Sumario
MONOGRÁFICO: Ética y formación universitaria
MONOGRÁFICO: Ética e formação universitária
INTRODUCCIÓN / INTRODUÇÃO
Miquel Martínez Martín, María Rosa Buxarrais Estrada
y Francisco Esteban Bara, "La universidad como espacio de aprendizaje
ético"
Adela Cortina, "La dimensión pública de las éticas
aplicadas"
Jorge Arturo Chaves, "Ética, empresa y educación superior"
Manuel González Ávila, "Aspectos éticos de
la investigación cualitativa"
Ricardo Maliandi, "Ética discursiva y ética aplicada.
Reflexiones sobre la formación de profesionales"
OTROS TEMAS / OUTROS TEMAS
Fernando Reimers, "Tres paradojas educativas en América Latina.
Sobre la necesidad de ideas públicas para impulsar las oportunidades
educativas"
Santiago Ortigosa López, , "La educación en valores
a través del cine y las artes"
DOCUMENTOS / DOCUMENTOS
XII Conferencia Iberoamericana de Educación, "Declaración
de Santo Domingo"
XII Conferência Ibero-americana de Educação, "Declaração
de Santo Domingo"
NOVEDADES EDITORIALES / NOVIDADES EDITORIAIS
RESEÑAS DE LIBROS Y REVISTAS
PUBLICACIONES DE LA OEI
Fragmento
Introducción
La Conferencia Mundial sobre Educación Superior en el siglo xxi,
convocada por la UNESCO y celebrada en París en octubre de 1998,
planteaba:
Las instituciones de educación superior deben formar a los estudiantes
para que se conviertan en ciudadanos bien informados y profundamente motivados,
provistos de un sentido crítico y capaces de analizar los problemas,
buscar soluciones para los que se planteen a la sociedad, aplicar éstas
y asumir responsabilidades sociales.
Un elemento esencial para las instituciones de enseñanza superior
es una enérgica política de formación del personal.
Se deberían establecer directrices claras sobre los docentes de
la educación superior, que deberían ocuparse sobre todo,
hoy en día, de enseñar a sus alumnos a aprender y a tomar
iniciativas, y no a ser, únicamente, pozos de ciencia.
Hace ya mucho tiempo que se acepta y parece positivo que así
sea que las actividades pedagógicas y de investigación,
propias de las universidades, no son neutras desde el punto de vista de
las estructuras valorativas que definen y dan sentido a las sociedades
en las que aquellas desarrollan sus actividades.
La universidad actual tiene, además de su papel docente y de investigación,
una posición privilegiada en cuanto difusora de conocimientos y
proveedora de servicios a la sociedad. Por otra parte, su influencia se
extiende sobre los modos de entender el mundo, las relaciones entre los
seres humanos y de estos con el medio natural, las decisiones políticas,
y, prácticamente, sobre todas las esferas del pensamiento y sobre
la actividad de la comunidad a la que se dirige.
En definitiva, la universidad de forma intencionada o «inconsciente»
es, desde su misma creación, un actor principal en la construcción
del universo valorativo que rige nuestras creencias, conductas y actitudes.
Y, respondiendo a esa condición, debería asumir la responsabilidad
de actuar consecuentemente.
Así, la universidad tendría que contemplar en su
actividad formadora y de investigación la incorporación
de contenidos éticos propios para cada profesión, de forma
que el futuro profesional, además de lograr ser un experto en su
materia, estuviera en condiciones de actuar con base a criterios éticos.
Para ello, la formación del futuro titulado o profesional no puede
reducirse a incrementar su conocimiento deontológico, sino que
debe incorporar aprendizajes que permitan su desarrollo ético y
moral como persona, tanto en su dimensión individual como social.
En el amplio marco que nos presta el título «Ética
y formación universitaria», la Revista trata, en la parte
monográfica de este número, una cantidad importante de enfoques
sobre una cuestión que va ganando un espacio cada vez más
significativo en los debates académicos sobre el moderno papel
de las instituciones universitarias en sociedades democráticas
y plurales.
De esta forma pretendemos responder a las expectativas de nuestros lectores,
que, a través de numerosas y diversas aportaciones, vienen reflejando
el interés que por estas cuestiones tiene la comunidad académica
en Iberoamérica.
Muestra de ese interés son los más de dieciocho meses en
los que se viene debatiendo en la versión digital de la Revista
, y a propuesta de la lectora Ana Teresa Molina Álvarez, si ¿se
pueden formar valores en la universidad?
Intentamos aportar desde este monográfico, y por medio de las
colaboraciones de reconocidos expertos en ética, educación
moral y formación docente, nuevos elementos y perspectivas que
enriquezcan el tratamiento del tema principal la relación
entre ética y formación universitaria, pero también
el de las cuestiones derivadas del mismo, como son las que vinculan a
la ética con el ejercicio de las profesiones, con la función
no-profesional de los egresados universitarios y con las consecuencias
públicas y privadas del accionar de estos titulados
y de las instituciones donde se formaron.
Expresamos nuestro especial agradecimiento al catedrático de la
Universidad de Barcelona y colaborador del Programa de Educación
en Valores de la OEI, Miquel Martínez Martín, por su inestimable
apoyo en el diseño y coordinación de este monográfico.
Los miembros del Grupo de Investigación en Educación Moral
(GREM) de la Universidad de Barcelona (España), Miquel Martínez
Martín, María Rosa Buxarrais Estrada y Francisco Esteban
Bara, tratan sobre «la necesidad de elaborar una propuesta de formación
en valores éticos para la educación superior en sociedades
plurales».
La catedrática de Ética y Filosofía Política
de la Universidad de Valencia (España), Adela Cortina, aborda,
desde la perspectiva de las éticas aplicadas, tres cuestiones que
las relacionan con el papel regulador/funcional/orientador que están
adquiriendo en la actualidad. En primer lugar, como referentes simbólicos
que reemplazan o complementan a los «códigos únicos»
que permiten explicar ciertas cuestiones que aquejan a las sociedades
plurales. En segundo término, como lanzadores de los procesos de
deliberación en la esfera pública, imprescindibles en sociedades
«moralmente republicanas» para descubrir los principios de
una ética cívica. Por último, como elementos impulsores
en la construcción de «una ética cívica transnacional
[
] núcleo de una ética global».
El análisis de la relación entre ética y economía,
mediada por los agentes individuales y empresariales, y vinculada estrechamente
con las aportaciones realizadas desde la formación universitaria,
constituye el eje de la exposición de Jorge Arturo Chaves, director
de la cátedra «Víctor Sanabria» de Ética
de la Economía y del Desarrollo (Costa Rica). De ese análisis
surge «la propuesta de una nueva estrategia y la de unos nuevos
proyectos educativos que contribuyan a la generación de valores
éticos en las prácticas sociales y productivas [
]
[basados] en una alianza entre empresas y la universidad [
] en una
perspectiva pluralista y democrática».
¿Es posible y deseable establecer un modelo de evaluación
ética en la investigación? Manuel González Ávila,
del Departamento de Educación de la Facultad de Odontología
de la Universidad de San Carlos (Guatemala), responde a esta pregunta
con una propuesta. Para ello, primero contesta a muchos de los interrogantes
y cuestionamientos que las sociedades tienen respecto de la ciencia, y
más concretamente de la investigación científica
(en este caso de la cualitativa). La importancia de la ciencia para las
personas, los principios que rigen la relación entre ética
y ciencia, los valores involucrados en la investigación científica,
las cuestiones morales que plantean algunos desarrollos científicos,
son algunos de los temas que muestran la necesidad y la conveniencia de
la existencia de ese modelo.
«Si la formación de estos [profesionales] se concentra exclusiva
o prioritariamente en los aspectos técnicos, los profesionales
se reducirán a meros instrumentos de un poder que puede valerse
de ellos para fines injustos. Si por formación de profesionales
se entiende, en cambio, un desarrollo armonioso de las capacidades cognoscitivas,
técnicas y morales, se estará contribuyendo, con ella, a
un mejoramiento de la sociedad en general». Este es el planteamiento
del que parte Ricardo Maliandi investigador del CONICET y profesor
de las universidades de Mar del Plata y de Lanús (Argentina)
para reflexionar, desde la filosofía, sobre la formación
de los profesionales a la luz de la ética discursiva y de la ética
aplicada.
La sección «Otros Temas» se ve enriquecida, en esta
oportunidad, con las aportaciones de dos especialistas en educación,
que orientan sus preocupaciones hacia campos tan diversos y de tanta significación
como son la promoción de la equidad en la educación a través
de las políticas públicas, y la educación en valores
mediante el uso pedagógico del cine y de otras artes.
Fernando Reimers, de la Universidad de Harvard, trabaja sobre las paradojas
en la relación entre educación y cambio social, para argumentar
sobre la necesidad de ideas públicas que permitan avanzar hacia
la igualdad de oportunidades educativas basadas en «un diálogo
democrático informado que permita movilizar coaliciones amplias
en apoyo de las mismas».
Una propuesta de aplicación práctica para la utilización
del cine en la educación en valores constituye el eje del artículo
de Santiago Ortigosa López, profesor de la Universidad Complutense
de Madrid. Su idea de que «la catarsis generada por la obra de arte
contribuye a iluminar e intensificar las situaciones vitales en las cuales
acontece la práctica de los valores», le permite postular
que «música, narraciones y cine habitúan a los alumnos
a juzgar con rectitud y a enorgullecerse de mantener disposiciones morales».
Completan este número las declaraciones de la XII Conferencia
Iberoamericana de Educación y del V Congreso Latinoamericano de
Educación Intercultural Bilingüe, recogidas en la sección
«Documentos», y las habituales reseñas de libros y
revistas recientemente llegados a nuestra redacción.
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