Resumen
La decisión de editar un libro recopilatorio de algunos de los
mejores trabajos publicados por la OEI en los últimos años,
no resulta ociosa ni gratuita. Este libro tiene, al menos, cuatro objetivos
prioritarios: volver a poner a disposición del público interesado
un conjunto de materiales hasta ahora dispersos por distintas obras, y
que, por su excelencia merecen la mayor difusión; mostrar la unidad
de sentido que caracteriza la actividad de la Organización en los
distintos ámbitos de su competencia; hacer evidentes las difusas
relaciones que, en la realidad de Iberoamérica, se establecen entre
sectores aparentemente tan distantes como la cultura y la ciencia, o la
tecnología y la educación; y servir como ejercicio de autorreflexión
para que la OEI, los destinatarios de su labor y los que intervienen en
las distintas fases de su realización, puedan -en palabras de Umberto
Eco- anticipar lo que vendrá mirando hacia atrás.
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Índice
INTRODUCCIÓN
Francisco Piñón
EDUCACIÓN
La educación en la actual inflexión del desarrollo de América
Latina y el Caribe
José Antonio Ocampo
Saberes de hoy: diseminaciones, competencias y transversalidades
Jesús Martín Barbero
¿Por qué son tan difíciles los pactos educativos?
Juan Carlos Tedesco
Reforma y desigualdad educativa en América Latina
José Rivero
Sociedades diversas y educación
Ariruma Kowii
Educação, globalização e neoliberalismo:
o debate precisa continuar
Robinson dos Santos e Antônio Inácio Andrioli
CIENCIA Y TECNOLOGÍA
Política científica y tecnológica: una visión
desde América Latina
Mario Albornoz
Futuro sostenible y derechos humanos
Amparo Vilches y Daniel Gil
De la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento
Rodrigo Arocena y Judith Sutz
Tecnologia, inovação e sociedade
Milton de Abreu Campanário
CULTURA
La política cultural: una clave en la construcción de sociedades
justas e igualitarias
Francisco Piñón
La cultura en los planes euroamericanos de cooperación
Hugo Camacho
Hacia una nueva articulación de los espacios lingüísticos
y culturales
Eduard Delgado
La cooperación cultural como proceso de la globalización:
una visión desde América Latina
Eduardo Nivón Bolán
Las industrias culturales: más allá de la lógica
puramente económica, el aporte social
George Yúdice
Diversidade cultural e direito à comunicação
Tadao Takahashi
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Fragmento
INTRODUCCIÓN
Mezcla incesante de premodernidades, modernidades
y posmodernidades, Iberoamérica ha dado lugar a sociedades intensamente
híbridas. Diversa y heterogénea en tamaños, estructuras,
desarrollo, fragilidad o solidez institucional y democrática, lenguas,
etnias y culturas; Iberoamérica se encuentra enraizada en una unidad
situacional e histórica.
Dueña de una identidad forjada en más
de cinco siglos de historia compartida -algunas veces conflictiva, otras
convergente- y en torno a dos lenguas generales (y múltiples lenguas
locales), ha suscitado una matriz de identificación colectiva que
es al mismo tiempo abierta y dialógica, única y diversa.
La fecundidad del mestizaje ha sido y es un
elemento esencial a partir del cual pensar y actuar en nuestras sociedades.
Un punto de apoyo sobre el cual construir condiciones de equidad e igualdad
de oportunidades para el desarrollo. Un elemento vertebrador para comprender,
procesar y actuar sobre las oportunidades que se nos ofrecen en este cambio
de época.
Iberoamérica se encuentra en medio de
una bifurcación histórica y sistémica, impulsada
por la transición hacia la sociedad del conocimiento. En la región,
esta transformación se manifiesta en el debilitamiento político
e intelectual del pensamiento único y de las políticas de
ajuste, así como por la convergencia en una nueva agenda regional
centrada en el desarrollo justo e igualitario. Si a esto sumamos los pasos
dados por los primeros mandatarios de los países de la región
para avanzar en la institucionalización de la Comunidad Iberoamericana
de Naciones, podemos decir que Iberoamérica se encuentra ante una
oportunidad histórica.
El 28 de mayo de 2005, los cancilleres de nuestros
veintidós países dieron un paso muy significativo para concretar
esa oportunidad, al nombrar a Enrique Iglesias como Secretario General
Iberoamericano. La nueva institución empieza a cobrar dimensión
propia, y la talla del piloto nos permite comprender el tamaño
de la empresa que se desea acometer.
Sobre este fondo se recorta el debate sobre
nuestro futuro, en el que se conjugan oportunidades y riesgos, fortalezas
y debilidades.
DE LAS FORTALEZAS A LAS OPORTUNIDADES
Mientras los límites de los Estados se
ven permeados por lo local y lo global, y la instancia nacional busca
instituirse como espacio de síntesis, de potenciación de
lo social y lo local; los bloques regionales se consolidan como nuevos
actores políticos en la escena internacional.
Esto no significa afirmar el fin de los Estados
nacionales. Más bien se trata de situarlos dentro de una complejidad
creciente, en la cual la Comunidad Iberoamericana de Naciones puede constituir
una vía de fortalecimiento, coincidente con la historia, los anhelos
y los propósitos de regionalización que nuestra América
ha manifestado desde los días de las independencias.
La Comunidad Iberoamericana de Naciones puede
potenciar las capacidades individuales y generar acciones coordinadas
que permitan evitar escenarios hegemónicos, y a la vez dar impulso
a un orden más equitativo, con paz y libertad. En el mismo sentido,
afianzaría el protagonismo de los bloques regionales, integrando
las visiones, intereses, alternativas y capacidades de negociación
de sus miembros.
En este contexto, el nuevo talante se ha desplegado
entre los gobernantes iberoamericanos, a uno y otro lado del Atlántico,
y la convergencia política se ha materializado en un cambio de
agenda. La Comunidad Iberoamericana de Naciones nos muestra potencialidades
donde antes creíamos no tenerlas, con una fuerte apuesta por la
igualdad y la justicia social; por una democracia para todos y unas políticas
de desarrollo con acento en los estilos propios; por la construcción
de solidaridad a escala internacional; y por la promoción del multilateralismo,
la paz y una "globalización positiva", lo que significa
además un replanteo de las políticas y los modelos de cooperación,
orientándolos hacia formas horizontales y asociativas.
La confluencia de la afinidad política
y la conformación de un espacio cultural común puede traer
importantes beneficios para un espacio geoestratégico, en el que
vivimos algo más de 500 millones de hispano-luso parlantes con
nuestras diversas maneras de pensar, asumirnos y ver a los otros.
Los avances tecnológicos -particularmente
en el campo de las telecomunicaciones- han revalorizado su potencial en
materia de industrias culturales, patrimonio cultural y turismo. Ante
ello, el sentido estratégico y las oportunidades que ofrece el
espacio cultural conllevan el reto de consolidar su construcción
y avanzar en su institucionalización, a través de la conformación
de redes y estructuras.
La Comunidad Iberoamericana de Naciones se presenta
así como un "puente" para transitar, de manera autónoma,
hacia condiciones de desarrollo sostenible. Junto con la cultura, la inversión
en educación y en innovación, ciencia y tecnología
representan las otras dos dimensiones centrales para construir "futuros"
en la región.
LA VOZ DE IBEROAMÉRICA
La integración iberoamericana ha transitado
un largo camino. En este trayecto se ha repensado, probado, reclasificado
y reestructurado, en una suerte de movimiento de búsqueda. Pero
las condiciones regionales e internacionales han cambiado, y aquel movimiento
encuentra un punto de inflexión en las oportunidades de hoy. Se
dan condiciones que, tal vez, no se repetirán; por lo tanto, si
sabemos aprovechar las oportunidades podremos cambiar el rumbo de nuestras
sociedades.
En este punto se produce un reencuentro con
lo político. La capacidad de simbolizar la autonomía en
el nivel cultural es un paso necesario para que aparezca una fuerza política
propia, que sea capaz de darle al enunciado cultural el poder de afirmarse
verdaderamente. Una fuerza política apta para llevar adelante la
identidad proyecto a la que hace referencia Manuel Castells.
Durante su última visita a Venezuela,
el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez
Zapatero, afirmó que Iberoamérica tiene más voz de
la que piensa y que Europa no se entiende sin ella. Al mismo tiempo, señaló
el momento de particular trascendencia por el que está pasando
el proceso de construcción de la Comunidad Iberoamericana de Naciones.
Se ha indicado, de esta forma, un lugar que
es necesario ocupar como actor político, para tomar la palabra
por propia cuenta dentro del concierto global de las naciones. Solo así,
la voz de la Comunidad Iberoamericana de Naciones encontrará su
potencia comunicativa para que, como lo expresara Gabriel García
Márquez en el discurso de aceptación del premio Nobel (1982):
"Las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por
fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra".
Francisco Piñón
Secretario General de la OEI
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