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Revista Iberoamericana de Educación

Número 15
Micropolítica en la Escuela

Septiembre - Diciembre 1997
Disponible en texto completo en la Biblioteca Digital de la OEI

SUMARIO

MONOGRÁFICO: Micropolítica en la Escuela

Introducción

Teresa Bardisa Ruiz, «Teoría y práctica de la micropolítica en las organizaciones escolares».

Xesús R. Jares, «El lugar del conflicto en la organización escolar».

Roberto Velázquez Buendía, «La participación del alumnado en los institutos de educación secundaria: una aproximación a su realidad».

Justa Ezpeleta, «Algunos desafíos para la gestión de las escuelas multigrado».

Dagmar M. L. Zibas, «¿Un juego de espejos rotos? La vida escolar cotidiana y las políticas educativas en América Latina».

ESTUDIOS

Nieves Álvarez, «Dirigir las negociaciones, una necesidad imperiosa».

María Antonia Gallart, «Los cambios en la relación escuela-mundo laboral».

DOCUMENTOS

VII Conferencia Iberoamericana de Educación, «Declaración de Mérida».

VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Presidentes de Gobierno, «Declaración de Margarita».

NOVEDADES EDITORIALES

Reseñas de libros y revistas.

Ediciones de la OEI.

Introducción

Hasta hace muy pocos años, la escuela como organización había sido objeto de estudio sólo desde una perspectiva estructural y formal. Las diversas teorías de la organización, nacidas fundamentalmente en el ámbito de la empresa, fueron proyectadas miméticamente sobre la escuela olvidando su carácter de institución educativa. Así, la escuela ha sido considerada como un espacio que está o debe estar presidido por la racionalidad y la eficiencia, donde el orden es casi una consecuencia natural de la organización, y el conflicto un desorden que sólo aparece de modo excepcional. De esta forma se ha construido un modelo de organización escolar que ha sido definido como técnico-racional. En dicho modelo la escuela es el locus en el que de modo racional se produce la transmisión de conocimientos mediante una eficaz aportación de recursos personales y materiales. Obviamente, este enfoque repudia toda otra consideración, que, sin dejar de tener en cuenta los elementos indicados, pone énfasis en una faceta soterrada, a veces anatematizada, pero siempre presente en la vida de la escuela: de un lado, la naturaleza política de las relaciones que se entretejen entre todos los actores de la organización escolar, y, de otro, el carácter político de las que surgen entre la escuela y su propio entorno (comunidad local y administración educativa).

El rechazo de las relaciones entre política y escuela obedece a múltiples razones, aunque una de ellas sea aparentemente la más fundada, esto es, al deseo de que en la escuela no penetre la política de partido. Pero hoy día este temor ya no está justificado: existe prácticamente consenso en que la escuela es, o debe ser, un territorio ajeno a cualquier enfrentamiento partidista. Ello no impide que en los últimos años se haya puesto de relieve la necesidad de un análisis macropolítico de la escuela desde la consideración de la organización escolar como una institución básica de los Estados modernos, o, desde una perspectiva más amplia, como un elemento importante de las complejas relaciones existentes entre los sistemas políticos y los sistemas educativos. Del mismo modo, ha encontrado carta de naturaleza una consideración micropolítica de la escuela que ahonda en aspectos poco estudiados hasta el momento, y que van desgranando la idea de que la escuela es menos racional y burocrática de lo que las teorías tradicionales piensan.

Sin embargo, la micropolítica de la escuela no tiene aún un desarrollo considerable; su campo de estudio no está todavía bien delimitado, ni tampoco lo están sus métodos de investigación, pero en los pocos años transcurridos desde su aparición ha tenido la virtualidad de poner al descubierto aspectos importantes de la vida de la escuela: la existencia del conflicto interno, el entramado de relaciones de poder entre los diversos sujetos, las estrategias expresas o tácitas de los grupos de interés, la interrelación entre las autoridades de la escuela y los diferentes niveles de la administración de la educación; en suma, un conjunto de factores que enriquecen el ancho campo de la organización escolar.

Todo ello explica que la sección monográfica de la Revista Iberoamericana de Educación se ocupe hoy de la micropolítica de la escuela. La sección se abre con un extenso, denso e importante trabajo de la profesora Teresa Bardisa, buena conocedora de esta materia. Se trata de un trabajo en el que se analiza el estado de la cuestión, los pasos vacilantes de esta nueva disciplina académica y los logros conseguidos en tan corto tiempo. Aunque los estudios micropolíticos de la educación tienden a veces a ser fragmentarios, hay aquí un notable esfuerzo por presentar lo que hoy constituye un corpus de conocimientos, gracias quizá a que el análisis utiliza como hilo conductor lo que seguramente será el eje cardinal de esta nueva disciplina: las relaciones de poder dentro de la escuela como núcleo central de la micropolítica.

El hecho de que el conflicto ocupe hoy un lugar destacado dentro de la micropolítica de la escuela y la existencia de grandes resistencias a considerar el conflicto como un elemento cotidiano de la organización escolar, explica que hayamos considerado necesario un análisis específico del mismo. El trabajo del profesor Jares se encamina a analizar con rigor las distintas interpretaciones existentes hoy sobre el conflicto escolar, así como a desentrañar lo que el autor denomina la naturaleza conflictiva de la escuela.

En tercer lugar, nos ha parecido necesario dar también un lugar relevante a uno de los problemas siempre presentes en la micropolítica escolar, pero sobre el que no existen, en lengua española, excesivos trabajos: la participación del alumnado en su propia educación, en la vida académica del centro, en la gestión administrativa, y, en definitiva, en la micropolítica de la escuela. Traemos por ello aquí un importante trabajo de investigación empírica del profesor Velázquez, realizado recientemente en varios centros españoles de educación secundaria. Esta investigación muestra cómo la resistencia a la participación de los estudiantes en la vida de la escuela se encuentra incluso en las políticas legislativas teóricamente impulsoras de la participación, aunque las carencias importantes se hallen tanto en la falta de una cultura de la participación en el estamento docente como en la ausencia de políticas efectivas que promuevan en los centros de enseñanza la participación de los escolares.

La micropolítica no se agota en la consideración de la escuela como institución ni en la vida educativa de sus aulas. Las relaciones de la escuela con las autoridades educativas constituyen otra parte importante de esta disciplina, especialmente si se tiene en cuenta que la gestión de las escuelas no es sólo administrativa, sino también política. Este es el enfoque adoptado por la profesora Ezpeleta para analizar los problemas que plantea la gestión de las escuelas multigrado en México, partiendo de una experiencia muy interesante: la atención a la escuela rural por «instructores comunitarios».

Finalmente, la micropolítica no puede tampoco descuidar la brecha que suele abrirse entre la macropolítica, las orientaciones políticas dirigidas a todo el sistema escolar, y la vida diaria de la escuela. La Dra. Zibas, investigadora de la educación, analiza esas orientaciones, tantas veces condicionadas por los organismos internacionales y por las ideologías dominantes en el mundo occidental, ya sea en el marco general de América Latina, ya sea en el caso de las experiencias argentina, chilena, y, más específicamente, del Brasil. Cuestiones tan importantes como la virtualidad de las políticas actuales de descentralización, la autonomía de los centros docentes y la situación real del profesorado, son analizadas aquí desde una óptica que prima el cotidiano escolar y muestra, desde esta perspectiva, la ideologización y efectividad de estas políticas.

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