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Subdesarrollo e innovación.
Navegando contra el viento

La Universidad Imposible

Autores: Rodrigo Arocena y Judith Sutz
Colección: Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación
Edita: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) / Cambridge University Press.
Número de páginas: 230
Encuadernación: rústica
Tamaño: 16,5 x 24 cm
Fecha de edición: 2002
Edición número: 1
ISBN: 84-8323-358-4
Precio: 17,25 euros

Resumen
Índice
Fragmento

Cómo conseguirlo

Resumen

La obra de Arocena y Sutz constituye una importante y novedosa contribución desde la óptica latinoamericana a la reflexión sobre la naturaleza de los procesos de innovación y de su impacto sobre el desarrollo. El libro es el fruto de una continuada labor de análisis sobre los fundamentos y condicionantes del desarrollo científico y tecnológico que han realizado los autores durante los últimos años.

El enfoque de la temática complementa las tradicionales visiones de la innovación y del desarrollo e incorpora dimensiones específicas de los países que en el libro se definen como periféricos, y que constituyen un importante referente para comprender las claves del mundo actual.

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Índice

Introducción: Desde un Sur

Primera parte: El ascenso de la innovación

1. La innovación como problema complejo
1.1 ¿Qué se entiende por innovación técnico-productiva
1.2 Los momentos de la innovación
1.3 Los caminos de las transformaciones tecnológicas
1.4 Una mirada de conjunto
2. Nada de lo social le es ajeno
2.1 Las capacidades para innovar
2.2 El papel de las políticas
2.3 Actividades y actores
2.4 La orientación de la innovación
3. Un fenómeno interactivo, distribuido y conflictivo
3.1 Relaciones entre productores y usuarios
3.2 Los diversos actores que originan innovaciones
3.3 Sobre cultura y cambio técnico
3.4 De las especificidades culturales a la competitividad
3.5 La innovación como expresión de intereses
3.6 La innovación como espacio de antagonismos
4. La innovación en el mundo de hoy
4.1 Algunas tendencias fuertes de nuestro tiempo
4.2 Transformaciones en la producción de conocimiento
4.3 Las universidades en el "reino de la innovación"
5. Los sistemas de innovación
5.1 Caracterización general
5.2 Sistemas nacionales, regionales y locales de innovación
5.3 Sobre el papel del conocimiento tácito
5.4 Sistemas sectoriales de innovación
5.5 Las políticas públicas "fortalecedoras de sistema"
5.6 El enfoque constructivo en el estudio de los sistemas de innovación
Recapitulación: una clave de nuestro tiempo

Segunda parte: Divisorias nuevas y viejas

6. De la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento
6.1 La revolución tecnológica de fines del siglo XX
6.2 Buscando ayuda en la historia comparada
6.3 Algunas dimensiones de la mutación en curso
6.4 Dinámicas globales del poder
6.5 La emergencia de la sociedad capitalista del conocimiento
7. El subdesarrollo, de ayer a hoy
7.1 La cuestión en perspectiva
7.2 Ciencia y tecnología en el Norte y en el Sur
7.3 Sistemas nacionales de innovación y subdesarrollo
7.4 Problemas y tendencias
8. Las divisorias del aprendizaje
8.1 Transformaciones en el mundo del trabajo
8.2 Capacidades y oportunidades: dónde y cómo se aprende
8.3 Grandes divisorias
9. Sobre la democratización del conocimiento
9.1 Ciencia, tecnología y desigualdad
9.2 El papel de la agenda de investigación
9.3 Conocimiento y libertades
10. La cuestión del desarrollo
10.1 Desarrollo humano auto-sustentable
10.2 La innovación semiperiférica
10.3 Estado, mercado y actores
10.4 Estrategias alternativas

Conclusión: Innovación social y equidad proactiva
Referencias

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Fragmento

Conclusión

[…] Este libro ha sido escrito como respuesta a una invitación del programa "Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación" (CTS+I) de la Organización de Estados Iberoamericanos, a cuyo desarrollo queremos contribuir desde el enfoque recién reseñado.

Lo fecundo de semejante programa tiene mucho que ver con la diversidad. Son varias las perspectivas desde las que se han estudiado en profundidad aspectos de las relaciones entre Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). A nuestro juicio, las más ricas comparten una visión que no atiende sólo a los "impactos" de la investigación sobre la sociedad ni sólo a los "condicionamientos" que ésta ejerce sobre aquélla, sino a las "interacciones" de una y otra, en una tradición claramente señalada por uno de los pioneros del tema, John Bernal, y que puede remontarse a grandes maestros que siguen influenciando profundamente dicha visión desde contribuciones tan distintas como las de Marx o Schumpeter.

La variedad de las interacciones y la complejidad de los problemas requiere necesariamente la contribución de saberes y enfoques distintos. Si las prácticas académicas no apuntan a superar las vallas entre comunidades de investigadores, mal podrán colaborar a la generalización de los diálogos en el seno de la sociedad en su conjunto acerca de la problemática del conocimiento. Si se aspira a lograr algún grado de comprensión y de incidencia socialmente positiva en lo que se refiere a los procesos de innovación, se requiere la contribución de investigadores de distintas disciplinas, pero sobre todo la de otros actores, insertos en los mundos de la producción, la educación, la comunicación, la gestión pública.

Vemos pues, la temática CTS+I como un terreno de encuentro entre personas de distintas inserciones geográficas y laborales, que comparten la preocupación por promover la creatividad colectiva para que el conocimiento contribuya mejor a la expansión de las libertades y de la calidad de la vida en común, y sirva menos a la desigualdad, la destrucción y la degradación ambiental.

A la agenda de trabajo en ese terreno nos interesa en grado sumo colaborar desde nuestra inserción específica, en tanto universitarios de un pequeño país periférico. No es del caso efectuar aquí propuestas concretas y detalladas, sino tan sólo anotar algunos aspectos que vale la pena tener en cuenta.

El crecimiento del conocimiento hace cada vez más difícil la comprensión por los "legos" de gran parte de los asuntos que los involucran, al tiempo que nos convierte a todos en legos respecto a la mayoría de los temas, y a muchos, en especialistas estrechos. El problema es medular para el ejercicio de la ciudadanía, para la noción de cultura y, last but not least, para la orientación de la innovación.

Tal problema replantea de manera aguda las preguntas de qué y cómo enseñar, más allá de la especialidad elegida por el alumno; esas preguntas son sobre todo importantes en relación a la enseñanza de las disciplinas científicas para las personas que no gustan de ellas y no planean utilizarlas ni en sus estudios ni en sus prácticas laborales.

Al respecto, una de las herramientas potencialmente útiles es la enseñanza de distintos temas, que pueden ser englobados en el campo CTS, en los niveles terciario y medio y también fuera del sistema formal o tradicional de educación. La idea orientadora es que muchas personas pueden sentirse atraídas por una u otra faceta de las relaciones mutuas entre la ciencia, la tecnología y la sociedad, lo cual puede constituir su punto de entrada al estudio y a la reflexión sobre tales cuestiones. Nunca hay que olvidar las obvias verdades de que se aprende desde lo que se sabe y desde lo que interesa. Por consiguiente, una primera condición necesaria para el éxito es organizar la docencia a partir de los intereses genuinos de aquellos a quienes se la ofrece, de sus conocimientos, preocupaciones y proyectos; no puede sino ser una enseñanza muy dependiente del contexto, abierta a la experimentación y a la diversidad. Una condición no menos necesaria es que la docencia se estructure de manera genuinamente interdisciplinaria, propiciando diálogos plurales. Y, como en toda enseñanza activa, debe apuntar a que quienes desean aprender puedan definir y realizar algún trabajo por cuenta propia, lo cual, como actitud, se parece mucho a buscar soluciones para algún problema. En suma, se trata de enseñar en una genuina perspectiva de CTS+I.

Ofertas educativas de ese tipo pueden colaborar a ampliar el acceso a una dimensión de la cultura, como lo es la creación científica y tecnológica, y a la formación ciudadana, en la medida en que ayuda a capacitarse para incidir en la decisión de algunas cuestiones importantes que a todos incumben.

Como hemos argumentado en el capítulo 9, la emergencia de la sociedad capitalista del conocimiento, plagada de desigualdades y esencialmente concentrada en ciertas áreas geográficas reducidas, pero con impactos enormes en todo el planeta, hace de la democratización del conocimiento un desafío mayor de nuestro tiempo. Entre las diversas condiciones necesarias para encararlo con algunas posibilidades de éxito -no parece haber ninguna condición que por sí sola sea suficiente para ello- se destaca la transformación profunda de la enseñanza: es preciso hacer realidad la educación permanente, expresión abreviada con la que designamos la generalización del acceso a la enseñanza avanzada y de calidad, ofrecida de maneras diversas, renovable a lo largo de la vida entera y vinculada con el desempeño laboral.

Modalidades educativas con varias de esas características ya existen hoy, pero son el patrimonio de minorías, con lo que tienden a ahondar las divisorias del aprendizaje. Para revertir la tendencia, se precisan cambios apreciables en esos universos, usualmente conservadores y satisfechos consigo mismos, que son los sistemas formales de enseñanza. Se necesita su colaboración para que dejen de ser el teatro por excelencia de la educación, nada menos, puesto que la educación permanente para todos no saldrá de la mera retórica hasta que realmente concibamos como aula potencial a todo ámbito social -granja, fábrica, hospital, laboratorio, taller, centro turístico, estudio asesor, banco de fomento, etc.- donde una tarea socialmente útil se lleve a cabo con altos niveles de calificación y eficiencia. Para ofrecer oportunidades a tantas personas con débiles posibilidades ocupacionales -sobre todo en los países periféricos, a la gran cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan- hay que ir convirtiendo en realidad esas potencialidades, ante todo detectando las experiencias exitosas y aprendiendo de ellas.

Las universidades tienen mucho que aportar a esa labor, y muy graves serán las consecuencias si no lo hacen. Cabe sospechar que la medida en que contribuyan -o dejen de hacerlo- a las tareas estrechamente interconectadas de la democratización del conocimiento y de la generalización de la enseñanza avanzada, muy vinculada con el trabajo y renovable a lo largo de la vida entera, definirá el perfil social de las universidades en el Siglo XXI (Arocena y Sutz, 2001; Marcovich, 2002).

Una de las grandes metas para la transformación necesaria de la educación es vincularla con la expansión de las capacidades colectivas para la innovación. Se trata, en especial, de impulsar las conexiones de la enseñanza formal, y sobre todo de las modalidades para su permanente renovación, con las prácticas laborales en espacios interactivos de aprendizaje, lo que, a su vez, puede favorecer a estos últimos, particularmente a través de la incorporación sistemática de gente joven y muy calificada.

Desde perspectivas de CTS+I, no poco se puede aportar a la exploración de posibilidades para entretejer educación e innovación y, más en general, a aprender de la sociedad acerca de cómo enfrentar los grandes problemas de nuestro tiempo.

Las lecciones más importantes que así se pueden obtener tienen que ver con las posibilidades de cooperación entre actores con intereses y saberes diferentes. La concepción de la innovación como fenómeno interactivo y distribuido pone esa cuestión en el centro de la atención. Para que agentes distintos puedan de alguna manera colaborar y complementarse, se requieren niveles significativos de integración social, y también una cierta "horizontalidad tecnológica", en tanto disponibilidad de competencias que permitan una participación efectiva. La innovación como solución de problemas establece límites fuertes a la "delegación" de tareas en la materia, si se quiere que redunde en beneficios colectivos. Para lograr esto último, el involucramiento en la orientación, generación y difusión de lo nuevo debe ser, pues, muy superior a lo que sucede y se supone adecuado, sobre todo en el mundo del subdesarrollo, donde resulta especialmente importante ampliar, tanto en términos de individuos como de grupos, la participación en tales actividades.

Lo anotado es cardinal para una concepción del desarrollo centrada en el protagonismo de diversos actores colectivos. Al respecto, un problema mayor viene dado por las difíciles relaciones entre la introducción de avances técnicos y la actuación de los trabajadores; en la sección 3.6, "Antagonismos en el mundo del trabajo", notamos que en ese terreno se despliegan algunos de los aspectos más conflictivos de los procesos de innovación. Al mismo tiempo, las modalidades predominantes en la producción contemporánea ofrecen mayores posibilidades para conjugar eficiencia e involucramiento de los productores directos, como lo destacan Amable, Barré y Boyer (1997: 331-334). Aprovechar las posibilidades técnicas exige capacidad para pasar con rapidez de una tarea a otra, para actualizar competencias y para aprender a un nivel alto, lo que naturalmente requiere ciertas garantías de estabilidad laboral. Si los trabajadores disponen de tal capacidad, podrán colaborar a la mejor adaptación de los nuevos equipos y procedimientos productivos, originando incluso innovaciones. Sus reivindicaciones, en materia de seguridad y condiciones de vida en el trabajo, pueden tanto generar conflictos como incitar a la mejora de los procesos productivos, reduciendo los riesgos de contaminación y obteniendo productos de mayor calidad. La opción por los bajos salarios, el autoritarismo en las relaciones laborales, la precariedad del empleo y los despidos frecuentes llevan a desaprovechar esas nuevas posibilidades. Pero aprovecharlas no es nada fácil, pues tiene que ver con la introducción en la práctica de nuevas relaciones de cooperación, en contextos donde persistirán la contraposición de intereses y los conflictos.

En suma, todos los caminos conducen a Roma: afrontar la problemática de la innovación técnico-productiva exige ante todo capacidad de innovación social. […]

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Cómo conseguirlo