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Organización
de Estados
Iberoamericanos


Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura

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Oficina Regional en El Salvador
para Centroamérica y Panamá

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OEI

La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura y la Representación Diplomática del Gobierno de la República Oriental del Uruguay en Centroamérica

Uruguay

Documentos de apoyo para las Conferencias sobre:
“Políticas de Fomento a la Lectura”

San Salvador, 2 y 3 de mayo de 2000

Caminos hacia el Libro

Dra. Sylvia Puentes de Oyenard

(Uruguay)

"Que otros se jacten de las páginas que han escrito,
yo me enorgullezco de las que he leído."
Jorge Luis Borges

La lectura es una varita mágica por la que accedemos a un mundo sin fronteras. Leer es descubrir el fuego, crecer en canto, despertar olvidos, temblar en lágrima y sonrisa, dialogar con monstruos y con ángeles, rugir por las heridas, volverse pluma o nardo; morir y renacer en cada letra que nos mira y atrapa el corazón en su pupila.

Leer es el espejo de la vida. Por eso creemos que si tuviéramos que definir sus esferas de acción deberíamos hablar de un plano tridimensional: hacer, amar, pensar, es decir voluntad, afecto e intelecto.

Si el lector no participa activamente de la lectura ésta resultará improductiva.

Leer es convivir con el libro, compartir su entrega, descubrir al otro y a nosotros mismos. Una buena lectura invita a la reflexión, vive más allá del proceso de la decodificación, porque la lectura es comunicación.

El lector piensa, se introduce en el área cognoscitiva, no sólo porque recibe información, sino porque a través de ese proceso elabora un pensamiento intransferible. Así lo planteó Huxley en Un mundo feliz al señalar al libro como la amenaza para un estado totalitario utópico. Sería el único instrumento capaz de forjar individualidades.

El afecto está presente, porque un libro despierta emociones, aguza los sentidos, conmociona el espíritu y contribuye a completar el desarrollo psicoafectivo de un niño. Las lecturas insípidas son ineficaces, o peor aún, peligrosas, porque matan la emoción. Las lecturas fermentales atraviesan la circunstancia témporo-espacial e inciden de manera beneficiosa en el lector.

Pensar, amar y hacer convocados por la lectura constituyen la base de una pirámide en la que la formación del criterio estético puede culminar con la expresión de ideas personales. Pero, además de la posibilidad de convertir al lector en un creador, la lectura cumple también una función social: la persona que lee se abre al mundo, lo conoce más y mejor, no recibe un rayo de luz, sino que va a la luz y ese pasaporte le permitirá ser más flexible a los cambios, a la superación, al mejoramiento de su grupo social. ¿Por qué? Simplemente porque conocer distintas posiciones le dará la libertad de elegir la más adecuada y ser consciente de las limitaciones de una perspectiva unilateral.

Creemos en la lectura como fuerza motriz del espíritu y trabajamos para que el encuentro del niño y el libro revele toda la magia del lenguaje. La palabra es el nexo entre el hombre y la realidad exterior. La palabra es una forma de poder y quien influye sobre el lenguaje y sobre los hábitos de la lectura está accionando también sobre el acontecer social y el devenir histórico.

Debemos contribuir para erradicar el analfabetismo y también los iletrados. Leer es un derecho. Y si consideramos que el libro es el mensaje y el niño el corazón del hombre, entre el libro y el niño estará el destino de nuestra sociedad.

Hábitos de lectura y Medios de Comunicación Social

"El hábito de leer no es innato. El hombre no llega al mundo apreciando los libros, esa es una capacidad que se desarrolla con la práctica y como consecuencia de un modelo de conducta que se le propone."
"...un hábito no es algo circunstancial o transitorio. No se debe confundir con una moda ni con una tendencia o inclinación pasajera. Es una costumbre enraizada, una conducta incorporada con carácter cotidiano a nuestra existencia, una exigencia, algo de lo cual nos resulta difícil prescindir. Ese hábito empieza a conformarse cuando se arrulla al niño con nanas, y su cultivo prosigue después..."
"Formar hábitos de lectura es lograr que un individuo recurra regularmente, y por propia voluntad, a los materiales de lectura como medio eficaz para satisfacer sus demandas cognoscitivas y de esparcimiento. Hablaremos de hábitos de lectura en el sentido de acercamiento permanente al acto de leer como resultado de una necesidad vital. Hábito de lectura es sinónimo de disfrute del texto..."
Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez
( Ese universo llamado lectura, Unesco, Costa Rica)

Es evidente que, aunque se mantengan las cifras de venta de libros, ha disminuido el hábito lector en relación con el índice de alfabetizados y, como afirman los autores de "Y sin embargo leen...", más que asistir al fin del hábito de la lectura, estamos inmersos en el cuestionamiento del libro como modelo cultural. La imaginería popular, incluso, dotó a la palabra de poderes mágicos, buenos ejemplos nos brindan la Biblia y Ricardo Palma en "Carta canta". ¿Y de quién es la culpa del desvalorización de esta herramienta del espíritu? ¿De los medios electrónicos de comunicación? ¿De los padres o de los maestros? ¿De los métodos de enseñanza? ¿De la falta de diálogo generacional? ¿De factores económicos y sociales? ¿De la carencia de políticas adecuadas?

Multiplicidad de preguntas para una respuesta: todos los factores tienen una cuota parte de incidencia en el resultado negativo. No se trata de menospreciar a los medios de comunicación social, sino de ponerlos al servicio de la lectura desarrollando la capacidad crítica del niño y haciéndole tomar conciencia de la gratificación que brinda la lectura. Hemos perdido la necesidad de un pensamiento reflexivo y ese es uno de los hechos más negativos de los medios electrónicos, porque la sensación que tiene el receptor es de que no participa, no actúa, no piensa, porque hay quienes ya lo hicieron por él. La lectura implica un diálogo, pero asistimos al tiempo en que aparece como reservada a un grupo minoritario El hecho es un fenómeno cultural que no pasa por el precio de los libros -se venden revistas más costosas-, es parte de una falla en la educación que nos compete y que ha sido incapaz de demostrar las maravillas que nos esperan detrás de la letra impresa.

Para la formación de nuestros hijos debemos prepararnos no sólo en el amor, sino en la cultura. Uno de los instrumentos que poseemos es el libro. El libro no es toda la cultura, pero sí uno de sus pilares. El libro es también una forma de ser justos y de ser libres, como afirmaba Montiel Ballesteros: «Justicia es ser quien se es y poder serlo» y el libro es justicia cuando está al servicio de valores positivos y es el arte de interpretar un concepto liberando la imaginación, poniendo en juego la inteligencia. El libro es un factor de autodesarrollo, un instrumento de educación continua y como tal debemos prestigiarlo.

No estamos contra los medios de comunicación social, sino a favor de los lectores críticos, de televidentes con capacidad de reflexionar sobre el contenido de lo que esos medios ofrecen. El niño es un consumidor de TV y eso importa, no tanto por lo que ofrece de cuota de violencia o de pornografía, sino por lo que disminuye en otros aspectos. La televisión da agresión, pero es -en nuestro concepto- más importante, porque resta amor; da acción, pero es más importante porque somete a la pasividad (psíquica y física); enciende pasiones, pero es más importante porque no fomenta la ternura; muestra la distorsión del macrouniverso, pero es más importante porque no enseña a eliminarla; abruma con lenguaje vulgar y aportes de respuesta efímera, pero es más importante porque no permite la reflexión; su mensaje es superficial, está dirigido a todos y a nadie, pero es más importante porque reduce el mundo y lo fija en estereotipos; es un emporio de imágenes y sonidos, pero margina al silencio; brinda entretenimiento, pero va en detrimento del encuentro y del diálogo de la familia. No por azar en una ciudad en que se desconectaron por un mes los aparatos de televisión, los chicos mejoraron su rendimiento escolar y se logró una mayor comunicación entre la familia. No decimos que no se deba ver televisión, sino que hay que controlar las horas que el niño pasa frente a ella y enseñarle a ser un televidente con capacidad de crítica. No oponemos la TV al libro, pueden complementarse, porque también el televisor, como la computadora, hacen aportes positivos, sólo hay que buscarlos y fomentarlos.

Vivimos momentos de transiciones importantísimas, revolucionarias en la concepción del libro tradicional. Hay en el mercado libros parlantes, libros que, con un dispositivo especial, pasan las páginas mecánicamente para los lectores con alguna discapacidad (en este campo hay distintas novedades), pero también hay libros que pautan una comunicación diferente con el lector. Es el caso de algunas novelas policiales que están en CD-Roms que, puestos en la computadora, permiten que el lector intervenga para dilucidar el caso, consultar diarios de la época, archivos históricos y, a través de las informaciones que recoge, llegar a una conclusión que podrá ser o no acertada, pero que lleva a una participación dinámica con el texto, mucho mayor que la que hemos visto hasta el momento.

Por otra parte, no hay que desconocer que las computadoras introducen un corrector de ortografía que logra resultados positivos señalando, sin agresión, cuál es la falta y cómo sería su correcta utilización.

Por eso creemos que, antes de oponer la tecnología al libro, debemos colaborar para que se complementen y lograr así el mejor resultado. Trabajar con el lenguaje desde edades temprana facilitará que hombres y mujeres hagamos una lectura comprensiva del texto y de la realidad exterior, porque el lenguaje es el eje transversal que atraviesa el conocimiento. Leer es más que reconocer un signo y, como expresara Paulo Freire, se comienza aprendiendo a leer el mundo. "La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra... Lenguaje y realidad se vinculan dinámicamente. La comprensión del texto (...) implica la percepción de relaciones entre el texto y el contexto."

Cómo estimular el hábito lector

Hay diversas estrategias que hemos empleado, conscientes de nuestra responsabilidad de que el encuentro niño-libro sea placentero y de largo alcance.

En primera instancia hay que motivar la lectura, para ello deberemos saber qué libro, a qué niño, a qué edad, en qué momento.

En relación a los educadores, al niño y al medio diremos:

- El juego y la creatividad al servicio de la lectura nos han brindado resultados gratificantes. Buscamos que, a través del encuentro del niño y el libro, aquel se convierta en un gozador de la vida y no en un ratón de biblioteca. La lectura lo pondrá en contacto con lo mejor de su espíritu y con los valores positivos que proyectará luego a su comunidad. Reflexionemos que: "El encuentro decisivo entre los niños y los libros se produce en los bancos de las escuelas. Si se produce en una situación creativa, en que cuenta la vida y no el ejercicio, podrá surgir aquel gusto por la lectura con el que no se nace porque no es un instinto." (Rodari)

Donar no es desechar. Tengámoslo presente y si donamos un libro, que este posea los más altos valores que apreciamos. El niño debe recibir la maravilla del lenguaje y no sus detritos.
Regalar un libro es un acto de amor.

Aprender a leer

"Saber leer tiene una importancia tan singular para la vida del niño en la escuela que con frecuencia sella el destino, de una vez por todas de su carrera académica."

"... el modo en que el niño experimente el aprendizaje de la lectura determinará su opinión sobre el aprendizaje en general, así como su concepto de sí mismo como aprendiz y como persona..."

"Hay un gran placer y satisfacción en el hecho de poder leer algunas palabras. El niño se enorgullece de poder hacerlo. Pero la alegría que produce el saber leer algunas palabras se marchita cuando los textos que el niño debe leer le obligan a releer la misma palabra interminablemente. El reconocimiento de la palabra se deteriora rápidamente convirtiéndose en un vacío aprender de memoria cuando no conduce de manera directa a la lectura de un contenido con significado."

"Desde el principio mismo el niño debe estar convencido de que el dominio de tales habilidades no es más que el medio de alcanzar una meta y de que lo único que importa es aprender a leer y escribir, es decir, aprender a disfrutar de la literatura y a beneficiarse de lo que esta pueda ofrecerle."

Bruno Bettelheim y Karen Zelan (Aprender a leer)

Para Griselda Navas (Niños, lectura y literatura) el educador debería estar preparado para pronunciarse en torno a la validez artística de un texto, sin pretender convertirlo en un crítico, es importante que conozca los elementos necesarios para la diferenciación. "No todo lo que aparece bellamente empastado e ilustrado es literatura. Y, ¿qué ocurre cuando un docente lee con sus alumnos un texto no-literario como si lo fuera? ¿Está formando lectores críticos? ¿Qué ocurre cuando lee un texto literario como si fuera didáctico?"

"La lectura no es comparable con ningún otro medio de aprendizaje y de comunicación, ya que la lectura tiene un ritmo propio, gobernado por la voluntad del lector; la lectura abre espacios de interrogación, de meditación y de examen crítico, en suma, de libertad; la lectura es una relación con nosotros mismos y no únicamente con el libro, con nuestro mundo interior a través del mundo que el libro nos abre."

Italo Calvino

"Yo he dedicado una parte de mi vida a las letras, y creo que una forma de felicidad es la lectura; otra forma de felicidad menor es la creación poética, o lo que llamamos creación, que es una forma de olvido y recuerdo de lo que hemos leído."

"Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro. "

"Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros."

"Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible. Se dirá qué diferencia puede haber entre un libro , un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye a sí mismo para el olvido, es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro se lee para la memoria."

"¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y cuero, con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez. Heráclito dijo (lo he repetido demasiadas veces) que nadie baja dos veces al mismo río. Nadie baja dos veces al mismo río, porque las aguas cambian, pero lo más terrible es que nosotros somos no menos fluidos que el río. Cada vez que leemos un libro, el libro ha cambiado, la connotación de las palabras es otra."

Jorge Luis Borges

(En "Reflexiones: Elogio al libro", ACLIJ, Colombia, serie 3,nº 3).

"Leemos para ordenar el caos de la vida, como dice Vargas Llosa; o sea, para creer que este torbellino sin sentido en el que estamos tiene alguna lógica. Pero también leemos para salir del encierro de nosotros mismos, de la agonía de nuestra estrecha individualidad, y para desarrollar, siquiera imaginariamente, alguno de los múltiples personajes que habitan dentro nuestro. Leemos como soñamos, porque las novelas son como los sueños de la Humanidad, alucinaciones de nuestro subconsciente colectivo, visiones que emergen de los más hondo de las personas. Y ay de nosotros si no tuviéramos esa espita de seguridad, esa posibilidad de ensoñación que nos permite echar fuera nuestros fantasmas."

Rosa Montero ("El País cultural", Uruguay, Nº 419)

"Si queremos que los ciudadanos se expresen con lucidez tienen que controlar su lenguaje. Saber pensar y fantasear nos lo da el dominio del lenguaje, que se alcanza a través de la literatura."

Vargas Llosa ("El observador", Uruguay, 26,II,2000)

"Soy una lectora voraz, debo a los libros lo que soy. En los momentos difíciles y dolorosos de mi vida, en aquellos instantes de soledad existencial más dura, de confrontación con el sufrimiento más allá de la propia solidaridad y del cariño, fueron los libros quienes me dieron la mano, quienes establecieron un puente que me unió a personas que nunca conocí, pero cuyos espíritus me iluminaron y me enriquecieron, dieron continuidad a mi participación en la aventura humana, por encima de las distancias y venciendo los siglos. Sólo tengo por ellos una actitud agradecida y afectuosa, de reconocimiento y celebración."

Ana María Machado
(Ese universo llamado lectura)

"La mayoría de las campañas de promoción de lectura se orientan a la relación del lector con la obra de carácter literario; se hace énfasis en el goce y el placer que produce un buen libro; pero en casi todos los eslabones de la cadena del libro olvidamos que el conocimiento científico y técnico también proporciona placer si es atendido de manera adecuada.

Para la sociedad contemporánea, es indispensable el logro de la alfabetización completa por parte de cada uno de sus miembros. Con alfabetización completa quiere definirse no sólo el aspecto relacional y literario, sino también el científico y técnico.

El acercamiento más común que sostienen nuestros niños y jóvenes con lo informativo, se suscribe generalmente a la selección de artículos, resúmenes y breves exposiciones contenidas en sus libros de texto. Existe poco manejo de libros temáticos y especializados en la escuela y el hogar.

Generar un encuentro real y significativo del estudiante con la ciencia y la técnica no debe ser preocupación exclusiva del maestro, debe ser tarea de todos los participantes en los procesos de alfabetización."

Luis Bernardo Yepes Osorio
(La promoción de la lectura, Comfenalco, Antioquía)

"...para una alfabetización integradora, los niños necesitan exponerse a variadas manifestaciones de lo escrito, como lo son:

las distintas formas de la literatura (cuentos, poemas, novelas, fábulas, refranes, dichos),
las diferentes formas que toma el discurso no ficcional (expositivo, argumentativo, informativo);
los usos de lo impreso (planillas y formularios, instrucciones, avisos, letreros).

Hace un siglo la cultura y la información giraban alrededor de los libros y lo impreso. Hoy en día han surgido otros canales y soportes donde se generan textos e información. Los textos aparecen en variados soportes como lo son los impresos, los electrónicos y los audiovisuales, y con variados lenguajes. La alfabetización ahora también supone la alfabetización visual, el saber "leer" los códigos de la imagen en el lenguaje audiovisual, televisivo, cinematográfico, el texto electrónico y la publicidad. Sin embargo, el libro continúa siendo insustituible y necesario para la alfabetización temprana. Los libros y la literatura son la mejor, aunque no la única, puerta de acceso para aproximarse al mundo de lo escrito."

(En Escuelas para la lectura. Cómo transformar la escuela en un entorno lector. Banco del Libro, Venezuela).

Y nosotros ¿qué lector buscamos? Un lector crítico, capaz de reflexionar y opinar sobre distintos discursos y generar los propios. Comprender el mundo a través de una lectura personal es también parte de la convivencia y de coparticipación en democracia. Insistimos, aprender a leer es un ejercicio de libertad.

"Receta de alfabetización:

Tome un niño de seis años y lávelo bien. Enjuáguelo con cuidado, envuélvalo en un uniforme y colóquelo sentadito en un salón de clase. En las ocho primeras semanas aliméntelo con ejercicios de aprestamiento. En la novena semana, ponga en sus manos un "libro de lectura". Tenga cuidado de que el niño no esté en contacto con libros, diarios, revistas u otros peligrosos materiales impresos.

Cuando haya digerido las vocales mándele masticar, una a una, las palabras del "libro de lectura". Cada palabra debe ser masticada por lo menos sesenta veces, como en la alimentación macrobiótica.

Si tuviera dificultades para tragar, separe las palabras en pedacitos.

Mantenga al niño en baño María durante cuatro meses haciendo ejercicios de copia. Enseguida haga que el niño engulla algunas frases enteras.

Mezcle con cuidado para no confundir.

Al fin del octavo mes saque al niño con un palito, o mejor aplíquele una prueba de lectura y verifique si devuelve por lo menos el 70% de las palabras y frases engullidas.

Envuélvalo en un bonito papel de regalo y envíelo a la clase siguiente.

Si el niño no pudo devolver lo que le fue dado a tragar, reinicie la receta, esto es, vuelva a los ejercicios de aprestamiento.

Repita la receta cuantas veces fuera necesario. Al cabo de tres años, envuelva al niño en un papel pardo y colóquele un rótulo: "Promovido por extra edad"."

Marlene Carvalho

(En "Revista de la educación del pueblo", Uruguay, julio de 1992)

El Gran Bonete:

¿La Familia, la Escuela o el Estado tienen la Responsabilidad?

Creemos que el papel más importante lo ejerce la familia. La incidencia del hogar no puede ser sustituida por la escuela. La madre actúa sobre el niño desde la gestación: en una sala con bebés que lloran si se pone un amplificador con el ritmo cardíaco de una de las madres, el hijo lo reconoce inmediatamente y cesa su llanto. Al moverse con el hijo en su vientre la madre le proporciona estímulos que se continuarán cuando lo mece. Cantarle, aunque sea en la monótona repetición de una vocal, es una entrega afectiva y sensorial. Arrullado con nanas es introducirlo al universo de la poesía. Acariciarlo es ofrecer ternura y aguzar el sentido del tacto. La música despliega un arcoiris de sonidos. Los cuentos le entregan mecanismos de defensa, aunque no tenga conciencia del hecho. Arrullar, contar, cantar y acariciar son parte del adiestramiento afectivo que se proyectará en la esfera intelectual.

A medida que ese niño crece va adquiriendo nuevas habilidades. Actúa por imitación. Y si sus padres leen y le leen, él leerá también y en los primeros años, cuando todavía no adquirió la destreza necesaria, «hará que lee» para parecerse a sus mayores. Es el momento ideal para comenzar la lectura.

Sartre decía en Les mots: (...) hice como si leyera... me contaba la historia en voz alta... mitad recitando, mitad descifrando... «El pequeño Jean Paul había descubierto que la seguridad de su madre cuando leía emanaba de los libros: «Yo estaba envidioso de mi madre y decidí tomar su papel... Me apoderé de una obra llamada «Las tribulaciones de un chino en China» y le llevé al altillo: allá encaramado en una cama hice como si leyera; seguía con los ojos las líneas negras sin saltearme ninguna y me contaba la historia en voz alta, teniendo cuidado de pronunciar todas las sílabas. Me sorprendieron, o me hice sorprender, y decidieron que era tiempo de enseñarme el alfabeto...»

La naturalidad de la anécdota avala el poder de la imagen que brinda una madre lectora y confirma las investigaciones que concluyen que los niños que aprenden a leer antes son hijos de familias lectoras y de padres que leen mucho y comparten tiempo afectivo e intelectual con sus hijos.

En relación al tema recuerdo las palabras de Marina Colasanti (Medellín, 1993, II Coloquio Internacional del Libro Infantil) en su ponencia :"Errores y aciertos de una madre contaminada". Decía, en relación al nacimiento de su primera hija: "El médico la hizo entrar a la vida, no asiéndola de los pies, como suele hacerse, sino del libro que ya ella estaba leyendo, y que aferraba con firmeza. En vez de decirme si era niño o niña, el médico anunció: "¡Es lectora!" Lejos de sorprenderme, su afirmación me pareció completamente normal." Todo lo opuesto ocurrió con la segunda hija, la que solo descubrió el placer de la lectura a los quince años con el libro "Yo, Christiane F. Drogada y Prostituida". Así Marina y Romano Alfonso de Sant'Anna confiaron nuevamente en las leyes de Mendel y pensaron que no habían equivocado los estímulos anteriores, simplemente esta hija había descubierto la lectura a través de una historia de vida y ya no la abandonaría. Quizás anteriormente tuvo a su disposición libros adecuados en momentos que no los necesitaba o, a la inversa.

Ambiente adecuado, estímulo y seguridad son algunas de las condiciones que presentan los niños que comienzan a leer tempranamente. Todos los proporciona el hogar.

La escuela cumple un papel fundamental y, en Uruguay, la Asociación Uruguaya de Literatura Infantil-juvenil (A.U.L.I.) y la Cátedra de Literatura para Niños y Jóvenes «Juana de Ibarbourou» realizan a través de sus cursos sobre la especialidad una amplia cobertura para informar a los maestros sobre las necesidades del niño. Trabajamos con docentes, pero el objetivo es que ese docente posea toda la información necesaria para ayudar a los padres. Bien sabemos que al centro educativo es donde se recurre a plantear el problema cuando un hijo no lee y poco podrá hacer el profesor si no sabe cómo llegar al niño, con qué estímulo, en qué ocasión.

¿Qué libros, qué autores?

La vastedad de títulos y ediciones podrían hacernos perder en un laberinto. Por eso es necesario recordar que no todas las obras que dicen «para niños» son adecuadas para ese sector: El libro debe poseer los valores que deseamos transmitir. No demos a leer un libro que no hayamos leído previamente. Es imposible conocer toda la oferta bibliográfica, pero sí un número suficiente que nos permita seleccionar con libertad el que deseamos.

El niño merece el tiempo que dedicamos a la búsqueda de sus lecturas, de ellas dependerá su futura relación con algunas manifestaciones del espíritu.

El libro para niños, decía Martí, debería estar preparado de tal forma que pudieran leerlo los colibríes. Y rondas, cantos, nanas, cuentos breves, acompañan al hombre en su despertar, cuando necesita estímulos sensoriales. No olvidemos que mecer al niño es proporcionarle los estímulos neurolaberínticos que su madre le brindaba en el útero con los movimientos de su cuerpo, los necesita después que abre sus ojos a la vida. Como también las diferentes texturas, los colores plenos y diversos sonidos armónicos. Más adelante será la hora del cuento, de la rima, del nonsense, de la onomatopeya, de los relatos con animales que conoce y forman parte de su vida cotidiana. La narración oral cautiva al niño y le permite el encuentro afectivo con el narrador. El cuento atrae a niños y hombres, pero en esta etapa les proporciona seguridad emocional, el final feliz satisface sus dudas, los protagonistas le permiten una identificación y el lenguaje acrecienta su vocabulario y mejora su sintaxis. Sobre los seis años las hadas son protagonistas de los cuentos y el final, aunque no sea feliz, deberá ser justo para incorporar valores éticos. El mundo feérico dará paso al de los héroes y santos, a la aventura, a la ciencia-ficción. En la preadolescencia, en la etapa que Carlota Bülher llamó «robinsoniana», se fijará el hábito lector, aumentará el trabajo intelectual y disminuirá el egocentrismo. La literatura le brindará modelos que buscará imitar. El aporte de los libros tradicionales y de los autores contemporáneos ofrece un venero de estímulos que hay que saber descubrir en librerías, salas y bibliotecas infantiles.

La lectura y sus aportes

"Leer hoy es mi hobby, mi lujo, mi ir y venir por el universo."

"Nada expresa mejor y más profundamente el valor moral e intelectual del hombre que sus lecturas."

"-Yo, el hombre, el lector.

Es el único ser en el planeta que puede definirse con esta frase de significado total, que abarca todas las diferencias y marca su excelsitud. Es lector desde antes que su inteligencia creadora inventara los signos caligráficos y de que historiara en los dibujos y las pinturas rupestres la génesis de las artes plásticas. Lo es, aún antes de los primeros ensayos de la alfarería primitiva, antes que los rapsodas y los juglares más antiguos llevaran los cantos y las epopeyas en forma oral, de pueblos a pueblos, para ser trasmitidas de la misma manera, de épocas a épocas. El hombre es lector por función natural de su instinto. Las ciencias físicas nacieron con él; los imperativos de la vida y la subvivencia lo convirtieron en erudito lector de los vientos, el agua, las nubes y las estrellas. Desde los lejanos pastores de la Caldea que veían en el cielo sus rebaños y su aprisco, los animales de la montaña y de la selva, legándonos el nombre de las constelaciones hasta el analfabeto de hoy, el hombre siempre ha sabido leer sin equivocarse en el gran libro de la naturaleza. Comer, beber, dormir, significa vivir; leer significa existir, en la forma consciente de la inteligencia.() Somos los herederos remotísimos de quienes aún no habían inventado el alfabeto, la escritura, la imprenta, el pentagrama, y ya poseían los medios de la comunicación y la interpretación. "

"La lectura constituye para mí la más atractiva y dominante de mis ocupaciones diarias. No sé vivir sin sus paisajes, sus mundos, su infinito. Dios está en el libro."

"Yo leo siempre, de día y de noche; descanso leyendo y jamás leyendo me fatigo."

"Existe el lector que rumia y el lector que saborea. Saborear es absolutamente un ejercicio de civilización y de refinamiento. Los que saben saborear son los lectores perfectos."

He aprendido a amar el espíritu de la letra, más que a la letra."

Juana de Ibarbourou("La dicha de leer", Boletín A.U.L.I. Nº 26)

Podríamos intentar un perfil de los aportes que ofrece la lectura expresando que:

Criterios de selección de un libro para niños

El educador -padre o docente- puede extraviarse en la abundante producción de libros infantiles y juveniles. Sólo en España se producen más de cinco mil títulos anuales.

Y un niño lector, bien adiestrado, debería incluir entre sus lecturas a los clásicos -Perrault, Defoe, Swift, los Grimm, Andersen, Carroll, Barrie, entre otros-, así como los que proponen las corrientes modernas de la literatura para la infancia y la juventud.

¿Seremos capaces de sugerir esos 500 títulos? ¿Cómo seleccionarlos para adecuar las lecturas al desarrollo psicoevolutivo del niño? ¿Serán oportunas las guías bibliográficas?

Responderemos afirmativamente si:

nos hemos formado e informado el tema;
si hemos leído nosotros previamente esos libros;
si las guías están confeccionadas por personas o instituciones que se responsabilizan de la objetividad de las mismas, así como de la seriedad de la investigación.

La propuesta de A.U.L.I. y la Cátedra de Literatura para Niños y Jóvenes «Juana de Ibarbourou» es una invitación a acercarse a las librerías, conocer el material que se ofrece y brindar coordenadas amplias, flexibles, que permitan la más correcta elección.

Dentro de los libros para niños hay volúmenes recreativos, de información, con mensajes variados, libros que dicen «para niños», pero no son adecuados para ellos y otros que sin tenerlos como destinatarios son los preferidos de ese sector, sin olvidar el libro-objeto, el libro-regalo. No hay «recetas» que nos indiquen cómo actuar, pero sí algunos indicadores que nos ayudan en nuestra labor. Seleccionar es valorizar y ello implica descartar, eliminar. Determinemos entonces nuestro objetivo: qué buscamos y para quién. ¿Un libro recreativo, de imágenes, que dé prioridad a lo lúdico o a lo didáctico, a lo ético o a lo estético, a todos los criterios por igual?

¿Para qué edad, el destinatario lee o no? ¿En que etapa está de su desarrollo? Son preguntas que muchas veces debemos respondernos en quioscos y supermercados, donde no hay personal adiestrado que colabore para motivarnos en los gustos del niño. No es lo mismo un libro para los primeros años que para el que ya entró en la escuela. Es una verdad de perogullo, sin embargo es necesario confirmar la importancia de la elección de un libro, pues de ella dependerá el futuro lector y el futuro integral de ese educando.

Creemos, con Ortega y Gasset, que el hombre debería ser salvado de la amenaza diabólica que significan los textos acumulados. Para contribuir con esa tarea sugerimos:

Algunas pautas de lectura

Del nacimiento a los dos años.

Es un lapso que está signado por la afectividad y los sentidos. Llegaremos al niño a través de la ternura y de lenguajes sensoriales que acicateen la vista, el oído, el tacto, ¿por qué no el olfato? En lo que no estamos de acuerdo es en la experiencia que ha puesto sabores en los libros, porque aún cuando se asegure en una primera instancia la correcta higiene y asepsia ¿quién afirma que ese niño en otros momentos -u otros niños- no pasarán su órgano gustativo por el lugar donde la contaminación puede haber hecho estragos?

Lleguemos al niño de esta edad con nanas, cuentos breves, canciones, libros de imágenes, con ilustraciones coloridas, texturas diferentes (goma, madera, tela, por ejemplo), libros con sonidos que le permitan confirmarse en lo que Fryda Schultz llamó «edad del ritmo».

RECORDAR

La palabra es comunicación. Y esa comunicación se gesta con la vida del niño. No hay que esperar a que el niño sepa leer para entregarle libros. Quien cuenta o canta a un niño le permitirá descubrir que la palabra es un puente afectivo que hará más fácil la comunicación con el interlocutor y con el mundo. Como en todo sortilegio el proceso no se advierte, se da en forma natural y afianza y multiplica el diálogo, o sea, el poder de la palabra tan necesario en etapas posteriores.

De los dos a los cinco años

Se vive un momento crucial en la vida del hombre, pues el niño/a adquiere el lenguaje, la marcha, el autocontrol de los esfínteres, descubre el sexo opuesto y, a veces, rivalidades fraternas. Ha comenzado la lucha y necesita, más que en otros momentos, seguridad afectiva, la que estará basada en la comprensión, la armonía, la estabilidad, los aportes que lo ayuden a sortear sus dificultades y tensiones. En este lapso el niño es el centro del mundo, vive lo que Fryda Schultz llamó «edad fabulosa» y le gusta:

Llegaremos a ese niño por:

Lleguemos al niño por la narración oral. A través de ella lograremos:

En relación a los colores evocamos lo que expresa García Bermejo (El color en el arte infantil, Madrid, CEPE, 1978) para quien el niño en un comienzo desconoce los nombres de los colores, pero los va asociando con otros símbolos. Rojo, verde, azul y amarillo son los primeros que puede reconocer, después serán negro, blanco, naranja, rosa, carmín, marrón, violeta. (es apenas un indicio para manejarnos con mayor comodidad en lo que ofrecemos).

RECORDAR:

Que el mundo del niño es antropocéntrico y antropomórfico en este lapso. Necesita el aporte que redimensione la palabra, le dé seguridad y disminuya sus tensiones. El cuento y la narración oral son caminos insoslayables para lograr sus objetivos. Dar tiempo al niño en estas actividades es ganarlo en su comunicación futura con el libro y con la sociedad.

De los seis años a la pubertad:

La «edad heroica» de Fryda Schultz, comprende momentos bien diferenciables. El niño evoluciona del preconcepto al concepto y culmina con el logro del pensamiento abstracto. Es un período en que aumentan la socialización y el trabajo intelectual, disminuye el egocentrismo, le gusta asociarse con su pares, va tomando posición frente al mundo y perfila su sentido crítico. Incluimos en esta etapa la fase de Carlota Bülher llamó «robinsoniana» (entre los 9 y 12 años).

Entre los seis y los ocho años (etapa imaginista) le gusta:

RECORDAR:

Entre los 6 y los 8 años es importante motivar que el encuentro del niño con el libro genere placer. La lectura debe ser fuente de emociones y no una imposición. El valor del libro se proyecta en nuestras actitudes. Cuando el niño descubre en estos años la fantástica realidad de la fantasía logramos que hadas, brujas y duendes se conviertan en los mejores amigos de la correcta maduración de su personalidad.

A los 8 años disfruta con:

RECORDAR:

La fantasía abre puertas a la realidad. Escuchar al niño, atender sus carencias, motivar espacios de reflexión, acicatear su sentido crítico, contribuir a valorizar su biblioteca personal son actitudes que contribuirán a una mejor relación niño-libro.

Entre los 9 - 10 años:

RECORDAR:

Es importante revitalizar el aporte de los mitos, cuentos y leyendas. Aguzar la capacidad crítica, promover debates, brindar obras literarias y de información.

Entre los 9 y los 12 años (etapa «robinsoniana» de Carlota Bühler):

El niño se enfrenta al mundo y a la aventura. Hay una actitud de conquista, siente más interés por los deportes y los descubrimientos tecnológicos y científicos. Es una etapa en que se fija, como decíamos, el hábito lector y se recrea el complejo de Edipo, hay enfrentamiento con las figuras parentales y toma de modelos de protagonistas de cine o la televisión. El aporte de las biografías es muy interesante por lo expresado.

Son momentos en que las canciones de gesta, los romances, las epopeyas, los poemas de exaltación patriótica o novelas que promueven valores similares tienen su esplendor.

El misterio, la ciencia ficción, los libros técnicos acrecientan el acervo bibliográfico de los varones y las mujeres se inclinan, en general, por obras más sentimentales, advirtiéndose por primera vez algunas preferencias entre los sexos.

La cantidad de páginas de un libro puede formar un volumen de consideración que el niño o niña adolescente lee sin cansancio, pero creemos que la tipografía no puede ser inferior a 10 puntos.

Es importante mantener los márgenes y los blancos para que la armonía colabore con la captación visual.

RECORDAR:

El niño da paso al adolescente que buscará sus libros personalmente si ha sido bien estimulado. Vive una etapa que va del enfrentamiento con el mundo al razonamiento. Todas las lecturas son posibles y, los modelos, imprescindibles.

Entre los 12 - 15 años (etapa realista - sentimental) el adolescente busca:

RECORDAR:

El adolescente continúa la búsqueda de su identidad y el proceso de maduración para la que necesita modelos que muchas veces encuentra en las biografías.
Por su inestabilidad emocional, por los cambios síquicos y físicos precisa la aprobación del mundo exterior y parte de esa seguridad se la dará el conocimiento que posea sobre determinados temas, su solvencia de opinión, su capacidad de reflexión. La literatura también le permite dar cauce a su necesidad de acción y desplegar las alas de la imaginación que se nutre de la información y formación que reciba.

ETAPAS DEL DESARROLLO INTELECTUAL DEL NIÑO

ETAPAS

PREDOMINA

APORTE

PUEDEN

Primera infancia

(0 - 2 años)

Edad del ritmo

Estado de emulsión

Pensamiento sensorio-motriz

Maduración, crecimiento.

Realismo. Animismo

Cuidados higiénicos-dietéticos

Estimulación por sentidos (mecer, aportar diferentes texturas, música, etc.)

Pueden pautarse ansiedades por inducción, condicionamiento o imitación

Segunda infancia

(2 -5 años)

Edad fabulosa

Codificación de la imagen

Pensamiento simbólico. Acción, marcha, movimiento, adquisición del lenguaje, conciencia del sexo opuesto, autocontrol de esfínteres, celos fraternos, egocentrismo. Mundo antropocéntrico y antropomórfico.

Equilibrio afectivo.

Núcleo primario armonioso.

Juego. Literatura.

Socialización por encuentro con pares.

Generarse miedos.

Crearse intereses: por ej. a través de aportes de salas de lectura infantil (teatro, títeres, etc.)

Tercera infancia

(6 años a pubertad)

Puede ordenar conceptos

Edad heroica

Del preconcepto al concepto.

Relaciona conceptos, puede ordenarlos y razonar.

El pensamiento va del preoperacional (4 años) al operacional concreto (8 años) y luego al abstracto.

Cuidar "destete afectivo".

En la escuela necesita conquistar su lugar, trabajo intelectual, debe competir,

el juego, vida social.

Se convierte en pequeño coleccionista.

Se convierte en lector.

Fija hábitos.

Final de la infancia.

Adquisición de su personalidad.

Primera infancia

Lenguaje gráfico y verbal.

Comenzar con nanas.

Textos breves, sonoros, música, efectos visuales

Mirar páginas con ilustraciones.

Descubrir texturas. Escuchar canciones.

Saber que lo quieren y lo atienden.

Segunda infancia

¿QUÉ PODEMOS OFRECERLE?

¿QUÉ LE GUSTA?

Lenguajes gráfico y verbal.

Por egocentrismo, textos que le permiten identificarse con su nombre.

Para ampliar conocimientos: hechos de la vida cotidiana.

Por animismo: final feliz.

Dar seguridad afectiva por medio del material literario.

Hacer juego dramático, expresión corporal y expresión plástica.

Ampliar su vida social, afectiva, su imaginación y su lenguaje.

Dar acción y no descripción

Lenguaje coloquial y directo..

Conocer sus necesidades.

Aprender de memoria relatos y canciones.

Completar frases que ya conoce.

Poner en juego su imaginación.

Disfruta del nonsense.

Poemas y cuento más largos (1 carilla).

Reiteración del mismo cuento.

Que le lean historietas.

Participar, crear y demostrar y demostrarse las capacidades y habilidades adquiridas.

Tomar parte de rondas, juegos y bandas rítmicas.

No sentirse ceñido por didactismo.

Títeres, dramatizaciones, personajes bien definidos.

Ama la onomatopeya, la repetición, la enumeración, estribillos.

Tercera infancia

CARACTERÍSTICAS

¿QUÉ LE GUSTA?

Socialización

Trabajo intelectual.

Es menos selectivo.

Coleccionista de bolsillo.

Egocentrismo.

9 - 12 años etapa Robinsoniana

Niño frente al mundo y aventura.

Actitud de conquista.

Mayor interés por deportes.

Se fijan hábitos de lectura

Necesidad de seleccionar material

Enfrentamiento con figuras parentales, toma de otros modelos, a veces de libros o cine.

Aumento de capacidad crítica, necesidad de intercambio de ideas.

Recordar diferencia de 2 años en maduración de uno y otro sexo.

Dar guías que asesoren sobre cambios.

Necesidad de conductas éticas, justicia.

  • Escuchar mientras otro lee.
  • "Leer" un cuento de memoria.
  • Las historietas.
  • Juegos, dramatizaciones, cuentos cortos (con finales provisorios si son noveles), poemas.
  • Identificación con cambios físicos por medio de textos, por ejemplo, pérdida de dientes de leche.
  • Buscar en las bibliotecas.
  • Cuentos de maravilla, leyendas, superseres.

8 AÑOS. Interpretación de obras en grupo.

  • Interés por relatos bíblicos o de otras épocas.
  • Cuentos de humor (tensiones)
  • Adivinanzas, juegos con retahílas, comentar lo que leyeron. (Promover debates)

9 -10 AÑOS. Los debates pueden tener líder.

  • Las niñas leen más que los varones.
  • Las diferencias entre los sexos, unas gustan trama sentimental, otros exaltación patriótica en poemas, canciones de gesta, ciencia-ficción, aventuras, misterio, deportivos.
  • Auge de las historietas (cambio, venta, compra, etc.)
  • Biografías, libros técnicos, científicos, históricos.

Sugerencias

Programa para las Conferencias sobre: “Políticas de Fomento a la Lectura Infantil”

Oficina Regional en El Salvador
para Centroamérica y Panamá
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