Resumen
En una época en la que la creatividad se encuentra cercada por
las exigencias uniformadoras del mercado y por la fuerza de las identidades
culturales que sufren la presión de las políticas llevadas
a cabo en el sector, Iberoamérica se ve impelida a buscar su espacio
en los mercados mundiales de la cultura, sin por ello perder su diversidad
y su autonomía.
Las políticas culturales nacionales, regionales y locales se encuentran
sumidas en una dinámica de fuerzas que se solapan, se cruzan y
se mezclan en un mundo cada vez más globalizado. El papel de las
instituciones culturales y de las políticas gubernamentales se
ha puesto en juego, y requiere una redefinición.
El Informe sobre Cultura y Sustentabilidad en Iberoamérica (ICSI)
que se publica en este volumen, es el resultado del trabajo en común
llevado a cabo por la OEI y la Fundación Interarts durante años,
orientado a la promoción conjunta de redes de cooperación
cultural, a la elaboración de programas de formación y de
publicaciones, a la organización de encuentros entre profesionales,
formadores e investigadores, y, sobre todo, a la realización de
debates y discusiones sobre el espacio cultural iberoamericano y su lugar
en el mundo actual. Más concretamente, este Informe se ha hecho
a partir de la constitución de una red de investigadores, quienes
mediante un sistema de sondeos y de encuestas entre operadores culturales,
recogieron los datos, las experiencias y las percepciones de futuro que
aquí se exponen.
Este libro forma parte de uno de los sueños de Eduard Delgado:
el de ubicar la cultura como la matriz renovadora del lazo social, y se
encuentra estrechamente vinculado con su compromiso hacia los derechos
culturales como espacios de recreación del sentido de lo público.
A él va dedicado.
Subir
Índice
PRESENTACIÓN
INTRODUCCIÓN
CONTEXTOS PARA LA SUSTENTABILIDAD CULTURAL
El contexto mundial y el iberoamericano
Renato Ortiz
Las culturas de la contemporaneidad
Renato Ortiz
Patrimonio: culturas populares de raíz tradicional
Lucina Jiménez
Cultura y medios de comunicación
Jesús Martín Barbero
Redes
Jesús Martín Barbero
Las artes
Lucina Jiménez
El espejo ibérico: España y Portugal
Eduard Delgado i Clavera
PROBLEMATIZACIONES
Ciudadanía y democracia
Renato Ortiz
Estado, cultura y tecnologías
Jesús Martín Barbero
Cultura y mercados
Lucina Jiménez
Cultura, educación y comunicación
Lucina Jiménez
HACIA UNA SÍNTESIS EVOLUTIVA
Las artes
Patrimonio: culturas populares de raíz tradicional
Medios de comunicación
ANEXOS
Resumen de encuestas
Notas sobre la cooperación cultural entre España y América
Latina
Enlaces relevantes
Instituciones relevantes
Red ICSI
Bibliografía
Sobre los autores
Subir
Fragmento
INTRODUCCIÓN
Informe sobre Cultura y Sustentabilidad en
Iberoamérica (ICSI): de las redes al conocimiento
El presente informe es el resultado de la estrecha
colaboración que, a lo largo de cinco años, han mantenido
la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (OEl) y la Fundación Interarts a través
de la promoción conjunta de redes de cooperación cultural,
la elaboración de programas de formación y publicaciones,
la organización de encuentros entre profesionales, formadores e
investigadores, y, sobre todo, la puesta en valor de debates y extensas
discusiones sobre el espacio cultural iberoamericano y su lugar en el
mundo actual.
El objetivo de este ejercicio es doble. En primer
lugar, se busca inquirir la percepción que los agentes culturales
poseen sobre el futuro de la actividad en su ámbito de proyecto
(las artes o el patrimonio) y situarla en el ámbito iberoamericano.
De esta primera intención se desprende la base de este informe
sobre cultura y sustentabilidad en Iberoamérica. En segundo término,
y de manera complementaria, se trata de explorar la posible creación
de un sistema permanente de sondeo, análisis y encuesta entre agentes
culturales: "la red ICSI", cuya activación respondería
a las necesidades de monitorización de esas percepciones, así
como al intercambio de datos y experiencias entre sus miembros. En otras
palabras, la red ICSI podría constituir un cuerpo profesional de
Intercambio voluntario de información y datos cuyas virtualidades
estarían desprovistas de límites prefijados.
La red ICSI se vendría a integrar en
los esfuerzos realizados desde OEI e Interarts para articular los sistemas
de conocimiento, formación e información en el ámbito
cultural iberoamericano, y entre éste y sus homólogos en
otras regiones del mundo, especialmente en Europa. Hasta el momento, dichos
esfuerzos han llevado al establecimiento de la red Iberformat para los
centros de formación y de los Campus Euroamericanos de Cooperación
Cultural, además de muchas otras iniciativas de investigación,
formación e intercambio tanto en el terreno presencial como en
el virtual.
ICSI se plantea como un trabajo en progreso.
Un proyecto que intenta aportar experiencia en el uso de ciertas herramientas
teóricas (como las nociones de sustentabilidad cultural o de prospectiva
aplicada a la cultura), a la vez que tiende a poner en el centro de su
atención al operador cultural. En este sentido es preciso hablar
de tendencias, puesto que en un sector laboral en formación es
difícil establecer los límites entre la tarea del operador
profesional, el burócrata comprometido, el voluntario con proyecto
propio, el artista en funciones gerenciales y el investigador especializado
en las ciencias aplicadas de la cultura. Sin embargo, parece cierto que
una de las características del espacio cultural iberoamericano
es la indefinición formativo-profesional de los productores, gestores,
agentes y mediadores culturales. Ello se traduce en una escasa influencia
en el diseño de políticas, la inadecuada gestión
de los recursos y la experimentación de nuevas formas de participación.
También existe un proverbial divorcio -siempre con meritorias excepciones-
entre el mundo del conocimiento académico y la gestión cultural,
así como entre la tarea de los intelectuales de proyección
pública y el debate sobre la política para las artes y el
patrimonio. Las páginas culturales de periódicos o espacios
audiovisuales oscilan a menudo entre la crónica de la actualidad
artística y la especulación politológica sobre las
consecuencias de la globalización, sin que entre ambos polos medie
un debate social sobre las prácticas, los recursos y las expectativas
culturales de la población en su vida cotidiana.
En los últimos años, las ciencias
aplicadas a la cultura han recorrido la ruta de las declinaciones posibles
hacia la economía, el desarrollo local, la tecnología, el
medio ambiente, la educación, el turismo, la comunicación,
la integración social, la participación ciudadana, la paz,
la salud o la cooperación internacional. Transitado este circuito,
persisten las preguntas sobre cómo situar el espacio cultural en
la equidistancia justa entre el mercado y la esfera pública, entre
la gobernabilidad y la creatividad, entre lo individual y lo colectivo.
Es por ello que, en los últimos años,
el debate sobre las políticas culturales o la diversidad cultural
está dejando paso a nuevas formas de plantear los problemas de
la cultura y a su optimización, en condiciones cada vez más
adversas, para los planteamientos humanistas de la convivencia creativa.
Algunas de esas nuevas formas se dirigen a asegurar
un verdadero compromiso del ciudadano para con su devenir cultural y el
de su comunidad, situando la llamada "sociedad civil" como sujeto
y centro de los intereses culturales. Por otra parte, se pretende dotar
esta narrativa con parámetros de contraste por la vía de
nuevos índices e indicadores que permitan al sector cultural confrontar
sus aportes con los de cualquier otra esfera de la actividad humana. Finalmente,
se trata de establecer el nuevo discurso sobre bases jurídicas
universales como el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
de Naciones Unidas, firmado por todos los Estados iberoamericanos.
En resumen, este ejercicio se orienta hacia
la sustentabilidad como valor principal, y se basa en la conjunción
de tres perspectivas complementarias: el ciudadano como sujeto, la búsqueda
de nuevos indicadores como herramienta y los derechos humanos como horizonte.
Por todas estas razones, este informe pretende
dar un pequeño giro a los puntos de vista habituales, al situar
en primer plano las percepciones que los responsables del día a
día poseen sobre los proyectos, servicios e instituciones. Ello
debería permitir acercarnos al sentir de unas poblaciones a las
que raramente se les consulta sobre el diseño de su entorno cultural.
Asimismo, ICSI pretende responder a la necesidad
de estructurar análisis, investigaciones y estudios que contribuyan
a la creación de indicadores culturales que permitan la construcción
de escenarios y análisis a medio y largo plazo. Este es, sin duda,
el principal reto de las políticas culturales contemporáneas.
Metodología y antecedentes
El presente informe ha intentado realizarse
sobre un aprovechamiento real de las llamadas "nuevas tecnologías",
cuya capilaridad en la comunicación permite mantener un intenso
diálogo con un número creciente de interlocutores en cualquier
parte del mundo. Por este motivo, el informe optó por enviar una
encuesta electrónica directa a profesionales del espacio iberoamericano,
en un intento por hacer de esa capilaridad la base de una futura red de
sensores perfectamente identificada y con capacidad para generar dinámicas
de acción autónoma. Por último cabe señalar
que las respuestas de algunas encuestas han sido contrastadas, interpretadas
y desarrolladas por tres profesionales de máximo nivel del sector
cultural del espacio iberoamericano: Jesús Martín Barbero,
Lucina Jiménez y Renato Ortiz.
La metodología del informe es de escasa
complejidad práctica. A través de consultas en Internet
y en las redes existentes, se identificaron 400 agentes involucrados en
alguno de los siguientes aspectos de la acción cultural:
- Culturas populares de raíz tradicional.
- Culturas indígenas.
- Culturas populares contemporáneas.
- Lenguas.
- Música (producción y distribución contemporánea),
televisión, cine y audiovisual.
- Medios de comunicación y cultura.
- Turismo y cultura.
- Teatro y danza.
- Patrimonio y archivos.
- Artes plásticas.
- Aspecto digital: Internet y multimedia.
Los cuestionarios se dirigieron a especialistas,
responsables de proyectos y estudiosos de cada campo. Los textos de la
consulta pretendían recabar información cualitativa. Por
este motivo, se procuró dejar total libertad de estilo a los participantes
para responder a las preguntas. Como expresión misma de la diversidad
del espacio iberoamericano, los cuestionarios recogen diferentes diagnósticos,
prospectivas y opiniones desde diferentes perspectivas territoriales,
con diferente énfasis en lo local, lo regional, lo latinoamericano
y lo iberoamericano. La riqueza y la capacidad inquisitiva de las propias
respuestas dejó al equipo de orientación con una compleja
tarea de selección y síntesis, de la cual se ofrece una
amplia muestra en los próximos capítulos.
Renato Ortiz elaboró una interpretación
de los textos que trabajan los siguientes temas: "El contexto mundial
y el iberoamericano" y "Las culturas de la contemporaneidad".
Lucina Jiménez tuvo encomendada la interpretación de las
encuestas que trataban sobre "Patrimonio: culturas populares de raíz
tradicional" y su situación desde el punto de vista de las
artes creativas. Jesús Martín Barbero, en cambio, nos ofrece
síntesis cualificadas y elaboradas sobre "Medios de comunicación"
y "Redes". Por último, el coordinador del informe trata
la vertiente europea con unas notas sobre "El espejo ibérico,
España y Portugal". Más allá de las referencias
directas o indirectas al material de las encuestas, el Consejo de Orientación
de ICSI complementa estos apartados con un capítulo de problematizaciones
que permiten orientar futuras ediciones de este ejercicio. En él,
Renato Ortiz se ocupó de reinterpretar el proceso bajo el prisma
de "Ciudadanía y democracia", Lucina Jiménez ofrece
una aproximación a "Cultura y mercados" y a "Cultura,
educación y comunicación", y Jesús Martín
Barbero se refiere a "Estado, cultura y tecnologías".
Respondieron un 25% de los consultados procedentes
de 17 Estados iberoamericanos. Este porcentaje estaba compuesto por agentes
que trabajaban sobre el terreno, estudiosos y responsables institucionales.
En este colectivo predominaron los profesionales de corte académico
implicados en tareas de desarrollo cultural, detalle que habrá
que analizar detenidamente de cara a futuras fases del proyecto.
Este bajo porcentaje de respuestas señala
que no son usuales estas consultas en un oficio en el cual, como se ha
apuntado, predomina la opinión del político o del intelectual.
El nexo entre profesionales (de las artes o la gerencia territorial) y
los investigadores constituyó el eslabón más frágil
de una ya débil cadena de informaciones, datos y síntesis.
Un modelo de referencia podría ser el
trabajo promovido por el Consejo de Europa a mediados de los 90, In from
the Margins, traducido y editado en español y en catalán
por la Fundación Interarts1 . No obstante, es evidente que las perspectivas
de ambos informes, por la naturaleza del propio encargo, son completamente
distintas. En el caso europeo, In from the Margins se propuso realizar
una síntesis de la problemática cultural que mostraban los
trabajos que la institución promotora había desarrollado
en los casi 20 años precedentes.
No hay que olvidar que el Consejo de Europa
-la organización eurocontinental más antigua cuyo mandato
intergubernamental comprende a la cultura- realizó de manera sistemática
estudios aplicados sobre políticas culturales desde mediados de
los años 70, y con ello tejió una importante red de investigadores,
funcionarios estatales, regionales y locales e, incluso, de promotores
culturales que permitieron una ágil síntesis de datos y
perspectivas. Así pues, In from the Margins nació con un
espíritu más recopilador que prospectivo, como un resumen
de las problemáticas con las que se enfrentaban las culturas europeas
a finales de siglo XX.
De aquel informe cuya vigencia es más
que razonable destacamos, a efectos de nuestro proyecto, el tono alegatorio
que busca un mejor papel para la cultura tanto en las políticas
públicas como en las prioridades de los inversores. Un tono mitigadamente
reivindicativo que, dentro de la lógica del Consejo de Europa,
encaja con las estructuras de su comité de cultura, en el que un
grupo de Estados adopta tradicionalmente posiciones de defensa cultural
frente a otros que consideran esa asignatura como marginal.
El contexto de In from the Margins fue también
muy distinto al del ICSI en muchos otros aspectos; entre ellos, el contrapunto
de la Unión Europea. A principios de los 90 se podía constatar,
sin lugar a dudas, que la UE no iba a profundizar en sus obligaciones
culturales. El tratado de Maastricht de 1991 ratificó este alejamiento,
lo que dejó al Consejo de Europa como única institución
intergubernamental europea, cuya misión de representar a la Gran
Europa (actualmente tiene 47 miembros) no podía dejar a la cultura
al margen de sus actividades. Por otra parte, los años 90 constituían
un contexto de enriquecimiento europeo, insuflado por el optimismo de
las nuevas democracias de Europa Central y Oriental y con un ritmo de
inversión en el sector cultural que, en su conjunto, mantuvo los
índices de crecimiento de los años 80.
De forma complementaria, el desarrollo europeo
de redes independientes en las artes y el patrimonio, junto con un posicionamiento
"civil" de muchas organizaciones culturales, creó un
nuevo equilibrio en el cual el Estado dejaba de ser el interlocutor único
y aventajado ante los proyectos culturales. Como consecuencia, estas organizaciones
y redes pudieron negociar desde ciertas posiciones favorables gracias
a las nuevas vías de presión corporativa o asociativa.
En los años 90, Europa tenía confianza
en avanzar. Prueba de ello es la realidad de la moneda única que
vio la luz a principios de 2002. A pesar de los fracasos de los Balcanes
y de los traspiés en la política exterior, la UE gozaba
de mecanismos suficientes -todavía hoy vigorosos- que le permitieron
hacer un inventario confiado de sus haberes culturales.
Finalmente, hay que decir que In from the Margins
fue redactado por un grupo de seis expertos después de una labor
de tres años, a través de una veintena de reuniones en distintos
países europeos y el encargo de numerosos trabajos complementarios.
En cualquier caso, la situación de referencia en Europa difiere
en medidas suficientemente conocidas con relación a Iberoamérica,
de forma que cualquier comparación técnica o metodológica
queda minimizada al lado de las diferencias del contexto geopolítico.
El contexto iberoamericano debe ser pensado
como un espacio político en construcción, a pesar de que
España y Portugal gozan de una situación diferencial. Si
bien los sectores culturales y artísticos gozan de mecanismos negociadores
públicos que se asemejan a sus vecinos europeos, el subdesarrollo
de los sistemas de financiación, participación, investigación,
evaluación y transparencia general en las relaciones entre los
ámbitos culturales y el poder político les reviste de rasgos
semejantes a los que constituyen la norma más frecuente en América
Latina.
Como se ha apuntado, los ejercicios de balance
cultural (como In from the Margins) en Europa se enmarcan en un entorno
geopolítico muy distinto del que rodea al ICSI. La situación
iberoamericana en general y latinoamericana en particular a principios
de siglo XXI, indican un déficit de centralidad en la geopolítica
mundial.
Hoy observamos el desplazamiento de los vectores
informativos hacia Oriente (cercano, medio y lejano), las repúblicas
del antiguo Pacto de Varsovia o hacia problemáticas emergentes
en países de Asia Central o África. Solamente la progresiva
implosión del régimen en Cuba, el modelo económico
chileno, el saldo de la deuda democrática en Argentina, las estrategias
económicas chilenas o las políticas del Partido de los Trabajadores
en Brasil plantean, en el momento de escribir estas líneas, situaciones
abiertas para los medios internacionales de comunicación.
Los Estados ibéricos no se hallan en
mejor situación. En una Europa volcada hacia el norte y el este,
el suroeste continental presenta escasas aportaciones que puedan ganar
espacios de centralidad en la casa común europea. A pesar de la
sustentabilidad del crecimiento económico, los índices de
desempleo en España y Portugal siguen siendo elevados y sus PIB
se sostienen, en buena parte, gracias a los fondos europeos de cohesión;
sin contar el coste relativo de las altas tasas de inflación, particularmente
en España. Al mismo tiempo, la inversión ibérica
en los capítulos de atención social, educación, infraestructuras,
investigación o cultura constan entre las más bajas de la
UE.
En el ámbito social y territorial, la
vertebración de España ante los dos fenómenos más
intensos de esta época -la llegada masiva de inmigrantes extraeuropeos
y el modelo de Estado- presenta características que inducen a una
mirada endoscópica. Si bien los modelos y la experiencia europea
en ambos escenarios es de gran interés, también es evidente
que ello constituye una problemática que por el momento debe calificarse
de interna.
La escasez de centralidad del espacio iberoamericano
en el mundo, se vincula con la ausencia de escenarios abiertos que permitan
interpretar problemáticas internas de la región desde una
pauta universal, a partir del aporte de claves originales, metáforas
de arrastre y, sobre todo, de la participación activa y cohesionada
en los foros internacionales donde hoy se crean los nuevos espacios políticos.
La parte más importante de esa presencia
la encarna la economía; la atracción de capitales, su rentabilidad
y su reversión a otros territorios geoeconómicos y científicos.
Hoy sabemos que esta asignatura se encuentra en momentos de serio compromiso.
A pesar de que los indicadores de futuro revelan los grandes potenciales
de la región, no auguran una articulación de esos mercados
en Iberoamérica durante la próxima década. En esta
introducción no vamos a ahondar en los aspectos más significativos
de la evolución y la integración de las economías
latinoamericanas. Basta con señalar que, cuando se hace referencia
al espacio iberoamericano, el pesimismo económico parece permear
la mayoría de los esfuerzos prospectivos en relación con
la cultura, según los entrevistados de todas las secciones del
ICSI.
Como un adelanto de las conclusiones, puede
decirse que este informe ha hecho evidente que la desconfianza económica
generó un malestar cultural cuyos tonos, a menudo agrios, contrastaron
con la impagable entrega de sus protagonistas a unas causas que requieren
amplias dosis de ilusión y de fe en el futuro. Esta contradicción
entre un presente ilusionado y un futuro percibido como plomizo, pareció
presidir las respuestas durante las distintas fases y secciones del informe,
en un juego de espejos y proyecciones que podrían hallar paralelismos
en otras partes del mundo. No obstante, en el sentir "iberoamericano"
destacó no solo una percepción negativa de las coyunturas
del mañana, sino una desconfianza en la capacidad para abordarlas,
debido a las oportunidades desaprovechadas en el pasado. Podríamos
decir, entonces, que la mala opinión del ayer reciente condicionó
enormemente las perspectivas de futuro. Sacudirse estas percepciones fatalistas
respecto a épocas anteriores debería ser una precondición
para abordar cualquier ejercicio prospectivo. Una mirada a la historia
cultural contemporánea en el espacio iberoamericano debe permitimos
repensar las grandes secuencias históricas sin hacer de ellas dogma
de futuro.
Junto a esta constatación, también
es de curso habitual en los debates para "pensar Iberoamérica"
desde una perspectiva cultural, que se haga un balance del inmenso capital
cultural acumulado en este espacio geopolítico. Ha sido precisamente
el trabajo coordinado por Néstor García Canclini para la
OEI, bajo el título de Iberoamérica 20022 , el
que ha constituido un avance en amplios frentes sobre los grandes temas
que conforman el entorno de las prácticas y las producciones culturales
iberoamericanas. Una mirada dilatada a las oportunidades de regeneración
de los flujos culturales de Iberoamérica, a partir de la constatación
de sus grandes oportunidades
Existe hoy un gigantesco mercado cultural hispano
y lusoparlante en el mundo (aproximadamente seiscientos millones de habitantes,
incluida la población hispana en EE.UU.) y es, posiblemente, el
segundo mercado idiomático de mayor peso en la industria cultural
a escala global que traspasa fronteras nacionales3.
La agenda contemplada por Iberoamérica
2002 contiene compromisos con la reelaboración de temas clásicos
como la diversidad, lo indígena y lo afroamericano, las migraciones,
el patrimonio, las industrias culturales o la educación. Sin embargo,
la temática no se agota en los capítulos dedicados a los
aspectos de la cultura que tienen una obvia repercusión en el mercado.
Por el contrario, el conjuntode la obra indica la importancia de aprovechar
las oportunidades culturales para resituar el factor cultural en el conjunto
de índices de desarrollo en la región.
A su lado y para completar este esfuerzo, el
proyecto ICSI trata de abordar problemas similares en clave de consulta
a los agentes sobre la producción y distribución cultural.
Un intento de cotejar el imaginario profesional e institucional de los
diferentes agentes culturales para atravesar los espejos de las percepciones
parciales o locales y poner de manifiesto algunas líneas de futuro
sostenible.
La sustentabilidad como marco de referencia
En este tono de acercamiento a las percepciones
desde las colectividades y los proyectos culturales se inserta la noción
de sustentabilidad. Hoy sabemos que para que una comunidad goce de un
bienestar sostenible debe ejercer su derecho a la autonomía cultural
y a diseñar las prioridades para sus prácticas expresivas
y creativas; sean estas públicas o privadas, individuales o colectivas.
En este sentido, podemos definir a una colectividad humana como sustentable
mientras sea capaz de desarrollar en sus propios términos un entorno
cultural que le permita identificarse, utilizar códigos comunes
de estructuración simbólica y producir autónomamente
nuevos lenguajes.
Actualmente disponemos de una abundante literatura
científica que nos indica que la autonomía cultural de un
colectivo es, a su vez, precondición importante para atesorar su
capital social y su capacidad autóctona de asegurar los máximos
niveles de potencial productivo y creativo en todos los órdenes
de la convivencia.
La noción de sustentabilidad debe leerse
en función de un entramado conceptual sobre cultura y desarrollo.
Por ello, es preciso puntualizar para quienes no estén familiarizados
con el enfoque utilizado que en esas elaboraciones se entiende por cultura
el conjunto de prácticas expresivas y creativas de las personas;
aquellos actos deliberados de comunicación individual y colectiva
donde se hallan elementos estéticos de decisión personal,
ya sea en la creación de nuevas formas o en el uso selectivo y
expresivo de formas procedentes de la tradición, la historia o
el mercado.
En esta línea, consideramos importante
mantener esta restricción del campo cultural respecto de los significados
puestos en circulación deliberadamente por cualquier persona en
tiempo presente. Ello nos permite incidir, precisamente, en el carácter
voluntario de esa comunicación, de la que se excluyen los elementos
inconscientes, mecánicos o tópicos de la cultura, que si
bien la observación antropológica nos permite constatar
que contienen siempre rasgos característicos de cada individuo
y del campo de interacción simbólica grupal, suelen adolecer
de calidad expresiva y creativa.
En la misma línea entendemos que hay
que definir el término "colectividad cultural", por lo
menos a efectos de este informe, como el grupo humano que comparte tres
tipos de vectores significantes: los enraizados en el territorio, los
que son producto de las migraciones o comunidades residentes desplazadas
de otros territorios y las culturas nacionales o mundiales que inciden
en los procesos locales. Aquí se plantea un tema recurrente en
América Latina relativo a la relación entre las culturas
nacionales y la globalización. De hecho, las culturas que se alejan
de lo local tienden a confundir sus dimensiones nacionales y globales.
En cualquier caso, a efectos de este informe, se ha creído oportuno
poner ambas en un mismo nivel dado que inciden en la vida cotidiana de
formas similares.
El parámetro principal es de tipo territorial
y su perímetro es completamente variable. En muchos casos corresponde
al nivel de la región y en otros a un grupo de localidades. La
unidad referida debe permitir al ciudadano un acceso potencial directo
a las manifestaciones y actividades básicas de su cultura y una
capacidad o "apoderamiento" para incidir en ellas.
Este planteamiento de colectividad cultural
que tiende hacia lo "micro" parece incompatible con una mirada
hacia espacios transnacionales y transcontinentales como el iberoamericano.
No obstante, uno de los ejercicios en los que el ICSI se halla comprometido
es el de subrayar que lo que no es fiable es una única "foto
satélite" del espacio cultural, en este caso, iberoamericano.
Sólo a partir de un planteamiento ascendente, que registre cuidadosamente
los parámetros comunes, se puede aplicar una teoría de la
sustentabilidad cultural.
Si por un momento nos dejamos llevar por la
comparativa ecológica, únicamente una comprensión
profunda de los sistemas distintivos permite identificar modelos de interacción
a niveles agregados. Todo ello, teniendo en cuenta factores imprevisibles
como una creciente permeabilidad entre lo local y lo mundial, o la capacidad
de diseminación de formas y símbolos que en pocos meses
puedan construirse como referentes de gran potencia.
En este sentido, el concepto de sustentabilidad
puede equipararse al de "apoderamiento" del entorno cultural;
ejercicio que tiene su visibilización más evidente en los
fenómenos identitarios, pero que se expresa en una multiplicidad
de actos privados y públicos objeto de otras lecturas políticas,
económicas y sociales. Los elementos culturales de la identidad
deben ser utilizados, enseñados y renovados de forma permanente,
y la colectividad tiene el derecho y la obligación de adoptar las
decisiones necesarias para hacer presente la memoria, enriquecer los lenguajes
cotidianos y fomentar a sus creadores.
Este apoderamiento cultural, cuya efectividad
sería escasa si no fuese acompañado por una importante actividad
de cooperación y apertura, requiere, asimismo, de algunas herramientas
de intervención política. Por ello es frecuente identificar
la sustentabilidad con tres factores: la conciencia del capital cultural
de un colectivo, las decisiones deliberadas que facilitan los medios para
conservarlo y extenderlo, y por último, la capacidad para abrir
ese capital a los intercambios y a los flujos de cooperación.
Desde esta óptica, no resulta necesario
poner el acento sobre la diversidad. La diversidad es un hecho natural
en la proliferación de configuraciones culturales y su constatación
no aporta un dinamismo específico a la calidad política
del entorno cultural. La diversidad entra en juego cuando existe una voluntad
específica de asegurar su supervivencia, su multiplicación
y sus interrelaciones. Es decir, cuando aplicamos políticas deliberadas
para el fomento del "pluralismo" cultural. Y aún así,
esas políticas parecerían huecas si no se ponen al servicio
dinámico de unos resultados positivos. La promoción de la
diversidad a través de políticas pluralistas no puede quedarse
en un efecto estrictamente taxonómico o entomológico. El
objetivo no puede ser otro que la cooperación, el mestizaje, la
combinatoria creativa que permita acceder a nuevos universos expresivos,
a nuevas alianzas sociales cuya finalidad sea la esencia de lo más
noble de la especie humana: la solidaridad en la búsqueda de nuevas
fronteras del conocimiento y nuevas formas de expresar las emociones que
ello suscita.
Lo que centra nuestros esfuerzos para definir
la sustentabilidad no es tanto el homenaje a la diversidad, asumiendo
el avance de la UNESCO con su Declaración de noviembre del 20014
, como la cooperación y las condiciones que la hacen posible. Estas
condiciones constituyen la esencia de nuestra noción de sustentabilidad.
Este informe se refiere, por lo tanto, a la
noción de sustentabilidad como un concepto en permanente construcción
en relación con sus contextos. Trata de incorporar al propio desarrollo
cultural mesurable en parámetros convencionales (índices
educativos, consumo cultural formal, frecuentación de eventos y
servicios), un análisis del impacto de los elementos ambientales
sobre el futuro de la propia cultura.
La complejidad del ejercicio viene marcada desde
el comienzo por el conocido nudo gordiano de la cultura, que la caracteriza
como definidora y definida siendo, aparentemente, imposible llegar a un
acuerdo transcultural sobre qué es y para qué sirve esa
vertiente de la vida humana. Lo cierto es que, en la actualidad, las llamadas
sociedades tradicionales se encuentran en un proceso de hibridación
cultural, lo que imposibilita contemplar sus problemáticas desde
una sola perspectiva.
Los trabajos realizados paralelamente al lCSl
sobre indicadores, clima y derechos culturales nos ofrecen algunas pistas
para el tratamiento de la sustentabilidad en el sector cultural. Entre
ellos, los recientes debates sobre indicadores culturales que incorporan
una crítica a los parámetros existentes utilizados por la
UNESCO o por el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD5 ,
permiten entrar en una vía de superación de esquemas tradicionales
sin dejar de apoyarse en ellos para avanzar en la teoría y práctica
de las herramientas de evaluación.
Los indicadores y conceptos que giran alrededor
de los criterios de sustentabilidad cultural han pasado a un plano preferente
en el debate sobre las políticas y la gestión de la cultura.
Parte de su interés radica en la constatación de que los
factores culturales en el bienestar de la sociedad no son ni corolarios
ni derivados únicamente de las políticas públicas.
Hoy se está viviendo un doble proceso de gran interés para
el futuro de la vida cultural. Por un lado, los economistas y planificadores
valoran los aportes de la fenomenología cultural en el capital
socioeconómico de una comunidad. Por otro, se diluye la responsabilidad
institucional de los poderes tradicionales como los ministerios y consejos
de las artes en el ámbito cultural. Si bien este binomio puede
parecer paradójico, indica uno de los cambios ideológicos
más importantes que, desde fines de siglo XX, están presenciando
los países democráticos de corte occidental.
El trabajo del lCSl comparte líneas de
aproximación con los esfuerzos a favor de una evaluación
interactiva, basada en la percepción próxima al ciudadano
y en un concepto relativamente flexible de lo que en cada cultura significan
sus fenómenos expresivos y creativos. En esta dirección,
las elaboraciones sobre valores, cultura y ética en la gestión
y la cooperación cultural han permitido converger también
hacia la sustentabilidad como clave de los objetivos culturales en cualquier
política social.
La construcción del documento se desarrolló
a partir de la búsqueda de una mirada prospectiva y de la necesidad
de establecer diferencias entre las diversas atmósferas culturales
y sus tendencias. El resultado de este esfuerzo se concreta en la descripción
de los contextos sobre los cuales se analiza la sustentabilidad cultural
de la región, en un recuento de las problematizaciones encontradas
en ella, y una síntesis evolutiva que invita a la reflexión
prospectiva. Finalmente, el informe no incluye conclusiones cerradas con
el fin de dejar el proceso abierto para futuros análisis y diálogos.
1 FUNDACIÓN INTERARTS (1999): Sueños
e identidades, Barcelona, Península.
FUNDACIÓN INTERARTS (1999): Des dels marges, Barcelona, Edicions
62.
2 N. GARCÍA CANCLlNI (coord.) (2002): Iberoamérica 2002.
Diagnóstico y propuestas para el desarrollo cultural, México,
D.F., OEI / Santillana.
3 Ibídem, p. 333.
4 UNESCO tiene el objetivo de transformar su "Declaración"
en una "Convención" de obligado cumplimiento por parte
de los Estados.
5 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Subir
|