Resumen
El término "educación en valores" no ha gozado
siempre de buena fama. Se lo confunde con mucha frecuencia con educación
moral en perspectiva religiosa confesional y apologética. Pero,
especialmente después de los atentados del 11 de septiembre y del
11 de marzo y otros que han seguido, parece que no se puede descuidar
lo que se entiende hoy por formación en valores.
En tiempos de globalización neoliberal, cuando la democracia liberal
formal se convierte en estrategia de dominación, la formación
en valores tiene que significar, ante todo, deconstrucción del
fetiche del neoliberalismo y reconstrucción del auténtico
sentido de participación democrática en clave cosmopolita
con base en ciudadanas y ciudadanos libres e iguales.
La educación, como derecho social fundamental, recurso privilegiado
de legitimidad del Estado de derecho democrático, se constituye
así en el lugar donde se juega la suerte de las democracias contemporáneas.
Una educación para la ciudadanía debe orientarse por principios
más tradicionales y sustantivos y, a la vez, más utópicos,
si se quiere: es decir, normativamente más audaces.
Para responder a estos objetivos, los ensayos de este volumen profundizan
en algunos de los puntos más relevantes de este proyecto de un
ethos mundial en una sociedad postsecular.
Es de destacar cómo, todos ellos, se esfuerzan por relacionar
los principios de la filosofía moral y política con los
aspectos más centrales del proceso educativo en general y de la
práctica pedagógica en particular. Se busca, así,
responder coherentemente a una concepción de educación que
pone como objetivo fundamental la formación de ciudadanas y ciudadanos
como protagonistas en un mundo globalizado.
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Índice
Presentación
Miquel Martínez y Guillermo Hoyos
I Educación para la ciudadanía en tiempos de globalización
Miquel Martínez y Guillermo Hoyos
II Educación en valores y ciudadanía
Adela Cortina
III Educación en derechos humanos: una forma de aproximarse a
la educación en valores
Abraham Magendzo
IV Sí radical al otro-otra, en la educación en valores
Edgar Chavarría
V La laicidad escolar. Cinco vertientes de investigación
Pablo Latapí
Bibliografía general
Presentación de los autores
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Fragmento
Introducción
Introducción
El término "educación en valores" no ha gozado
siempre de buena fama. Se lo confunde con mucha frecuencia con educación
moral en perspectiva religiosa confesional y apologética. Pero,
especialmente después de los atentados del 11 de septiembre y del
11 de marzo y otros que han seguido, parece que no se puede descuidar
lo que se entiende hoy por formación en valores. De todas formas
las niñas, niños y jóvenes de las diversas culturas
se ven confrontados en el proceso educativo con sus propias tradiciones,
sus dioses y demonios, las ideologías de sus mayores, en una palabra,
todo aquello que denotamos bajo el término genérico de valores
de máximos. La fortaleza motivacional de tales valores es un recurso
moral con el que hay que contar hoy en un mundo multicultural. El reto
es lograr, sin desconocer tales valores, reconocer unos mínimos
en los que pudiéramos coincidir hoy en día todos en la búsqueda
de la convivencia y de la cooperación concertada de las diversas
culturas y naciones. Sin pretender definir apresuradamente el sentido
contemporáneo de democracia, pensamos que ciertos ideales, cierta
especie de ideas regulativas ayudan a conformar el sentido heurístico
de sociedades en las que se respete a la persona, sus valores, sus capacidades
y ante todo su dignidad.
Esta situación se agudiza en un mundo
globalizado. En él, bajo la hipoteca al neoliberalismo, tiende
a imponerse como valor superior el valor de cambio, constitutivo de la
economía de mercado. En ella desaparece el que desde la modernidad
se consideró como máximo valor, a saber, la autonomía
de la persona que constituye su dignidad y que obliga a no servirse de
la humanidad, ni en cada persona ni en su conjunto, nunca sólo
como mero medio, sino siempre como fin. No instrumentalizar al otro se
constituye entonces en el imperativo de toda educación en valores
que responda a los ideales libertario s de la modernidad. En tiempos de
globalización neoliberal, cuando la democracia liberal formal se
convierte en estrategia de dominación, la formación en valores
tiene que significar ante todo deconstrucción del fetiche del neoliberalismo
y reconstrucción del auténtico sentido de participación
democrática en clave cosmopolita con base en ciudadanas y ciudadanos
libres e iguales.
La educación como derecho social fundamental,
recurso privilegiado de legitimidad del Estado de derecho democrático,
se constituye así en el lugar donde se juega la suerte de las democracias
contemporáneas. Su función se destaca y justifica plenamente
no sólo por su potencial transformador de las personas, sino también
por su aporte cognitivo y cultural al desarrollo de los pueblos. Los recientes
planteamientos acerca de las relaciones entre ciencia, tecnología,
sociedad e innovación (CTS+I) ponen de manifiesto lo complejo de
la problemática de la educación, cuando ésta se resiste
a ser reducida a la mera transmisión de habilidades y conocimientos
en el horizonte de performatividad de un ideal taylorista de la preparación
de nuevas generaciones para el mercado de trabajo.
Una educación para la ciudadanía
debe orientarse por principios más tradicionales y sustantivos
y, a la vez, más utópicos, si se quiere: es decir, normativamente
más audaces. La globalización se torna entonces un reto
moral de pertinencia cosmopolita en busca de ideales de justicia global,
de inclusión sin condiciones y de programas de cooperación
intercultural liberadora. Dicho proyecto no compromete sólo a los
gobernantes de las naciones, sino que interpela sobre todo a las ciudadanas
y ciudadanos del mundo para involucrarlos en una concepción de
mundialización de la solidaridad que responda a las necesidades
de un mundo-uno, de una misma atmósfera, una economía compartida,
unos derechos humanos universales y una misma comunidad humana multiétnica
y multicultural.
Para responder a estos objetivos los ensayos
de este volumen profundizan en algunos de los puntos más relevantes
de este proyecto de un ethos mundial en una sociedad postsecular. Miquel
Martínez y Guillermo Hoyos se ocupan en especial del tema de la
educación para la ciudadanía. La tesis central de su trabajo
enfatiza el sentido de la acción comunicativa en los procesos educativos,
la misma acción que en última instancia constituye el nervio
de la participación democrática. La competencia ciudadana
fundamental e integradora, la comunicación, es la misma que se
forma en la práctica pedagógica orientada hacia la educación
para la democracia. Por ello la comunicación en los procesos educativos
es ante todo espacio de manifestación de la sensibilidad estética
y moral, apertura a otros, tolerancia radical, comprensión y reconocimiento
del otro como diferente en su diferencia y por tanto como interlocutor
válido. Entonces la comunicación que parte de la tolerancia
y de la comprensión del otro, se despliega, sin desprenderse de
los contextos de toda índole, como competencia discursiva y argumentativa
para buscar aquellos mínimos interculturales que constituyen las
bases de acuerdo para la convivencia y la cooperación ciudadana.
"Ciudadanos del mundo" ha caracterizado
Adela Cortina a los habitantes de este mundo-uno en tiempos de globalización.
Su ensayo para este colectivo profundiza en la necesidad y urgencia de
ciudadanos como protagonistas, a los cuales caracteriza con lujo de detalles.
Analiza para ello el sentido de participación ciudadana en las
concepciones filosóficas del liberalismo, el comunitarismo y el
republicanismo contemporáneos, para terminar proponiendo una educación
que tenga en cuenta los asuntos del conocimiento científico, la
formación moral de las personas y el desarrollo de la prudencia.
Este sentido de formación integral para el ejercicio de la ciudadanía
reitera y enriquece las tesis de la profesora Cortina acerca de la banalidad
cuando se propone una ética o una política "sin moral".
Únicamente desde una filosofía moral y política coherente
se pueden concretar las características de una vida buena y las
tareas para procurarla y alcanzarla participativamente. De esta forma
se podrá responder adecuada y responsablemente a las exigencias
del momento.
El ensayo de Abraham Magendzo se centra en la
educación en perspectiva de derechos humanos, enfatizando la integralidad
de los así llamados derechos civiles y políticos y de los
derechos económicos, sociales y culturales (DESC). Esto aparece
especialmente claro en la reconstrucción histórica de las
luchas de los países de América Latina para que se reconozcan
políticamente los derechos de los excluidos, de los más
pobres y de los discriminados por su raza, religión o pertenencia
social. Se defiende en especial la necesidad de constituir un sujeto vigoroso
de los derechos humanos, el ciudadano capaz de reclamar el reconocimiento
de su autonomía y de su dignidad. Los derechos humanos, también
los sociales fundamentales son derechos subjetivos en el sentido más
originario de la palabra1. Formar este sujeto de derechos como ciudadano
es tarea primordial de la educación en valores en perspectiva crítica
y emancipatoria. Con ello se afirma que la educación no puede ocultar
su pertinencia éticopolítica, en la cual radica su tarea
fundamental, aunque la ideología neoliberal quiera hacer de ella
otra cosa totalmente diferente.
Por su lado, Edgar Chavarría profundiza
en el aspecto fundamental de la educación en valores para una ciudadanía
democrática. Sin el reconocimiento del otro como diferente en su
diferencia no hay tolerancia, será imposible la comprensión
y no podrá establecerse ningún diálogo que pueda
permitir avanzar en el entendimiento mutuo y en la construcción
de acuerdos ciudadanos mínimos. En este punto es necesario volver
a la historia de nuestras naciones, a la historia de las exclusiones y
discriminaciones, en las que aparece la positivización del otro/otra
como estrategia y lógica de dominación. Las posibilidades
de una ciudadanía, basada en el reconocimiento del otro, en la
confianza mínima de podernos relacionar con él como extraño
en la vida cotidiana, se crean en procesos educativos y en una práctica
pedagógica que fomente la competencia comunicativa como la competencia
ciudadana fundacional.
Finalmente el Profesor Pablo Latapí aborda
un tema central en las consideraciones sobre formación en valores,
el de la laicidad en los procesos educativos. Asumiendo la discusión
que se sigue presentando en México, cuya experiencia en este tema
es paradigmática, se consideran cinco aspectos del problema que
pueden ser llevados a nivel general para otros países. Esto ayudará
a comprender mejor y a analizar más coherentemente la necesidad
actual de un ethos mundial en una sociedad postsecular, en la cual inclusive
la laicidad misma, lo mismo que los diversos valores de máximos,
han de entrar en un diálogo intercultural en el que se reconozcan
los principios fundantes de una educación secularizada y su incidencia
en la sociedad como un todo: la libertad de conciencia, la formación
moral no confesional, la neutralidad de la pedagogía con respecto
a los diferentes máximos, el pluralismo razonable en referencia
a los valores culturales y la búsqueda de un consenso entrecruzado
que ayude a buscar unidad y cohesión en la sociedad postsecular.
Es de destacar cómo todos los ensayos
de este volumen se esfuerzan por relacionar los principios de la filosofía
moral y política con los aspectos más centrales del proceso
educativo en general y de la práctica pedagógica en particular.
Con ello se busca responder coherentemente a una concepción de
educación que pone como objetivo fundamental la formación
de ciudadanas y ciudadanos como protagonistas en un mundo globalizado.
(1) Ver recientemente: Arango, Rodolfo (2005).
El concepto de derechos sociales fundamentales. Bogotá:
Universidad Nacional de Colombia y LEGIS
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