OEI

Organización
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Para la Educación,
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Cooperación Iberoamericana

 

Procesos de acreditación y certificación de la competencia laboral

Gregorio Anta

2. Objetivo del estudio

Desde la Comisión Ejecutiva del Programa IBERFOP se ha promovido la realización de una investigación orientada a obtener un diagnóstico lo más actualizado posible sobre el estado de la situación real de los países iberoamericanos en relación con el estado de desarrollo en que se encuentra el proceso de acreditación/certificación de las cualificaciones profesionales obtenidas a través de la formación y/o de la experiencia laboral. Para llevarlo a cabo se han seleccionado seis países que, de alguna forma, pudieran representar las heterogéneas realidades socioeconómicas y educativo/formativas del conjunto geopolítico conocido como Iberoamérica. En concreto, los países seleccionados han sido:

Uno de los objetivos, entre otros, del presente informe es propiciar la reflexión y el debate sobre los retos a los que se enfrentan los distintos Estados iberoamericanos en materia de formación de recursos humanos, dado el papel preponderante que este tema tiene en relación con el crecimiento económico, la competitividad del tejido empresarial y el empleo. La definitiva consolidación de espacios de integración social y económica en las distintas regiones que forman parte del continente iberoamericano puede ser fundamental para superar con éxito tales retos.

Debe advertirse que, aunque inevitablemente ha de hacerse referencia a los respectivos sistemas nacionales de formación profesional, el objetivo de la investigación no ha consistido en ofrecer un diagnóstico comparativo de tales sistemas, sino más bien en disponer de una radiografía clara sobre el estado de desarrollo y de implantación de componentes específicos del sistema de formación profesional. Singularmente, el objeto de la investigación ha sido detectar el grado de desarrollo en el que se encuentra en dichos países el logro de la acreditación y certificación de las formaciones y cualificaciones profesionales como objetivo de las políticas nacionales de enseñanza técnica y de formación profesional.

En definitiva, se insiste, no se trata —en el presente Informe que pretende dar cuenta de dicha investigación— de analizar comparativamente los diferentes modelos o sistemas de educación técnica y formación profesional, ni las diferentes estructuras cíclicas o por etapas en las que se configura la educación técnico-profesional en los respectivos sistemas educativos, ni los distintos tipos de desarrollo curricular que definen los contenidos formativos de estas enseñanzas…, ni, por supuesto, los variados modelos de financiación pública o privada de la formación profesional de cada país. Se trata, sencillamente, de describir y analizar en qué estado de desarrollo se encuentra el objetivo de la acreditación/certificación de las cualificaciones profesionales obtenidas a través de la formación y/o de la experiencia laboral. Y, sirviendo a este propósito, es como deben interpretarse las diferentes y numerosas alusiones que se hacen a otros aspectos de los sistemas de formación profesional.

La acreditación/certificación de las cualificaciones profesionales no es un punto de partida, sino más bien un punto de llegada de cualquier sistema de formación profesional. Más aún, es un objetivo que trasciende al propio sistema, ya que las cualificaciones profesionales pueden obtenerse también a través de la experiencia laboral. En cuanto tal es, no sólo un objetivo de las políticas nacionales de formación profesional, sino también un objetivo de las políticas nacionales de empleo.

Desde la perspectiva de las políticas de formación, disponer de un sistema de acreditaciones/certificaciones de las cualificaciones profesionales contribuye al establecimiento de un sistema integrado de formación profesional (en el que coexistan ordenada y eficazmente la formación profesional escolar, en algunos países denominada educación técnica, la formación permanente o continua de los trabajadores empleados y la formación de los demandantes de empleo), permite contar con un referente dinámico de los desarrollos curriculares o contenidos formativos de los diferentes subsistemas citados anteriormente, facilita a los individuos el conocimiento de las metas a las que conducen los diferentes itinerarios formativos y/o laborales que pueden recorrer en su progreso y promoción personal, y ayuda a clarificar los objetivos últimos a los que debe servir cualquier sistema de educación técnica y formación profesional: la adquisición de competencias profesionales o laborales.

Desde la perspectiva de las políticas laborales, un sistema de acreditaciones/certificaciones de las cualificaciones profesionales mejora la transparencia del mercado de trabajo, orienta a los empleadores sobre los requisitos exigibles en los diferentes puestos de trabajo, hace posible la capitalización individual de las experiencias formativas y laborales, mejora la empleabilidad de los grupos de riesgo, exige la innovación permanente de los dispositivos de análisis y detección de las nuevas competencias profesionales, y permite establecer un sistema de correspondencias entre la formación profesional y la experiencia laboral.

El análisis de los mecanismos (órganos de coordinación, instituciones, metodologías y procedimientos de uso más común, sistemas de acreditación y certificación…) de que se dota cada país para resolver la adecuación de sus formaciones a las demandas de un mercado de trabajo necesitado de nuevas cualificaciones es, por tanto, un análisis relevante y de una actualidad indiscutible. No sustituye, ni pretende ocultar, el análisis de otras cuestiones y problemas —posiblemente más acuciantes— que tienen planteados el día de hoy los sistemas de formación profesional de los países iberoamericanos, como, por ejemplo, la escasez de profesorado realmente cualificado en formación técnico-profesional, o la obsolescencia del equipamiento y material docente, o el establecimiento de un sistema efectivo de prácticas formativas en empresas o centros de trabajo, o la peyorativa consideración e imagen social de los estudios de formación profesional…, o, en definitiva, el reducido presupuesto y financiación de los sistemas de formación profesional. Pero que sea un objetivo difícilmente alcanzable en estos momentos para muchos de estos países no debe significar que no sea ya, desde ahora, un objetivo que esté presente y que sea considerado en todos los procesos de reforma de sus sistemas de educación técnica y formación profesional que se están llevando a cabo en esta década. Porque únicamente teniendo claros los objetivos a los que deben conducir estas reformas, los pasos inmediatos que se vayan dando podrán orientarse a alcanzar este logro.

Una de las características uniformes que revisten los procesos de reforma y adecuación de los sistemas educativos y de formación técnico-profesional desarrollados en el área iberoamericana consiste en la adopción del enfoque «de la competencia laboral» a la hora de definir los nuevos currículos de la educación, en algún caso, y especialmente los de la formación profesional. Esto es así, en casi todos los casos, por la presión de las instituciones internacionales (ya se ha citado al FMI) y la decisión de los gobiernos de cada país. La duda que subyace en esta decisión es si es bien entendida en sus últimas consecuencias por el entramado de la sociedad civil, si las organizaciones sociales y económicas cooperan y si los mercados de trabajo están preparados para esa realización. Además, las organizaciones consultivas (CINTERFOR, OIT, OEI, etc.) contribuyen a una instalación del debate sobre el uso de las metodologías activas de formación, como es el caso de la denominada «Enfoque de la competencia laboral», y sobre la importancia del análisis del los mercados de trabajo para establecer los necesarios referentes de los procesos formativos.

Es conocido que el «Enfoque de la competencia laboral» permite analizar la cualificación para el trabajo como «la adquisición de competencias técnico-profesionales y capacidades educativas varias» que respondan a las demandas del desempeño profesional («saber hacer», pero no sólo; también, saber y saber ser) de los diferentes perfiles profesionales detectados en la actividad productiva real de los distintos sectores. Es decir, que la referencia del sistema productivo (la competencia profesional) y el logro a alcanzar mediante la formación (la evaluación de la capacidad) se constituyen como elementos vertebradores de la organización pedagógica y didáctica de los aprendizajes, y que el «currículo» (diseño de la formación y de las características del proceso de enseñanza-aprendizaje) se hace explícito y cumple un papel instrumental (sometido a constantes y periódicos cambios y adecuaciones producidos por la necesidad de la actualización técnica y científica). Además, en el plano socioeconómico, favorece la política de participación activa de los agentes económicos y sociales con las administraciones educativa y laboral en la planificación y gestión de la formación profesional.

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