铆smo entre lo socialmente superior e inferior. Pero a causa de una curiosa transvaloraci贸n 茅tica (quiz谩 relacionada con la doble naturaleza del "ocio de los antiguos" que se desdoblaba en "vita activa" frente a "vita contemplativa") el traslado del dualismo social ha supuesto una inversi贸n: lo valorado como socialmente superior es el tiempo de trabajo, mientras que lo devaluado como inferior es el tiempo de ocio" (1995:26).

No obstante, en la 煤ltima d茅cada y en las generaciones m谩s j贸venes se observa una nueva inversi贸n de los t茅rminos, dotando de un papel secundario al mundo del trabajo en la escala de prioridades. Se est谩 pasando del vivir para trabajar de nuestros mayores al trabajar para vivir de los m谩s j贸venes. El ocio, lejos de ser una cuesti贸n peregrina o intrascendente, motiva controversias y provoca desajustes a las puertas del nuevo milenio: la reorganizaci贸n del mundo del trabajo, la reducci贸n de la jornada laboral, el impacto econ贸mico del turismo, la implantaci贸n del cobro de la entrada a los museos, el crecimiento del n煤mero de lud贸patas, la extensi贸n de la libre circulaci贸n al deporte profesional, la aplicaci贸n de las nuevas tecnolog铆as a las pr谩cticas de ocio o la normalizaci贸n del derecho al ocio de colectivos especiales, minoritarios o desfavorecidos. Todas estas cuestiones han sido objeto de atenci贸n de acad茅micos, escritores e intelectuales, de debate en los medios de comunicaci贸n y de conflicto en foros pol铆ticos y sociales. El ocio no es una cuesti贸n secundaria, ni en el plano social, ni en el pol铆tico, ni en el ambiental, ni en el econ贸mico. En el caso de los autores castellano hablantes existe, adem谩s, un problema sem谩ntico a la hora de referirnos al concepto ocio. Se da una duplicidad de t茅rminos en torno a dicho concepto: la propia palabra ocio y la expresi贸n tiempo libre. Entre ambos se produce una indefinici贸n conceptual que no es resuelta por los autores.

El t茅rmino ocio adquiere distintos significados. En unos casos, aparece vinculado a su origen latino, contrapuesto a tripalium o nec-otium, engarzando con la idea de gratuidad, no-trabajo y libertad. En otros casos, este mismo t茅rmino lleva asociada una gen茅rica carga peyorativa plasmada en adjetivos, como ocioso, o sustantivos, como ociosidad, que desvirt煤an una rigurosa aproximaci贸n a su contenido y naturaleza. As铆 lo expresa Jos茅 Luis L. Aranguren:

“La palabra misma ocio ha perdido casi todo su sentido positivo, para hacerse sin贸nima bien de hast铆o, bien de ociosidad. El hombre hace ya mucho tiempo que no es capaz de soportar un esparcimiento tranquilo y, en general, solamente gusta de entregarse a las fren茅ticas diversiones que proporcionan los espect谩culos de masas” (1961:167).

El Diccionario de la Real Academia recoge un doble significado del ocio como: cese del tiempo de trabajo y entretenimiento en obras de ingenio. La expresi贸n tiempo libre, por su parte, es contemplada tambi茅n desde una doble lectura como: un tiempo residual compensatorio del tiempo de trabajo o enlazado a la experiencia subjetiva de libertad. El primer sentido es alimentado por la din谩mica productiva, mientras que el segundo se vincula a un planteamiento m谩s educativo y social. Los t茅rminos recogen tradiciones distintas que se plasman en desarrollos diversos del concepto: el ocio inactivo y reparador frente al ocio liberado y liberador.

En el conjunto de los Estudios de Ocio, la idea del ocio es definida por tres variables fundamentales: tiempo, actividad y experiencia subjetiva. Todas ellas son recogidas por los autores en distintas combinaciones, con presencias y ausencias seg煤n los casos. En palabras del autor ingl茅s Ian Henry:

"El ocio es definido en t茅rminos de `tiempo residual' o por su `funci贸n', tradicionalmente en oposici贸n al trabajo, en t茅rminos de `contenido', actividades de ocio, o como un `estado ideal de la mente'” (1993:3).

Desde el momento en que se produjo la primera identificaci贸n del ocio con la idea de tiempo, se establece una relaci贸n dial茅ctica con la idea de tiempo industrial. La aceptaci贸n de dicha relaci贸n dial茅ctica y del modelo actual de gesti贸n del tiempo supone tambi茅n la aceptaci贸n de su estructura insolidaria. En dicha estructura coexisten: acumulaciones de tiempos productivos y retribuidos, en los que para unos la abundancia econ贸mica introduce la utilidad del tiempo escaso, mientras una minor铆a polimorfa y creciente en n煤mero se hunde en el sentimiento de la improductividad. En este contexto, el ocio se ve envuelto en una din谩mica en la que es definido como tiempo compensatorio y complementario, vincul谩ndose de modo constate a la negaci贸n del trabajo y renunciando a las potencialidades que posee al margen de su interrelaci贸n con el mismo. El ocio es un fen贸meno mucho m谩s complejo que el mero no-trabajo. Evoluciona con el tiempo, pero 茅ste s贸lo resulta una de las claves de identificaci贸n del fen贸meno.

Existe una segunda corriente de pensamiento que interpreta el concepto ocio en relaci贸n con un conjunto de actividades. Su materializaci贸n en actividades concretas es la experiencia m谩s perceptible del ocio para la mayor铆a de los ciudadanos. El fen贸meno acaba siendo reducido a una taxonom铆a, m谩s o menos completa, que organiza las actividades en bloques. La actividad es la realidad tangible en la que se manifiesta, una de las variables que definen el fen贸meno, pero que no lo agotan en su potencialidad.

Por otro lado, desde la tercera interpretaci贸n, el ocio se define como experiencia subjetiva de libertad. Entendemos el fen贸meno de modo positivo, no hay negaci贸n, pero se impregna de idealismo. En los tiempos de posguerra, la sociedad del bienestar auguraba pleno empleo y protecci贸n social. La planificaci贸n y la ingenier铆a social, apoyada en el cientifismo, como nueva religi贸n, consideraba que todo es susceptible de ser analizado, diagnosticado y dirigido. Pero, con la crisis de los 70, la postmodernidad marca el final de los grandes relatos, se presenta como la ideolog铆a de una generaci贸n sin futuro, cr铆tica ante el sistema de valores que estructura la sociedad. El ocio se percibe exento de su capacidad transformadora anterior. Desde una interpretaci贸n como experiencia subjetiva, no se responde a los problemas surgidos de la explotaci贸n de los bienes y servicios generados (actividades de ocio) y a los problemas provocados por la reorganizaci贸n de los ritmos (tiempos personal e inmediato) y de los flujos vitales (espacio de los flujos).

Ante semejante diversidad de enfoques, nos proponemos alcanzar una interpretaci贸n relacional del ocio, m谩s integradora, que recupere las aportaciones m谩s significativas de las tres tradiciones. Seguimos en esta tarea a Max Kaplan cuando, refiri茅ndose al concepto ocio, intenta aproximar los tres aspectos:

"Consiste en una relativamente autodeterminada experiencia y actividad, que participa de la dimensi贸n econ贸mica del tiempo libre, que es percibido como ocio por qui茅n lo usa, que es placentero psicol贸gicamente, que potencialmente cubre toda serie de compromisos, que contiene normas y limitaciones caracter铆sticas y que posibilita oportunidades para la recreaci贸n, el crecimiento personal y el servicio a los dem谩s"(1975:26).

El objetivo es la concreci贸n de una definici贸n suficientemente flexible para integrar nuevas dimensiones y funciones de la nueva realidad social: expresadas en experiencias subjetivas de nuevo cu帽o, materializadas en actividades de nueva g茅nesis y manifestadas en espacios y tiempos distintos. Con tal fin, podemos definir el ocio, en el marco de la sociedad emergente, como una experiencia personal y un fen贸meno social, que participa una serie de dimensiones de car谩cter autot茅lico y exot茅lico, posibilitando o impidiendo el desarrollo de procesos de interiorizaci贸n y actividad, en el marco de los tiempos y espacios en los que se manifiesta.

3. La cultura a trav茅s del fen贸meno del ocio

La cultura es, en este contexto, analizable a trav茅s las dimensiones del ocio a las que nos hemos referido en la definici贸n. Entendemos por dimensi贸n, cada una de las magnitudes de un conjunto que sirven para definir un fen贸meno. Por lo tanto, cada dimensi贸n es un aspecto del fen贸meno que configura. En este caso nos limitamos a se帽alar las magnitudes, las propiedades y manifestaciones, que definen, desde un plano personal y social, el fen贸meno del ocio en la actualidad. Las dimensiones del ocio pueden mostrar un sentido progresivo o regresivo, rompiendo con la id铆lica imagen de la nueva civilizaci贸n sustentada y apoyada en un ocio plenamente positivo. Se manifiesta, igualmente, como instrumento de crecimiento, maduraci贸n, emancipaci贸n y bienestar, que como factor de desestabilizaci贸n, degeneraci贸n, dependencia y malestar. De esta manera Manuel Cuenca sit煤a la direccionalidad negativa del ocio en el contexto en que: "la realizaci贸n de esta experiencia se muestra con un car谩cter negativo, bien desde el punto de vista de la sociedad en la que dicha acci贸n se manifiesta, bien desde la percepci贸n del propio sujeto que la vivencia" (1995:56). Mientras que al referirse a la direccionalidad positiva la define como "la que habitualmente va unida a la vivencia gratificante del mismo, tanto desde el punto de vista de la persona como de la sociedad". No obstante, optamos por presentar, sin discriminaci贸n aprior铆stica, todas las dimensiones que consideramos analizables: creativa, l煤dica, festiva, ecol贸gica, solidaria, productiva, preventiva, terape煤tica, consuntiva, alienante, ausente y nociva.

As铆 mismo, sus dimensiones pueden favorecer el desarrollo de un ocio autot茅lico o exot茅lico. En el desarrollo del ocio autot茅lico, los fines de los procesos de interiorizaci贸n o de la actividad encuentran sus l铆mites en el propio ocio. Su experiencia personal y colectiva comienza y termina en los contornos del mismo. Su existencia justifica el fin del propio fen贸meno y su desaparici贸n envilece su contenido. El ocio exot茅lico es aquel en el que los fines son ajenos a su naturaleza intr铆nseca, el ocio se encuentra al servicio de otros fines. La presencia de factores sociales, econ贸micos, pol铆ticos o ambientales condicionan una interpretaci贸n extr铆nseca de la experiencia o actividad de ocio. Una doble aproximaci贸n al fen贸meno social como sacudida emocional” (Elias y Dunning,1986:100) o racionalizaci贸n intencional. No obstante, tampoco establecemos el car谩cter autot茅lico o exot茅lico de las dimensiones a priori.

Con el objetivo de profundizar en el concepto de ocio, vamos a recalar en las dimensiones que definen el fen贸meno. Cada una de ellas se caracteriza por los procesos personales y sociales que genera, las actividades protot铆picas en las que se manifiesta, los tiempos y los espacios en los que se materializa. La taxonomizaci贸n planteada no se muestra como cerrada e inflexible, puesto que algunas de las dimensiones planteadas pueden desaparecer o verse modificadas, e incluso, puede incluirse otras nuevas en un futuro pr贸ximo. Esta 煤ltima posibilidad es una consecuencia del doble efecto provocado por el espacio de los flujos y el tiempo inmediato. La presencia de una dimensi贸n en la realidad observada no excluye la posible coexistencia con las dem谩s. Sin embargo, su observaci贸n nos ha llevado a identificar los procesos, actividades, tiempos y espacios en torno a aquellas que consideramos m谩s definidas en su perfil actual. En el siguiente cuadro, presentamos una taxonom铆a de las dimensiones, de acuerdo a los aspectos personal y social del fen贸meno que permiten definir.

Cuadro 1. Las dimensiones del fen贸meno del ocio

DIMENSIONES
PROCESOS PERSONALES Y SOCIALES
ACTIVIDADES PROTOTIPICAS
CREATIVA
Desarrollo personal
Autoafirmaci贸n
Introspecci贸n
Reflexi贸n
Artes
Turismo alternativo
Nuevos deportes
Deportes de aventura
Hobbies
LUDICA
Descanso
Diversi贸n
Juego
Pr谩ctica cultural
Turismo tradicional
Pr谩ctica deportiva
Paseos
Tertulia
FESTIVA
Autoafirmaci贸n colectiva Heterodescubrimiento
Apertura a los dem谩s
Socializaci贸n
Ruptura de cotidianeidad
Sentido de pertenencia
Fiesta
Patrimonio
Folklore
Turismo cultural
Deporte espect谩culo
Eventos
Parques tem谩ticos
Parques de atracciones
ECOLOGICA
Vinculaci贸n al espacio
Capacidad de admiraci贸n
Contemplaci贸n
Recreaci贸n al aire libre
Turismo urbano
Arte en la calle
Turismo rural
Ecoturismo
Deporte al aire libre
SOLIDARIA
Vivencia del otro
Participaci贸n asociativa
Gratuidad
Voluntariedad
Ocio comunitario
Animaci贸n sociocultural
Animaci贸n tur铆stica
Turismo social
Deporte para todos
Asociacionismo
Educaci贸n del tiempo libre
PRODUCTIVA
Bienestar
Utilidad
Profesionalizaci贸n
Industrias culturales
Sector del turismo
Deporte profesional
Establecimientos recreativos
Actividades del juego y apuestas
Servicios ocio-salud
Bienes de equipo y consumo
CONSUNTIVA
Consumo
Mercantilizaci贸n
Compra de productos, bienes y servicios tur铆sticos, culturales, deportivos y recreativos
PREVENTIVA
Prevenci贸n
Precauci贸n
Ocio preventivo
Educaci贸n para la Salud
Programas preventivos
TERAPEUTICA
Recuperaci贸n
Calidad de vida
Ocio terap茅utico
Ocio y Salud
ALIENANTE
Enajenaci贸n
Cualquier actividad
AUSENTE
Aburrimiento
Desinter茅s
Inactividad
NOCIVA
Pr谩cticas abusivas
Dependencia ex贸gena
Ociopat铆as
Ludopat铆as

Fuente: elaboraci贸n propia

Del cuadro anterior se deriva una reinterpretaci贸n de la intervenci贸n en el 谩mbito de la cultura, por un lado, m谩s amplia en sus horizontes y, por otro, m谩s cercana a otros 谩mbitos del ocio. Se trata de observar el 谩mbito de la cultura a la luz de su posible interrelaci贸n con el turismo, el deporte y la recreaci贸n. El ciudadano actual gestiona su experiencia personal y social de ocio bajo los soportes de actividad cultural, deportiva, tur铆stica o recreativa de un modo abierto y flexible. La demanda de servicios y productos de ocio es una, aunque la oferta cultural, deportiva, tur铆stica o recreativa se muestre fragmentada y dispersa.

4. Un modelo relacional de intervenci贸n pol铆tica en ocio y cultura

De la lectura de los apartados anteriores se derivan algunas tareas que deben completarse en este cuarto, en la formulaci贸n de un modelo relacional de an谩lisis, evaluaci贸n y dise帽o de intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio y la cultura. El objetivo primordial consiste en desarrollar un modelo sensible al entorno social y al contexto te贸rico emergente:

El resultado es un modelo relacional para el an谩lisis, dise帽o y evaluaci贸n de la intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio y la cultura. Dicho modelo se fundamenta en:

La formulaci贸n de una propuesta de un modelo relacional de intervenci贸n pol铆tica se fundamenta en la identificaci贸n de una serie de par谩metros que definen el mencionado car谩cter relacional. Apuntamos diez par谩metros b谩sicos que pasamos a presentar brevemente:

1. Una vez observado el espectro ideol贸gico actual y el trazado que describe su evoluci贸n, consideramos que un modelo relacional de intervenci贸n pol铆tica se caracteriza por la b煤squeda de nuevas formulaciones ideol贸gicas. Dichas propuestas pueden ocupar el espacio de la actuales, completar los intersticios creados o situarse en los nuevos m谩rgenes ideol贸gicos. Desde la perspectiva relacional, deben hacer frente al problema de la creciente dualizaci贸n social, por medio de la definici贸n de un modelo de sociedad, que contemple: una escala de valores, la definici贸n del papel de sectores y agentes, el desarrollo de mecanismos de participaci贸n pol铆tica y un modelo econ贸mico.

2. Desde la perspectiva de un modelo relacional de intervenci贸n pol铆tica, el ocio y la cultura quedan recogidos dentro de la formulaci贸n ideol贸gica, como fen贸meno social que son. La definici贸n del papel social desempe帽ado por el ocio y la cultura debe expresar tanto su significado social como el

modelo que se va a seguir en su desarrollo. Su significado se encuentra 铆ntimamente relacionado con la escala de valores que van a ser potenciados de modo preferente. El modelo de desarrollo depende del papel concedido a todos y cada uno de los sectores implicados, los mecanismos de participaci贸n pol铆tica establecidos y el modelo econ贸mico propuesto.

3. Toda intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio y la cultura, desde un enfoque relacional, forma parte de la espiral de la intervenci贸n en la que se integran todos los niveles, desde lo global a lo local. La glocalizaci贸n, desde nuestro punto de vista, es la capacidad de una pol铆tica para ubicarse en un entorno cambiante y en equilibrio inestable, independientemente del nivel en que se desarrolle. La interdependencia entre los diversos niveles (global, internacional, continental, estatal, nacional, regional, local, social, etc.) conlleva la consideraci贸n simult谩nea de todos ellos en el an谩lisis, dise帽o o evaluaci贸n de la propia intervenci贸n.

4. El principio de subsidiariedad recuerda la conveniencia de que toda necesidad sea cubierta por el nivel m谩s cercano a la realidad que la demanda. El principio de corresponsabilidad plantea la implicaci贸n de toda decisi贸n y acci贸n en una realidad que trasciende lo m谩s pr贸ximo y cercano. El equilibrio entre ambos posibilita la correcta articulaci贸n de los distintos niveles, lo que desemboca en la integraci贸n de los sentidos (centralidad, desconcentraci贸n, descentralizaci贸n y comunitarizaci贸n). La integraci贸n de los sentidos de la intervenci贸n se produce a partir del equilibrio entre los principios de subsidiariedad y corresponsabilidad.

5. La correcta armonizaci贸n de los sentidos nace del cruce equilibrado de dos ejes: centro/periferia y proceso/resultado. La intervenci贸n como proceso es aquella que prima los medios, herramientas, procedimientos y estilos. La intervenci贸n como resultado es aquella centrada en la producci贸n, promoci贸n, distribuci贸n y difusi贸n de un bien, producto o servicio. La intervenci贸n desde el centro es aquella que ejerce una preponderancia en relaci贸n con otros niveles subsidiarios. La intervenci贸n desde la periferia es aquella que desarrolla una dependencia competencial y de cuota de soberan铆a con respecto a niveles recurrentes. Toda intervenci贸n es central y perif茅rica a la vez. Toda intervenci贸n puede ser observada como proceso y resultado. Consecuentemente, los sentidos de la intervenci贸n pueden estar presentes en una propuesta relacional de modo simult谩neo.

6. Las Pol铆ticas de Ocio y Cultura son el resultado de la intervenci贸n de diversos sectores (p煤blico, privado con 谩nimo de lucro, asociativo y ciudadanos) y agentes (pol铆ticos, t茅cnicos, empresarios, profesionales, directivos, socios, usuarios y activistas). El rombo relacional es el resultado de la presencia activa y la interacci贸n de los mencionados sectores y agentes. Cada uno de los sectores y agentes establece un protocolo de relaci贸n con los dem谩s en raz贸n del nivel de aceptaci贸n o rechazo de los objetivos propios y ajenos.

7. El principio de coordinaci贸n es aquel que recuerda la necesidad de que exista una identificaci贸n en los fines que se persiguen y en los medios que se consideren. El principio de participaci贸n es aquel que posibilita la presencia de sectores y agentes implicados en el dise帽o, desarrollo y evaluaci贸n de la intervenci贸n. La integraci贸n de ambos principios se produce por la aplicaci贸n de la pedagog铆a de la comunicaci贸n, es decir, el conjunto de estrategias y t茅cnicas que tienen por finalidad aumentar el grado de intrarrelaci贸n, dentro de la entidad, y de interrelaci贸n, con otros sectores y agentes.

8. La consideraci贸n de los perfiles de la sociedad emergente (sobre todo la importancia adquirida por los flujos inmediatos), junto a las dimensiones del fen贸meno analizado, nos permiten identificar los 谩mbitos actuales del ocio (cultura, turismo, deporte y recreaci贸n). A partir de los 谩mbitos identificados, proponemos una taxonom铆a que responde a una interpretaci贸n relacional y transversal de sus contenidos, a partir de cuatro criterios: actividad, espacio, tiempo y participante.

9. El principio de delimitaci贸n de contenidos posibilita el establecimiento de l铆mites a la propia intervenci贸n, de acuerdo a criterios de competencia, capacidad, organizaci贸n y comunicaci贸n.

10. La praxis pol铆tica conlleva el desarrollo de normas, planes, modelos de gesti贸n y programas que lleven a buen t茅rmino los objetivos propuestos. La consideraci贸n de un modelo relacional de intervenci贸n implica el respeto de una serie de principios en su desarrollo, tales como los de: garant铆a, protecci贸n, consenso, complementariedad, continuidad, control, idoneidad, distribuci贸n, impacto, emancipaci贸n, inclusi贸n, equiparaci贸n, sostenibilidad y calidad.

El modelo resultante es la combinaci贸n de dos elementos fundamentales: la ideolog铆a y la praxis. El resultado es un modelo relacional de intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio y la cultura. A partir del modelo propuesto, desarrollaremos el grado de relacionalidad de una intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio y la cultura de una entidad p煤blica o privada.

Nuestra preocupaci贸n fundamental es garantizar el pleno desarrollo del derecho al ocio de todos los ciudadanos, mediante un modelo de intervenci贸n pol铆tica, m谩s acorde a los perfiles de la sociedad actual. Para lo que planteamos un modelo de an谩lisis, dise帽o y evaluaci贸n de la intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio y la cultura, que posibilite el desarrollo futuro de los derechos ciudadanos alcanzados en la sociedad de bienestar, entre los que se encuentra el derecho al ocio. La respuesta la hemos buscado en la fundamentaci贸n y la propuesta de un modelo relacional.

Podemos afirmar que la intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio, por parte de la entidad analizada, manifiesta un mayor o menor grado de relacionalidad cuando: las condiciones del ambiente (contexto, entorno y antecedentes) lo favorecen y los rasgos ideol贸gicos y pr谩cticos propios cumplen una serie de requisitos, como los anteriormente apuntados. Un modelo relacional de an谩lisis, dise帽o y evaluaci贸n de la intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio (cultura, turismo, deporte y recreaci贸n), posibilita el desarrollo de los derechos ciudadanos alcanzados en la sociedad de bienestar, entre los que se encuentra el derecho al ocio, al integrar mejor los diversos elementos que se manifiestan actualmente en abierta contradicci贸n.

5. Una pol铆tica dirigida a los ni帽os y los j贸venes

La propuesta de modelo relacional de intervenci贸n pol铆tica en los 谩mbitos del ocio y la cultura debe ser sensible a: por un lado, las necesidades y deseos de las personas y ciudadanos a los que van dirigidas; y, por otro, las necesidades y demandas de los grupos sociales que componen la comunidad.

Consecuentemente, dichas pol铆ticas deben tener muy en cuenta a la infancia, juventud, adultos, personas mayores, mujeres, personas con discapacidad, marginados sociales, inmigrantes, minor铆as 茅tnicas, etc. Las Pol铆ticas de Ocio y Cultura deben mostrarse especialmente permeables a la diferencia que, como individuo o como grupo, constituye nuestra identidad personal o social. El respeto a la diferencia obliga al desarrollo de un modelo relacional de intervenci贸n que implique pol铆ticas personalizadas y comunitarizadas. Las primeras sit煤an la persona y su car谩cter 煤nico e irrepetible en el eje de la acci贸n pol铆tica. Lo m谩s importante es desarrollar una intervenci贸n pol铆tica asim茅trica, cercana a los anhelos y las necesidades de cada ciudadano. Las segundas se orientan al cuidado de los grupos, colectivos y comunidades que, con su presencia, enriquecen y matizan los perfiles de la sociedad en su conjunto.

L贸gicamente, todo lo anterior puede ser interpretado desde la intervenci贸n dirigida a los ni帽os y los j贸venes, a la infancia y a la juventud. Cuando marcamos la diferencia entre ni帽os e infancia es porque queremos subrayar que tendremos que dise帽ar una Pol铆ticas de Ocio y Cultura dirigidas a la comunidad (infancia) y otras a la persona (ni帽o). Dicha situaci贸n se repetir谩 en el caso de la juventud y los j贸venes.

Podemos hablar de pol铆ticas para la infancia y la juventud, con la intencionalidad de establecer unos par谩metros de intervenci贸n comunes para esas etapas fisiol贸gicas, psicol贸gicas, sociol贸gicas, etc. que reconocemos como tales. Buscamos los patrones comunes que nos permitan abordar el grupo con medidas adaptadas a su realidad social, econ贸mica, educativa, etc. Sin embargo, como consecuencia del avance de los perfiles sociales emergentes, a los que nos refer铆amos al comienzo de este documento, la fragmentaci贸n se une a la segmentaci贸n. Dicho de otro modo, junto a la tradicional visi贸n de la sociedad organizada en grupos de sociales y de edad, se abre paso la consideraci贸n de diferentes estilos de vida, con una lectura mucho m谩s multivariante. Cada vez resulta m谩s dif铆cil hablar de juventud y m谩s acertado referirnos a j贸venes. Al igual que resulta m谩s ajustado hablar de ni帽os que de infancia. Cada uno de estos colectivos manifiesta un amplio repertorio de estilos y modos de vida que demandan infraestructuras, servicios y productos de ocio y cultura muy diversos.

Las Pol铆ticas de Ocio y Cultura dirigidas a la Infancia y la Juventud tienen que, en un dise帽o relacional, ser permeables a la presencia de 谩reas sociales marcadas por diferentes estilos de vida. Los ni帽os y los j贸venes se presentan fragmentados, en grupos de perfiles sociales distintos entre s铆, que requieren respuestas espec铆ficas e integrales. Es tiempo de personalizar las infraestructuras, servicios y productos de ocio y cultura. Y esto 煤ltimo no implica necesariamente multiplicar los recursos, aunque un mayor volumen de recursos puede favorecer una mayor calidad en la oferta. Lo m谩s importante, el factor clave de todo modelo relacional de intervenci贸n pol铆tica, es potenciar la comunicaci贸n, la pedagog铆a de la comunicaci贸n, el h谩bito de establecer di谩logo entre los diversos protagonistas de la experiencia de ocio (profesionales y t茅cnicos, ciudadanos y usuarios, responsables pol铆ticos, miembros de asociaciones y fundaciones, empresarios, etc.). Por lo tanto, si estas pol铆ticas se dirigen al colectivo infantil o joven, lo fundamental es alcanzar un umbral 贸ptimo de comunicaci贸n entre sus necesidades, deseos y demandas y la oferta que estamos dispuestos a poner a su disposici贸n.

Notas

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  2. D铆az, A., Estado Relacional y nueva Gesti贸n P煤blica, en Varios, Alcobendas, Plan Ciudad, Alcobendas, 1998.
  3. Castells, M., La Sociedad Red, en La Era de la Informaci贸n, vol.1, Alianza, Madrid, 1997 (versi贸n original: The Rise of the Network Society, en The Information Age, vol.1, Blackwell Publishers, Massachusetts, 1996.
  4. Gil Calvo, E., Elogio del ocio, en La sociedad del ocio, Temas para el Debate, n潞9-10, agosto-septiembre, 1995.
  5. Aranguren, J.L., El ocio y la diversi贸n en la ciudad, en La juventud europea y otros ensayos, Seix Barral, Barcelona, 1961.
  6. Henry, I., The Politics of Leisure Policy, MacMillan, Londres, 1993
    Kaplan, M., Leisure: Theory and Policy, John Wiley, Nueva York, 1975.
  7. 7. Cuenca, M., Temas de Pedagog铆a de Ocio, Universidad de Deusto, Bilbao, 1995.
  8. 8. Elias, N. y Dunning, E., The Quest for Excitement in Leisure, Blackwell, Oxford, 1986.
Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura 2000
X Cumbre Iberoamericana

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