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OEI - Tres espacios
lingüísticos - I Coloquio
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Señor Presidente de la República Francesa,
Señor Presidente de la República de Mozambique,
Señor Presidente de la República del Ecuador
Señor Director General de la Organización de Estados
Iberoamericanos,
Señora Secretaria Ejecutiva de la Comunidad de Países de Lengua
Portuguesa,
Señor Secretario de la Cooperación Iberoamericana,
Señor Secretario General de la Unión Latina
Excelencias,
Señoras, Señores,
La realización de este gran evento aquí, en la Sorbona, es para mí el símbolo perfecto del espíritu que nos anima hoy a todos.
Estos lugares cargados de historia nos recuerdan la perturbadora modernidad de una Edad Media en que la Universidad era el lugar de la circulación de las ideas y las personas, de la movilidad y la confrontación de las ideas, de un diálogo espontáneo entre pensadores provenientes de los horizontes más lejanos.
Y es ante todo este espíritu de diálogo lo que preside nuestra reunión de hoy.
¡Un diálogo al que ustedes confieren, Señores Presidentes, Señora y Señores responsables de las organizaciones internacionales, toda su fuerza y toda su legitimidad!
En primer lugar porque su presencia aquí, esta mañana, consagra los lazos profundos y antiguos que unen a los francoparlantes, los lusohablantes y los hispanohablantes. Lazos que tienen que ver con nuestros valores y que nos remontan a esa herencia que es el derecho romano y que compartimos desde el origen.
Pero es también una manera fuerte de decir que ustedes están convencidos que estamos todos convencidos de la necesidad y la urgencia de dialogar sobre este diálogo de las culturas.
¡Es importante que aquellos que tienen a cargo el mundo nos hagan participar de su reflexión, de lo que es el gran desafío geopolítico del siglo XXI!
¡Por largo tiempo los intercambios entre los pueblos han sido tributarios del tiempo y el espacio!
¡Por largo tiempo el mundo fue interestatal!
¡Por largo tiempo los enfrentamientos fueron ideológicos!
Hoy sabemos que el mundo es global y que en el futuro los choques bien podrían ser choques culturales y sociales.
Pues, mientras que los intercambios internacionales se amplían, los ciudadanos tienen cada vez más el sentimiento de que se les confisca la dirección del mundo, que se les impone una « monocultura ».
Y del mismo modo en que ayer preconizábamos la cooperación entre Estados y la ONU sigue siendo una de las respuestas más exigentes, es preciso que hoy preconicemos el diálogo de los pueblos y las culturas.
Las grandes áreas culturales y lingüísticas constituyen, sin duda, espacios privilegiados de solidaridad que, cuando se encuentran y se entremezclan, son los mejores garantes de la democracia, la paz y el desarrollo.
Debemos pues imaginar, inventar, crear nuevas instancias de diálogo.
Instancias que reúnan a los dirigentes y a los miembros de la sociedad civil en todos sus componentes.
Debemos democratizar la mundialización antes que la mundialización desnaturalice la democracia.
Es también, en cierto modo, el espíritu que anima nuestra reunión.
Una reunión que es, a la vez, premonitoria y prospectiva.
Una reunión que no pretende otra cosa que anunciar el porvenir.
Y lo habremos logrado si comprobamos mañana, al cabo de nuestros debates, que nuestro trabajo recién comienza. Y que sentimos la necesidad de continuarlo.
Me siento muy honrado de poder recibir esta mañana al Presidente de la República de Ecuador, al Presidente de la República de Mozambique y al Presidente de la República Francesa.
Y deseo cederles la palabra sin demora.
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