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La Construcción de la Ciudadanía en el Siglo XXI

La Universidad Imposible

Autores: Mercedes Oraisón (coord.), Daniel J. Corbo, Sílvio Gallo y Newton Aquiles von Zuben
Colección: Educación en Valores
Edita: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) - Octaedro
Número de páginas: 165
Encuadernación: rústica
Tamaño: 15 x 23 cm
Fecha de edición: 2005
Edición número: 1
ISBN: 84-8063-719-6
Precio: 15 Euros

Resumen
Índice
Fragmento

Resumen

La formación del ciudadano es, sin duda, una de las metas más importantes y prioritarias de las agendas político-educativas contemporáneas. Tanto en democracias débiles e incipientes, como en aquellas ya consolidadas, la construcción de una ciudadanía crítica y participativa parece ser la clave para resolver la diversidad de conflictos emergentes que reflejan la profunda crisis que afecta actualmente a este régimen: desigualdades, exclusiones y discriminaciones, en algunos casos; corrupción política, apatía y escepticismo cívico, en otros. La salud del sistema, la supervivencia de sus instituciones y las condiciones de gobernabilidad, pero sobre todo de legitimidad, dependen de las accione ético-educativas que se encaren a efectos de capacitar a cada ciudadano para la práctica responsable, racional y autónoma de su ciudadanía.

La compleja y profunda construcción sociohistórica de la ciudadanía es fundamentalmente pedagógica ya que opera sobre la conformación del imaginario y de los hábitos y actitudes que expresan distintos roles y posiciones dentro del sistema político y la sociedad civil. Estas acciones se despliegan en el ámbito de la educación informal, pero sobre todo en el de la educación formal y sistemática. La formación del ciudadano es un objetivo fundante de los sistemas educativos nacionales, cuyos currícula, textos y marcos normativos institucionales se encargan de transmitir determinados valores, concepciones y estereotipos que conforman la noción individual y colectiva de ciudadanía.

Este libro pretende analizar críticamente los procesos mencionados en distintos contextos históricos, culturales y políticos; contextos que por presentar cierta proximidad pueden permitirnos reconocer tendencias y aspectos comunes, a pesar de sus contingencias propias.

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Índice

INTRODUCCIÓN

I. REPRESENTACIONES Y PRÁCTICAS DE LA CIUDADANÍA. UNA LECTURA HISTÓRICO-PEDAGÓGICA DEL CASO ARGENTINO
M.ª Mercedes Oraisón

II. LA CONSTRUCCIÓN DE CIUDADANÍA DEMOCRÁTICA EN EL URUGUAY. EL PAPEL CENTRAL DE LA EDUCACIÓN Y LA TENSIÓN ENTRE LOS PRINCIPIOS DE MONOIDENTIDAD Y POLI-IDENTIDAD, COMO MATRICES CONSTITUTIVAS DE LA CULTURA CÍVICA.
Daniel J. Corbo

III. ESCENARIOS DE RUPTURA Y VALORES COMPARTIDOS EN LA CONQUISTA DE LA CIUDADANÍA. ANÁLISIS DE LOS PARÁMETROS CURRICULARES NACIONALES.
Newton Aquiles von Zuben y Sílvio Gallo

BIBLIOGRAFÍA COMENTADA

PRESENTACIÓN DE LOS AUTORES

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Fragmento

Introducción

La formación del ciudadano es, sin duda, una de las metas más importantes y prioritarias de las agendas político-educativas contemporáneas. Tanto en democracias débiles e incipientes, como en aquellas ya consolidadas, la construcción de una ciudadanía crítica y participativa parece ser la clave para resolver la diversidad de conflictos emergentes que reflejan la profunda crisis que afecta actualmente a este régimen: desigualdades, exclusiones y discriminaciones, en algunos casos; corrupción política, apatía y escepticismo cívico, en otros. La salud del sistema, la supervivencia de sus instituciones y las condiciones de gobernabilidad, pero sobre todo de legitimidad, dependen de las acciones ético-educativas que se encaren a efectos de capacitar a cada ciudadano para la práctica responsable, racional y autónoma de su ciudadanía.

Las frustraciones y deudas que ha dejado el proyecto político de la modernidad no se resuelven con la disolución de la democracia sino con su radicalización. Coincidimos con Habermas (1998, p. 61) en que, a pesar de los reclamos, lo que las poblaciones parecen exigir es más democracia y no menos.

En tal sentido Rubio Carracedo (1990 y 1996) ha intentado explicar la crisis de las democracias contemporáneas, y fundamentalmente su cuestionamiento ético, a partir de dos interpretaciones: por un lado, las distorsiones que ha sufrido el modelo original de democracia representativa siguiendo la lógica oligárquico-liberal, y por otro, la desilusión ante las promesas incumplidas del proyecto revolucionario de 1789 que asumía que la democracia parlamentaria sería sólo una primera instancia que prepararía el camino para la realización de una democracia participativa en el sentido clásico. Rubio Carracedo (1996) ha llamado "la genealogía de una frustración histórica" al proceso de consolidación del modelo representativo indirecto institucionalizado por la revolución ilustrada -en ese entonces, el único posible- nacido con un carácter provisional. Si bien se pensó que su perfeccionamiento mediante los progresos en la educación cívica y política permitiría una participación más activa de los ciudadanos, el sistema evolucionó de otra manera perpetuando ciertos privilegios y mecanismos de exclusión y manteniendo los controles sobre el pueblo mediante el ejercicio de un paternalismo político y moral.

Indudablemente, fueron los factores de poder los que conspiraron para que no se produjera el paso de un sistema a otro. Factores, que el pensamiento crítico postmoderno se ha encargado de desenmascarar. Pero, al proceso de crítica y desmitificación debe seguir el de construcción y fundamentación, en el que no puede sino recurrirse a la democracia en su sentido más auténtico. Como el propio Habermas, muchos autores están planteando la necesidad de aproximarnos a un modelo procedimental de democracia moralmente deseable. Y este modelo no es otro que el de la democracia radical o participativa. "Puesto que "democracia" no significa sino "gobierno del pueblo" -dirá Adela Cortina-, y puesto que este gobierno se entiende sobre la base de la isonomía, es decir, de la igualdad entre los ciudadanos, [...] será democracia radical aquella que exige la participación directa de todos los ciudadanos en la toma de decisiones" (Cortina, A. 1993, p. 13).

Ahora bien, reconociendo que la participación ilimitada es un derecho inalienable, pero que su ejercicio involucra responsabilidades propias de una ciudadanía madura, hace falta redefinir el concepto de ciudadano en términos ético-comunicativos ya que la participación como requisito fundamental de la democracia radical debe ir acompañada de un principio procedimental básico: que en la toma de decisiones se tengan en cuenta las opiniones de todos los afectados, reales y potenciales y que las normas de acción que se consensuen en este proceso, se fundamenten en criterios susceptibles de ser universalizados.

Esta nueva concepción de la ciudadanía, que está involucrada en el ideal del interlocutor válido planteado por Cortina, tiene consecuencias decisivas en el plano socioeducativo. Desde una perspectiva práctica o empírica, la idea del interlocutor como "todo aquel ser dotado de competencias comunicativas" presenta limitaciones en cuanto a su posibilidad de realización, en el sentido de restringir la condición de auténtica ciudadanía a aquel sector de la sociedad con estadios lógicos y morales superiores, con amplios antecedentes de escolarización y un bagaje de información sociocultural significativo, que tiene -y ha tenido desde muy temprano-, numerosas oportunidades de participación en distintas instancias de toma de decisiones.

Por ello, y tal como Dewey (1953) lo ha planteado, es imposible pensar en una sociedad democrática, justa y solidaria sin una educación amplia e igualitaria que pueda imprimir en cada uno de sus miembros el carácter de una auténtica ciudadanía tal como el que acabamos de plantear. Pero, la relación entre democracia y educación que postula Dewey (1953, pp. 93 y 94) sigue interpelándonos como un ideal. Su concepción de una democracia participativa, abierta e inclusiva y de una educación entendida como la provisión de igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de las potencialidades y la justa apropiación de los bienes materiales y culturales de una sociedad, se recupera y refleja en los reclamos de quienes luchan por quebrar el carácter conservador y exclusor de las democracias contemporáneas.

Los reclamos éticos y sociales en pos de la igualdad, la libertad y la justicia social que se hacen sentir cada vez con mayor fuerza plantean la urgente necesidad de construir nuevos contratos que se traduzcan en una democracia más inclusiva, equitativa, participativa y solidaria. La fundación de nuevas relaciones entre el Estado y la sociedad civil y de nuevos sujetos cívicos críticos y motivados moralmente a participar en los asuntos públicos comunitarios supone una ruptura con la matriz de la ciudadanía dominante.

Tal ruptura no puede hacerse a nuestro entender sino desde una mirada histórica que nos permita reconstruir y deconstruir los discursos y las prácticas políticas, sociales y educativas que conformaron aquella matriz. Desde este marco de interpretación podrán realizarse lecturas alternativas y proponerse nuevas formas de entender y de educar a la ciudadanía.

La compleja y profunda construcción sociohistórica de la ciudadanía es fundamentalmente pedagógica ya que opera sobre la conformación del imaginario y de los hábitos y actitudes que expresan distintos roles y posiciones dentro del sistema político y la sociedad civil. Estas acciones se despliegan en el ámbito de la educación informal, pero fundamentalmente en el de la educación formal y sistemática. La formación del ciudadano es un objetivo fundante de los sistemas educativos nacionales, cuyos currícula, textos y marcos normativos institucionales se encargan de trasmitir determinados valores, concepciones y estereotipos que conforman la noción individual y colectiva de ciudadanía.

A la par, tales valores, concepciones y estereotipos se internalizan mediante otro tipo de mecanismos y dispositivos implícitos y ocultos, que parecen tener mayor eficacia que los contenidos explícitos a la hora de naturalizar una determinada imagen y patrón de comportamientos. Los contenidos implícitos forman hábitos y actitudes que se reproducen sin que medie una racionalización, y de esta manera configuran mentalidades que permiten a los alumnos identificarse con determinados modelos y paradigmas que responden a ciertos mandatos sociales. Por ello se hace particularmente necesario revisar los procesos de construcción de la ciudadanía, para reconocer cuáles han sido las representaciones y los valores que la educación ha contribuido a producir y afianzar, determinando su validez sociomoral, al margen de su legitimación política.

En consonancia con la línea pedagógica del Plan Editorial en Educación en Valores de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, este libro pretende analizar críticamente los procesos mencionados en distintos contextos históricos, culturales y políticos. Contextos que por presentar cierta proximidad pueden permitirnos reconocer tendencias y aspectos comunes, a pesar de sus contingencias propias.

La cuestión de la construcción de la ciudadanía resulta central el marco de la crisis política, social, económica y cultural que afecta con especial énfasis a los países de nuestra región. Ninguna modificación de este escenario podrá operarse si los actores involucrados como agentes directos no asumen un nuevo rol e identidad. Se plantea pues la necesidad de pensar en un nuevo sujeto ciudadano, para lo cual se hace imprescindible mirar primero hacia el pasado a fin de reconocer las concepciones que se gestaron históricamente y de las que hoy se sostienen, de discriminar los valores, representaciones y estereotipos implicados en estas concepciones y en el conjunto de prácticas sociales que en ellas se fundan y de valorar el papel que le cupo a la escuela en esta conformación. Esta mirada retrospectiva puede ayudar a tomar conciencia y a posicionarse mejor frente a la realidad que se quiere interpretar y transformar, para, a partir de este análisis, poder reconfigurar los supuestos y las bases normativas de la construcción de la ciudadanía del siglo XXI.

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