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La narración de la experienciaPara mayor claridad se ha divido esta Guía en dos partes:
Nombre de la institución(1):
(no utilizar siglas) Domicilio:
Completar según la denominación de cada país:
Nombre, apellido y cargo de tres personas designadas como responsables de la experiencia
Nivel educativo de la institución
Especifique, cuando corresponda, el tipo de régimen, modalidad, orientación, trayecto técnico-profesional u otros Dependencia de la institución
Organización institucional
* Especificar cuáles Jornada de funcionamiento de la institución
Ubicación de la institución
Describa brevemente las características socioeconómicas
y culturales de la población y de la zona en la que se ubica la
institución:
Características del alumnado
Nivel socioeconómico promedio del alumnado:
Si los alumnos trabajan, además de ir a la escuela, indique el
porcentaje aproximado: Especifique las áreas ocupacionales en las que frecuentemente
trabajan los alumnos: Describa brevemente otras características del alumnado, si lo
considera pertinente: (1) En el caso de que se trate de un grupo de escuelas, se debe completar un formulario por cada escuela. (2) Tenemos presente que muchas de las instituciones educativas no tienen acceso a internet. Por ello sugerimos abrir una cuenta gratuita en la medida de lo posible. Es importante aclarar qué ésta no es condición excluyente. (3) Establecimientos de gestión privada subvencionados
por el Estado.
La escritura de las prácticas es un modo de evocar, reflexionar e interpretar lo que conocemos y experimentamos de primera mano: el quehacer cotidiano, los nuevos proyectos que ponemos en marcha... Se trata de narrar lo propio, de escribir las experiencias que valoramos especialmente, lo que implica una segunda apropiación, la de la página en blanco ante la cual tenemos que soltar la mano y plasmar una historia. Esta historia no es la acción en sí misma, sino una versión de ella; una obra en la que nos convertimos en personajes y que elaboramos a partir de fragmentos y relaciones que juzgamos importantes. Como maestros-escritores iniciamos un diálogo con maestros-lectores a través del relato, tratando de mostrar los avatares de la incesante y nunca acabada construcción de la escolaridad. Es una tarea que enriquece el repertorio de saberes pedagógicos y posibilita que nuestra experiencia no quede circunscripta a los muros de la escuela o circule sólo de boca en boca.
Nuestros interlocutores están familizarizados con los temas y las problemáticas que abordamos a diario y, como nosotros, están preocupados por la acción. En el oficio de enseñar estamos más habituados a hacer que a escribir lo que hacemos, pero esto no significa que la escritura sea una tarea imposible. Sí nos exige explicarnos a nosotros mismos cuál es el sentido de nuestra acción, muchas veces implícito, y ser capaces de transmitirlo a un interlocutor. Algunas de las cuestiones enumeradas a continuación no constituyen un método para escribir sino un enfoque para analizar y comunicar cómo hacemos escuela Narrar lo significativo Contamos lo que tiene valor para nosotros porque allí ocurrió algo de lo educativo. Esto nos lleva a leer, interpretar y escribir nuestra propia práctica de modo tal que podamos extraer y comunicar lo que la hace significativa. Centramos la atención en lo que tiene valor para la escuela, el grupo de docentes, los alumnos Dar cuenta de la singularidad Como toda acción escolar se realiza en contextos específicos, tratamos de comunicar un orden de sentido que corresponde tanto a la historia como al aquí y al ahora de la experiencia. Narramos una manera de hacer que no puede desligarse del contexto y circunstancias que la enmarcan. Una narración que describe y explica Un texto requiere un núcleo temático, un argumento, una descripción de lo sucedido. Pero ese escrito adquiere mayor riqueza cuando explicamos y meditamos sobre un suceso, cuando develamos un enigma pedagógico. Entonces, la apropiación que hace el lector puede reconocer elementos significativos y pistas que lo ayudan en su quehacer particular. Explicitar nuestros marcos de referencia La narración de una acción educativa lleva a explorar los pensamientos que no se piensan, a reflexionar tanto sobre los conceptos y perspectivas, finalidades y supuestos con los que diseñamos nuestro proyecto, como sobre los que construimos en el transcurso de las prácticas. Se trata del capital invertido y acumulado en los diferentes hitos de nuestro quehacer profesional, de los repertorios de conocimientos que van transformándose con el tiempo y que, a la hora de elaborar un relato, debemos hacer explícitos. Aludir a los problemas de la acción Escribir las prácticas difiere del diseño de un proyecto o la elaboración de un informe técnico porque tratamos de que permanezca viva la experiencia que se intenta narrar. Un relato se convierte en materia de atención crítica para el lector cuando expresamos las vicisitudes del hacer: lo que nos propusimos y lo que efectivamente realizamos, las restricciones organizativas y laborales, la escasez de recursos, la tiranía del tiempo, las dificultades para aunar la pluralidad de perspectivas e intereses, los juegos de poder, la falta de certezas o la intervención del azar; y, por supuesto, también la satisfacción por los resultados del trabajo realizado. Hablar con una voz propia Habitualmente utilizamos conceptos estelares para referirnos a los objetivos o los frutos de nuestra actuación (por ejemplo, mejorar la calidad de la educación o afirmar la autoestima de los alumnos). Es probable que estemos en camino para conseguirlos; sin embargo, hay palabras más precisas para mostrar el mundo de la experiencia, lo que lleva al lector a percibir las formas particulares en las que estas aspiraciones o logros toman cuerpo en la institución. La escritura debería permitir reconocernos y que nos reconozcan, algo valedero tanto para nosotros mismos y nuestros colegas, como para los integrantes del jurado de esta convocatoria.
Planteamos a continuación algunas sugerencias, a modo de colaboración en la tarea de hilvanar el relato. Las narraciones pueden involucrar todos o sólo algunos de los aspectos mencionados y, por supuesto, otros no contemplados. ¿Qué distingue efectivamente
la experiencia? ¿Por qué es relevante
y significativa la tarea realizada? ¿Qué seleccionar de
lo hecho? ¿Qué modificaciones se realizaron para mejorar la trayectoria escolar de los estudiantes? ¿Aspectos del gobierno o la gestión escolar? ¿Nuevas lecturas del curriculum? ¿Otras formas de enseñar? ¿Algunas condiciones materiales? ¿Problemáticas específicas del grupo de alumnos o de la comunidad? ¿Dónde concentraron los esfuerzos? Si se abordaron factores relacionados con la enseñanza y el aprendizaje, ¿qué contenidos se replantearon? ¿Se renovaron las maneras de enseñar? ¿Tuvieron que revisar o modificar reglamentaciones? ¿Cómo incidieron estas innovaciones en la escolaridad de los jóvenes? Si fue necesario generar pautas de organización no habituales en la institución, ¿alteraron la organización del trabajo de los docentes? ¿Crearon nuevos roles? ¿Establecieron nuevos criterios de organización de los cursos o grupos de aprendizaje? ¿Se plantearon alternativas en la organización de los horarios o los espacios escolares? En cuanto a los estilos de participación, ¿se promovieron nuevas formas de participación de los alumnos? ¿Cuáles? ¿Trabajaron con otras escuelas? ¿Con la comunidad? ¿Cómo se articularon pedagógicamente estas actividades?¿Qué aportes recibió la escuela? ¿Qué aportes hizo? ¿Qué actividades suscitaron una mayor participación? En relación con el tiempo de desarrollo y la evolución de la experiencia, ¿ha concluido? ¿por qué? Si aún continúa, ¿con qué características? ¿Cómo expresar las
vicisitudes del hacer? ¿En qué se fundamenta
la experiencia? ¿Qué palabras son
las más adecuadas para mostrar el mundo de la experiencia?
¿A qué iniciativas responde la experiencia? ¿En qué horario se desarrolla la experiencia? ¿La escuela recibe algún subsidio financiero para desarrollar la experiencia? ¿Quiénes participan y en qué carácter?
¿Cómo participan los alumnos?
¿Participan otras instituciones?
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