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La formación en valores en sociedades democráticas

La Universidad Imposible

Autores: Miquel Martínez, Guillermo Hoyos (coords.), Adela Cortina, Abraham Magendzo, Edgar Chavarría, Pablo Latapí.
Colección: Educación en Valores
Edita: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) - Octaedro
Número de páginas: 152
Encuadernación: rústica
Tamaño: 15 x 23 cm
Fecha de edición: 2006
Edición número: 1
ISBN: 84-8063-816-8
Precio: 15 Euros

Resumen
Índice
Fragmento

Resumen

El término "educación en valores" no ha gozado siempre de buena fama. Se lo confunde con mucha frecuencia con educación moral en perspectiva religiosa confesional y apologética. Pero, especialmente después de los atentados del 11 de septiembre y del 11 de marzo y otros que han seguido, parece que no se puede descuidar lo que se entiende hoy por formación en valores.

En tiempos de globalización neoliberal, cuando la democracia liberal formal se convierte en estrategia de dominación, la formación en valores tiene que significar, ante todo, deconstrucción del fetiche del neoliberalismo y reconstrucción del auténtico sentido de participación democrática en clave cosmopolita con base en ciudadanas y ciudadanos libres e iguales.

La educación, como derecho social fundamental, recurso privilegiado de legitimidad del Estado de derecho democrático, se constituye así en el lugar donde se juega la suerte de las democracias contemporáneas.

Una educación para la ciudadanía debe orientarse por principios más tradicionales y sustantivos y, a la vez, más utópicos, si se quiere: es decir, normativamente más audaces.

Para responder a estos objetivos, los ensayos de este volumen profundizan en algunos de los puntos más relevantes de este proyecto de un ethos mundial en una sociedad postsecular.

Es de destacar cómo, todos ellos, se esfuerzan por relacionar los principios de la filosofía moral y política con los aspectos más centrales del proceso educativo en general y de la práctica pedagógica en particular. Se busca, así, responder coherentemente a una concepción de educación que pone como objetivo fundamental la formación de ciudadanas y ciudadanos como protagonistas en un mundo globalizado.

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Índice

Presentación
Miquel Martínez y Guillermo Hoyos

I Educación para la ciudadanía en tiempos de globalización
Miquel Martínez y Guillermo Hoyos

II Educación en valores y ciudadanía
Adela Cortina

III Educación en derechos humanos: una forma de aproximarse a la educación en valores
Abraham Magendzo

IV Sí radical al otro-otra, en la educación en valores
Edgar Chavarría

V La laicidad escolar. Cinco vertientes de investigación
Pablo Latapí

Bibliografía general

Presentación de los autores

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Fragmento

Introducción

Introducción
El término "educación en valores" no ha gozado siempre de buena fama. Se lo confunde con mucha frecuencia con educación moral en perspectiva religiosa confesional y apologética. Pero, especialmente después de los atentados del 11 de septiembre y del 11 de marzo y otros que han seguido, parece que no se puede descuidar lo que se entiende hoy por formación en valores. De todas formas las niñas, niños y jóvenes de las diversas culturas se ven confrontados en el proceso educativo con sus propias tradiciones, sus dioses y demonios, las ideologías de sus mayores, en una palabra, todo aquello que denotamos bajo el término genérico de valores de máximos. La fortaleza motivacional de tales valores es un recurso moral con el que hay que contar hoy en un mundo multicultural. El reto es lograr, sin desconocer tales valores, reconocer unos mínimos en los que pudiéramos coincidir hoy en día todos en la búsqueda de la convivencia y de la cooperación concertada de las diversas culturas y naciones. Sin pretender definir apresuradamente el sentido contemporáneo de democracia, pensamos que ciertos ideales, cierta especie de ideas regulativas ayudan a conformar el sentido heurístico de sociedades en las que se respete a la persona, sus valores, sus capacidades y ante todo su dignidad.

Esta situación se agudiza en un mundo globalizado. En él, bajo la hipoteca al neoliberalismo, tiende a imponerse como valor superior el valor de cambio, constitutivo de la economía de mercado. En ella desaparece el que desde la modernidad se consideró como máximo valor, a saber, la autonomía de la persona que constituye su dignidad y que obliga a no servirse de la humanidad, ni en cada persona ni en su conjunto, nunca sólo como mero medio, sino siempre como fin. No instrumentalizar al otro se constituye entonces en el imperativo de toda educación en valores que responda a los ideales libertario s de la modernidad. En tiempos de globalización neoliberal, cuando la democracia liberal formal se convierte en estrategia de dominación, la formación en valores tiene que significar ante todo deconstrucción del fetiche del neoliberalismo y reconstrucción del auténtico sentido de participación democrática en clave cosmopolita con base en ciudadanas y ciudadanos libres e iguales.

La educación como derecho social fundamental, recurso privilegiado de legitimidad del Estado de derecho democrático, se constituye así en el lugar donde se juega la suerte de las democracias contemporáneas. Su función se destaca y justifica plenamente no sólo por su potencial transformador de las personas, sino también por su aporte cognitivo y cultural al desarrollo de los pueblos. Los recientes planteamientos acerca de las relaciones entre ciencia, tecnología, sociedad e innovación (CTS+I) ponen de manifiesto lo complejo de la problemática de la educación, cuando ésta se resiste a ser reducida a la mera transmisión de habilidades y conocimientos en el horizonte de performatividad de un ideal taylorista de la preparación de nuevas generaciones para el mercado de trabajo.

Una educación para la ciudadanía debe orientarse por principios más tradicionales y sustantivos y, a la vez, más utópicos, si se quiere: es decir, normativamente más audaces. La globalización se torna entonces un reto moral de pertinencia cosmopolita en busca de ideales de justicia global, de inclusión sin condiciones y de programas de cooperación intercultural liberadora. Dicho proyecto no compromete sólo a los gobernantes de las naciones, sino que interpela sobre todo a las ciudadanas y ciudadanos del mundo para involucrarlos en una concepción de mundialización de la solidaridad que responda a las necesidades de un mundo-uno, de una misma atmósfera, una economía compartida, unos derechos humanos universales y una misma comunidad humana multiétnica y multicultural.

Para responder a estos objetivos los ensayos de este volumen profundizan en algunos de los puntos más relevantes de este proyecto de un ethos mundial en una sociedad postsecular. Miquel Martínez y Guillermo Hoyos se ocupan en especial del tema de la educación para la ciudadanía. La tesis central de su trabajo enfatiza el sentido de la acción comunicativa en los procesos educativos, la misma acción que en última instancia constituye el nervio de la participación democrática. La competencia ciudadana fundamental e integradora, la comunicación, es la misma que se forma en la práctica pedagógica orientada hacia la educación para la democracia. Por ello la comunicación en los procesos educativos es ante todo espacio de manifestación de la sensibilidad estética y moral, apertura a otros, tolerancia radical, comprensión y reconocimiento del otro como diferente en su diferencia y por tanto como interlocutor válido. Entonces la comunicación que parte de la tolerancia y de la comprensión del otro, se despliega, sin desprenderse de los contextos de toda índole, como competencia discursiva y argumentativa para buscar aquellos mínimos interculturales que constituyen las bases de acuerdo para la convivencia y la cooperación ciudadana.

"Ciudadanos del mundo" ha caracterizado Adela Cortina a los habitantes de este mundo-uno en tiempos de globalización. Su ensayo para este colectivo profundiza en la necesidad y urgencia de ciudadanos como protagonistas, a los cuales caracteriza con lujo de detalles. Analiza para ello el sentido de participación ciudadana en las concepciones filosóficas del liberalismo, el comunitarismo y el republicanismo contemporáneos, para terminar proponiendo una educación que tenga en cuenta los asuntos del conocimiento científico, la formación moral de las personas y el desarrollo de la prudencia. Este sentido de formación integral para el ejercicio de la ciudadanía reitera y enriquece las tesis de la profesora Cortina acerca de la banalidad cuando se propone una ética o una política "sin moral". Únicamente desde una filosofía moral y política coherente se pueden concretar las características de una vida buena y las tareas para procurarla y alcanzarla participativamente. De esta forma se podrá responder adecuada y responsablemente a las exigencias del momento.

El ensayo de Abraham Magendzo se centra en la educación en perspectiva de derechos humanos, enfatizando la integralidad de los así llamados derechos civiles y políticos y de los derechos económicos, sociales y culturales (DESC). Esto aparece especialmente claro en la reconstrucción histórica de las luchas de los países de América Latina para que se reconozcan políticamente los derechos de los excluidos, de los más pobres y de los discriminados por su raza, religión o pertenencia social. Se defiende en especial la necesidad de constituir un sujeto vigoroso de los derechos humanos, el ciudadano capaz de reclamar el reconocimiento de su autonomía y de su dignidad. Los derechos humanos, también los sociales fundamentales son derechos subjetivos en el sentido más originario de la palabra1. Formar este sujeto de derechos como ciudadano es tarea primordial de la educación en valores en perspectiva crítica y emancipatoria. Con ello se afirma que la educación no puede ocultar su pertinencia éticopolítica, en la cual radica su tarea fundamental, aunque la ideología neoliberal quiera hacer de ella otra cosa totalmente diferente.

Por su lado, Edgar Chavarría profundiza en el aspecto fundamental de la educación en valores para una ciudadanía democrática. Sin el reconocimiento del otro como diferente en su diferencia no hay tolerancia, será imposible la comprensión y no podrá establecerse ningún diálogo que pueda permitir avanzar en el entendimiento mutuo y en la construcción de acuerdos ciudadanos mínimos. En este punto es necesario volver a la historia de nuestras naciones, a la historia de las exclusiones y discriminaciones, en las que aparece la positivización del otro/otra como estrategia y lógica de dominación. Las posibilidades de una ciudadanía, basada en el reconocimiento del otro, en la confianza mínima de podernos relacionar con él como extraño en la vida cotidiana, se crean en procesos educativos y en una práctica pedagógica que fomente la competencia comunicativa como la competencia ciudadana fundacional.

Finalmente el Profesor Pablo Latapí aborda un tema central en las consideraciones sobre formación en valores, el de la laicidad en los procesos educativos. Asumiendo la discusión que se sigue presentando en México, cuya experiencia en este tema es paradigmática, se consideran cinco aspectos del problema que pueden ser llevados a nivel general para otros países. Esto ayudará a comprender mejor y a analizar más coherentemente la necesidad actual de un ethos mundial en una sociedad postsecular, en la cual inclusive la laicidad misma, lo mismo que los diversos valores de máximos, han de entrar en un diálogo intercultural en el que se reconozcan los principios fundantes de una educación secularizada y su incidencia en la sociedad como un todo: la libertad de conciencia, la formación moral no confesional, la neutralidad de la pedagogía con respecto a los diferentes máximos, el pluralismo razonable en referencia a los valores culturales y la búsqueda de un consenso entrecruzado que ayude a buscar unidad y cohesión en la sociedad postsecular.

Es de destacar cómo todos los ensayos de este volumen se esfuerzan por relacionar los principios de la filosofía moral y política con los aspectos más centrales del proceso educativo en general y de la práctica pedagógica en particular. Con ello se busca responder coherentemente a una concepción de educación que pone como objetivo fundamental la formación de ciudadanas y ciudadanos como protagonistas en un mundo globalizado.

(1) Ver recientemente: Arango, Rodolfo (2005). El concepto de derechos sociales fundamentales. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia y LEGIS

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